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En las vísperas de su centenario, el veterano exsecretario de Estado de EUA, Henry Kissinger concedió una larga entrevista a la revista The Economist, en la que planteó un punto de vista opaco sobre el actual escenario mundial dominado, para él, por la disputa Estados Unidos-China, y Rusia en un papel subalterno. Por lo visto, el viejo Henry insiste en ver el mundo con los lentes que usó en su tesis de doctorado sobre el Congreso de Viena de 1815 y el establecimiento de zonas de influencia y políticas de equilibrio de poder entre grandes potencias, igual que sucedió en el siglo XIX luego de la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte.
Aunque ese mundo se acerca a su fin, él insiste en que Estados Unidos debería seguir empeñado en separar a China de Rusia.
Creo que es posible crear un orden mundial de reglas en el que Europa, China e India pudieran unirse, lo que ya es una buena porción de la humanidad. Entonces, si consideramos la probabilidad de ello, la cosa puede acabar bien -o, por lo menos, sin catástrofe- y nosotros podremos progresar, dijo.
Además, para él, la guerra de Ucrania sólo podrá terminar si Rusia desiste del territorio conquistado desde 2014, lo que incluye a Crimea. Hace, sin embargo, la concesión de que podría mantener por lo menos Sevastopol, la sede de la flota rusa del mar Negro.
Y observa que Ucrania se está convirtiendo en el país mejor armado de Europa, al mismo tiempo que tiene un liderato carente de experiencia estratégica.
Dominación del mundo en un sentido hitleriano
Por otro lado, se aventura una interpretación de las ambiciones de China, en Washington, afirma, “dicen que China quiere dominar el mundo… La respuesta es que ellos quieren ser poderosos. No están encaminados a la dominación del mundo en un sentido hitleriano. No es esa la forma en la que ellos conciben el orden mundial, ellos nunca pensaron así.” Para la Alemania nazi, dijo, la guerra era inevitable porque Hitler la necesitaba, pero China es diferente. El sistema chino es más confucionista que marxista, lo que lleva a los líderes chinos a buscar el desarrollo máximo de la fuerza de su país y ser los señores de sus propios intereses en el sistema internacional.
Si ellos alcanzasen una superioridad que pudiese usarse genuinamente ¿la llevarían al punto de imponer la cultura china? No lo sé. Pero mi instinto me dice que no… (pero) creo está dentro de nuestra capacidad evitar que esa situación emerja, por medio de una combinación de diplomacia y de fuerza, subrayó.
Por último, luego de resaltar los grandes desafíos que enfrentan los líderes mundiales, en particular la aparición de la inteligencia artificial, no perdió la oportunidad de hacer ironía con su edad:
De cualquier modo, ya no estaré aquí para verlo.
