mayo 02, 2026

Mijaíl Gorbachov a los 90: El cambio de la historia mundial

Mijaíl Gorbachov a los 90: El cambio de la historia mundial

 

En este momento los europeos viven un periodo de profunda ansiedad a causa de la pandemia del covid-19 y por la escalada de las tensiones estratégicas entre Estados Unidos, Rusia, China y Europa. Desde esta óptica se deben revisar los últimos 30 años de Historia, en particular la Historia de la reunificación de Alemania en 1990 y el fin del comunismo en la Unión Soviética y en Europa Oriental.

 

Los principales arquitectos del surgimiento del Nuevo orden mundial fueron personalidades notables como el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov y el canciller alemán Helmut Kohl, quienes escribieron el capítulo más fascinante de la Historia desde el final de la Segunda guerra mundial.

 

El creciente oportunismo político y la obsesión de algunos políticos alemanes aferrados a las encuestas electorales (en especial con los likes o dislikes de las redes sociales) habría que compararlo con las actitudes de los líderes políticos que moldearon los procesos históricos de la década de los años noventa. A pesar de los muchos errores políticos cometidos, Mijaíl Gobachov fue la pieza clave para cambiar la historia europea y es hoy uno de los más respetados líderes mundiales vivos.

 

En ocasión de su nonagésimo aniversario, este 2 de mayo recibió un homenaje y concedió una entrevista conmovedora a un amigo cercano, Horst Teltschik, exasesor de Relaciones exteriores del canciller alemán Helmut Kohl (1982-1998). El énfasis recayó en haber sido Gobachov quien dio luz verde para la reunificación alemana y quien trajo la paz a Europa, con el inicio de un desarme innovador, con el que ayudó a alejar el espectro de la guerra nuclear en aquel momento.

 

En coincidencia con esta ocasión, se presentó una nueva biografía escrita por el cineasta Ignaz Lozo; Gorbachov. Der Weltveränderer (Gorbachov. El hombre que cambió el mundo, WBG Theiss, 2021). El libro utiliza varias entrevistas realizadas por autor con Gorbachov en los últimos 28 años e incluye material de entrevistas y conversaciones con algunos de los principales arquitectos de la reunificación alemana, entre ellos el ex ministro de Relaciones exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher, el exsecretario de Estado de Estados Unidos James Baker y otros.

 

¿Por qué deberíamos tener gratitud?

En una entrevista publicada el 2 de marzo en el sitio t-online, Teltschik, quien participó directamente en la reunificación, recalcó que los alemanes, en particular, deben recordar con gratitud la contribución de Gorbachov. Teltschik recordó (como escribe Lozo en su nuevo libro) que antes de que Gorbachov llegase al poder en marzo de 1985, en calidad de secretario general del Partido Comunista Soviético, sus tres antecesores, Leonid Breznev, Yuri Andropov y Konstantin Chernenko, habían contribuido al grave deterioro de la situación económica de la URSS, y habían intentado seguir una política de rearme y de impulsar la guerra nuclear.

 

En noviembre del mismo año, recuerda, se realizó en Ginebra la primera reunión entre Gorbachov y el presidente Ronald Reagan: “Este no fue tan sólo el inicio de una importante reunión cumbre diplomática entre las dos potencias mundiales… fue también la primera señal para retomar las negociaciones de desarme y de control de armas entre las dos potencias mundiales. Esto condujo a los acuerdos de desarme y de control de armamentos de mayor alcance de la Historia. 80 por ciento de todas las armas nucleares se desmantelaron de forma controlada”.

 

A la luz de la actual carrera de armas nucleares, impulsada por potencias nucleares como China, India, Corea del Norte e Irán (este último a punto de construirlas)) se pregunta: “Hoy ¿quién toma iniciativas para una nueva ronda de desarme y de negociaciones para el control de las armas?”

 

Teltschik resaltó que fue Gorbachov quien cambió las relaciones con sus aliados del Pacto de Varsovia, al anunciar que, en el futuro, ellos serían los únicos responsables del desarrollo de sus naciones y que ellos ya no intervendrían como habían hecho sus antecesores (la represión de Breznev de la Primavera de Praga en 1968). Cuando Polonia se volvió democrática, los soldados soviéticos permanecieron en sus cuarteles, recuerda Teltschik. Esto sucedió también cuando el entonces primer ministro húngaro Miklós Németh abrió las fronteras de su país a millares de refugiados de Alemania Oriental que se encontraban en Austria. Sus actos fueron el resultado de negociaciones secretas que él había sostenido con Gorbachov. Cuando hubo manifestaciones multitudinarias en Berlín Oriental y cuando el Muro de Berlín cayó, dice Teltschik, “380 mil soldados soviéticos estacionados en Alemania Oriental permanecieron en sus cuarteles”.

 

Al final de los cuatro años acordados con Gorbachov, recuerda, “500 mil militares rusos estacionados en Europa Central, Hungría, Checoslovaquia y Polonia, de ellos 380 mil en Alemania Oriental, con 180 mil familias y todo su equipamiento militar (680 toneladas de municiones, entre ellas armas nucleares) volvieron pacíficamente a la URSS”.

 

La política de Gorbachov de Transparencia (Glasnost) y de reformas (Perestroika) quería acelerar las reformas económicas y dar más transparencia política al régimen soviético. Él fue culpado personalmente de la espantosa crisis económica y de desabastecimiento de los años noventa y de la disolución de la URSS, que, según Teltschik: “Gorbachov nunca quiso. Fue su sucesor, Boris Yeltsin, quien tuvo la total responsabilidad de eso”. De acuerdo con él, durante la unificación alemana, Kohl hizo todo lo que pudo, en el ámbito nacional e internacional, para respaldar la política de reformas de Gorbachov: “En 1990, se entregaron más de mil millones de marcos alemanes en alimentos y otros abastecimientos, miles de millones de préstamos garantizados, así como los arreglos para el regreso de los soldados soviéticos a su patria”.

 

Los críticos actuales de Gorbachov deben tener en cuenta que “después de 70 años de mala gestión comunista, él no tenía los especialistas políticos y económicos que pudiesen definir la democracia ni la economía de mercado y ponerlas en práctica operacionalmente”. Había muchos asesores extranjeros, en particular de Estados Unidos, “pero, muchas veces contribuían tan sólo a crear más confusión, ya que definían tareas diferentes”.

 

Para Teltschik la unificación pacífica de los dos estados alemanes fue posible gracias a Gorbachov. “No se disparó ningún tiro y Europa se unificó”, dijo. “Ningún muro o cerca separa a Europa y el conflicto general Este-Oeste se terminó”.

 

Gorbachov tenía la visión de una “casa europea común”, que garantizara la seguridad para todos sus habitantes. Esta visión fue expresada en la Carta de París convocando una nueva conferencia europea, la que, en noviembre de 1990, fue firmada por 34 jefes de Estado y de gobierno de los estados miembros de la Comisión para la Seguridad y la Cooperación Europea (CSCE).

 

Teltschik recalcó que “con el presidente Gorbachov, tuvimos un entendimiento muy cercano y hasta amigable. Y cuando el presidente Vladímir Putin pronunció su discurso en el Parlamento alemán (2001), fue aplaudido de pie. Habló sobre Rusia como un país amigo. Trató de construir puentes y había de hecho una perspectiva positiva para la relación alemana-rusa con Putin”.

 

Pará él, fue posible que la creación de una zona de libre comercio bastante realista de Lisboa a Vladivostok podría haber evitado el conflicto con Ucrania. “En lugar de esto, hoy sólo se habla de sanciones”. Teltschik sostiene que debería haber habido más conversaciones sobre “iniciativas comunes”. Se necesitan más medidas de construcción de confianza para el control de armas, de desarme y de cooperación militar, “ya que estamos ante un nuevo rearme”.

 

El recuerdo de los grandes cambios con Gorbachov

La biografía de Ignaz Lozo traza un perfil detallado de Gorbachov, de su infancia a su llegada al puesto de secretario general de Partido Comunista y presidente de la URSS. El libro trata de dar una respuesta a la paradoja de cómo un leal leninista y comunista, que hasta el último momento de su mandato presidencial creyó en los principios del socialismo “reformable”, cambió su pensamiento político para abrir el camino a las grandes realizaciones históricas de Alemania y del resto de Europa en los años noventas. Lozo describe vivamente las conversaciones en Moscú y en el Norte del Cáucaso, en julio de 1990, entre las delegaciones rusa y alemana que condujeron al acontecimiento histórico de la reunificación alemana, llamada también el “Milagro del Cáucaso”.

 

Los días 14 y 16 de julio de 1990, la Historia se reescribió para Alemania y el mundo entero. Los líderes, Gorbachov y Kohl, se encontraron en una dacha (casa de campo) en la aldea caucasiana de Archys, hoy habitada por no más 600 personas. En reuniones anteriores, Gorbachov y Kohl intercambiaron memorias sobre el terror y las adversidades que ambos vivieron durante la Segunda guerra mundial. Cuando Hitler invadió la URSS, Gorbachov tenía pocos años y Kohl 11. Fue originalmente Gorbachov quien, durante su visita a Bonn, en junio de 1989, invitó a Kohl a visitar Stavropol, donde Gorbachov comenzó su carrera política luego de sus estudios de derecho y de Ciencias Agrícolas.

 

El panorama en julio de 1990 era así: la economía en caída libre. la explosión de la sociedad, tiendas vacías e insatisfacción popular en efervescencia, numerosas huelgas y protestas, ante esto, el objetivo de Gorbachov era, principalmente, conseguir ayuda a corto plazo, aliviar la miseria interna y conquistar un socio económico a largo plazo.

 

Los resultados de la reunión de verano fueron impresionantes. Según Lozo, la “estructura de la postguerra, la Guerra fría, todo lo que estaba vinculado al pensamiento soviético parecía obsoleto, y se anunció un nuevo periodo, un tiempo de cooperación y hasta de amistad”, En la reunión cumbre de la OTAN de los días 5 y 6 de julio, la organización afirmó que el enfrentamiento entre los dos bloques había terminado y anunció una nueva estrategia militar, así como “nuevos planes militares que tendrían en cuenta los cambios revolucionarios de Europa”.

 

El presidente estadounidense, George H. W. Busch, declaró solemnemente en Londres: “Estoy feliz de anunciar que mis colegas y yo comenzamos una gran reestructuración de la OTAN y consideramos ello un giro histórico. La declaración de Londres moldea la relación con nuestro antiguo enemigo de una manera nueva. Nuestra alianza extiende su mano de amistad a los gobiernos que durante la Guerra fría nos enfrentaban”.

 

El 14 de julio, la delegación de Bonn llegó a Moscú, donde se iniciaron las negociaciones al día siguiente. Las dos conversaciones entre Gorbachov y Kohl fueron acompañadas por sus respectivos consejeros, Horst Teltschik y Anatoly Chernyaev. Kohl escribió en sus memorias que le había dicho a Gorbachov que vivían al borde de años significativos históricamente y que cuando surge una ocasión así no se puede desperdiciar. Gorbachov afirmó en esa ocasión que Alemania reunificada podría ser miembro de la OTAN, y, de acuerdo con el protocolo, repitió esta declaración una vez más. En la entrevista colectiva posterior, en Moscú, evitó hablar sobre el asunto y sólo declaró que “todo está en movimiento”.

 

De Moscú, las delegaciones se trasladaron a Stavropol, en el Norte del Cáucaso. Allí, en 1955, Gorbachov había comenzado su carrera política a los 24 años, militando en el PC de la URSS, especialista en agricultura. En el monumento en homenaje a los muertos en la guerra, Gorbachov y Kohl fueron rodeados por varios cientos de ciudadanos, muchos de ellos veteranos de la guerra, uno de los cuales hizo un llamado a Gorbachov y Kohl para que hicieran hasta lo imposible para que “alemanes y soviéticos se volviesen socios” y no causaran más sufrimiento a sus países.

 

En la pequeña aldea de Archys, con sus respectivos asesores, Gorbachov y Kohl preparaban el plan de las negociaciones. Kohl habló entonces de un “gran tratado”, en el que se incluía la cooperación a largo plazo entre la URSS y Alemania, en especial en el campo económico. De las negociaciones, resultó la soberanía de Alemania y se acordó un plazo de entre tres y cuatro años para la retirada de las tropas soviéticas de Alemania Oriental. Archys se convirtió para Gorbachov en “un símbolo singular de la reunificación alemana en suelo soviético”.

 

El 16 de julio, en la ciudad de Mineralnye Vody, antes de la partida de la delegación alemana, Kohl y Gorbachov se dirigieron a la prensa mundial. Gorbachov pidió a Kohl iniciar la entrevista. “Alemania reunificada puede decidir libremente sobre su soberanía, si y a cuál alianza desea adherirse. Declaré, como concepto de gobierno para la Alemania reunificada, que Alemania unificada quiere ser miembro de la Alianza atlántica y estoy seguro de que esto también corresponde a la intención del gobierno de la RDA (Alemania Oriental)”. Dijo. Gorbachov, por su parte, subrayó que el Pacto de Varsovia dará el primer paso hacia el cambio de su doctrina militar, y destacó que “lo que aconteció en Londres (en la reunión de la OTAN) fue el inicio de un nuevo desarrollo histórico”. En la despedida, Gorbachov dijo a la delegación alemana que su visita fue “el acontecimiento internacional más importante relacionado con los cambios fundamentales de la política europea y mundial”.

 

En busca de una solución para la paradoja histórica

Dos meses y medio después de la caída del muro de Berlín (10 de noviembre de 1998), Gorbachov desistió del principio de dos estados alemanes. Lozo relata que el 26 de enero de 1990, en su oficina en la sede del Comité Central, con seis personas presentes, se tomó la decisión a favor de la Alemania reunificada, lo cual se mantuvo en secreto dos semanas. En la reunión, Gorbachov ordenó que se elaborase un plan de retirada del Ejército soviético de Alemania Oriental. Esperaba que los ciudadanos de la RDA deseasen un “socialismo renovado”, pero la mayoría quería nada más la reunificación. Como dijo el consejero de Gorbachov Anatoly Chernyaev a Lozo en una entrevista: “Esta fue la llave para el cambio de Gorbachov”.

 

La caída de la Unión Soviética

El gran error de Gorbachov -como señala varias veces Lozo en su libro- fue haber promovido a Boris Yeltsin. Más tarde resultó claro que Yeltsin hizo todo lo que pudo para minar la autoridad de Gorbachov hasta llevarlo a su renuncia, a finales de diciembre de 1991. El populismo de Yeltsin causó actos como el extraño levantamiento de agosto de 1991, con tanques que rodearon la Casa Blanca, el Parlamento Ruso. El golpe, que obligó a decretar el estado de emergencia, fue preparado por militares ‘línea dura’ y por los oponentes de Gorbachov dentro del gobierno. Durante el motín, Yeltsin se presentó como el luchador heroico de la libertad contra los conspiradores golpistas, mientras que Gorbachov era mantenido preso con su familia en Crimea, sin comunicación con Moscú. Hasta que el golpe fue sofocado, Gorbachov permaneció totalmente a la defensiva, enfrentado a la creciente agitación dentro de la Unión Soviética, de los estados bálticos, del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, un levantamiento en Tiflis y protestas y huelgas multitudinarias.

 

Aunque el objetivo de Gorbachov fuese preservar el Estado federal y obtener un nuevo Tratado de la Unión, Yeltsin quería una alianza de Estados. El 7 de diciembre, Yeltsin, Stanislav Shushkevich (Bielorrusia) y Leonid Kravchuk (Ucrania) se reunieron en secreto en la aldea Viskuli, cerca de Brest. Gennadi Burbulis, viceprimer ministro de la República Soviética de Rusia declaró entonces que los “tres socios del tratado declararon que la Unión Soviética, como sujeto de derecho internacional y como realidad geopolítica, dejó de existir”.

 

Las tres repúblicas dieron la orden de elaborar el tratado de fundación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). El 8 de diciembre, los tres gobernantes firmaron el documento histórico y, esa misma noche, llamaron al presidente estadounidense George Bush y a Gorbachov, quien renunció el 25 de diciembre. En la presidencia de Yeltsin se inició una era de caos y de anarquía, en la que la espina dorsal de la industria soviética fue vendida a los oligarcas.

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