abril 29, 2026

Mis paisanos guatemaltecos cada vez son más pequeños de talla y estatura, son enanitos, por efecto de la desnutrición

Mis paisanos guatemaltecos cada vez son más pequeños de talla y estatura, son enanitos, por efecto de la desnutrición

Bolivar Hernandez*
En términos económicos no tengo ninguna deuda por pagar, siempre he procurado pagar todo en efectivo. Las deudas me agobian demasiado, por eso las evito todo el tiempo.
Sin embargo, cargo con una deuda moral desde hace muchos años. Su naturaleza es de otra índole. Y pesa no sobre mis hombros, sino sobre mi conciencia.
Antes de morir mi padre me dijo:
Bolivar, promete ante mí que vas a comprometerte con Guatemala, y harás algo por nuestros compatriotas, los mas jodidos.
Eres un hombre preparado e intelectualmente eres un revolucionario y patriota.
Yo sufrí persecución, cárcel y exilio por defender los intereses populares, los del pueblo sufrido de Guatemala.
Ahora te toca a ti tomar la estafeta y continuar la lucha por la justicia social, esa asignatura pendiente en mi patria.
Tomé la mano lánguida de mi padre, lo vi a los ojos y le dije que sí haría algo por Guatemala, cuando las condiciones lo permitieran.
Esa promesa hecha a mi padre desde siempre y reiterada una vez más ante su lecho de muerte, ha pesado en mi conciencia con mucha fuerza.
Cuando muy joven
Emprendí la aventura de mi vida, que consistió en dejar el país y radicar en México, y convertirme en un científico social; lo hice con la idea de prepararme muy bien y volver a Guatemala a contribuir al cambio social tan postergado.
Mi vida entonces en México era plena y deseaba seguir los estudios de posgrado como meta en mi preparación. Y me fui quedando, quedando y desarrollé una carrera académica que me apartó de la idea de retornar a Guatemala, momentáneamente.
La deuda moral contraída con mi padre se postergaba año tras año. Y así transcurrió medio siglo.
En el año 2010 retorné a Guatemala a convalecer de un cáncer fulminante, que logré vencer. Confieso que no tenia ni ánimos ni energías suficientes para pagar mi deuda moral.
Sondeé el panorama académico de Guatemala, tanto en universidades privadas como en la pública; aquí en Guatemala hay una universidad jesuita hermana de la Iberoamericana de México, y el vicerrector de entonces fue mi alumno en la escuela de antropología de la Ibero. Pensé que eso me abriría puertas en la universidad privada más importante del país, y no fue así.
Me acerqué a la universidad pública, la tricentenaria USAC, y mi presencia generó suspicacias y recelos entre los colegas de ciencias sociales. Ofrecí trabajar en la enseñanza universitaria de manera gratuita. Y no fue bien recibida mi oferta.
Soslayaron mi propuesta de enseñar en la escuela de antropología, y mi interpretación es la siguiente: Me aventuro a especular sobre el metamensaje de mis colegas, esta es mi lectura entre líneas de sus discursos crípticos.
  • 1- Tu no eres guatemalteco, a pesar de tener los documentos oficiales que lo avalan.
  • 2- Mientras tu gozabas de un exilio dorado en México, nosotros sufrimos los rigores de un conflicto armando durante más de 30 años.
  • 3- Quieres trabajar como profesor-investigador, entonces debes comenzar por los niveles inferiores del escalafón. Y hacer méritos.
  • 4- En resumidas cuentas, no te necesitamos aquí… ¡ni gratis!
Diez años después de esa fallida incursión
Y salir con cajas destempladas, volví a la carga nuevamente. Encontré ahora una oportunidad en una universidad privada para impartir talleres de investigación social.
Experiencia esta de cierta importancia y de corta duración, debido a la pandemia del COVID-19. Todo se trastornó en el país, todo se paralizó.
En un viaje relámpago a la Ciudad de México, ocurre que en Guatemala el gobierno decreta un cierre de fronteras y cancela todos los vuelos. Yo salí de México un par de días antes de tal medida. ¡La libré por un pelo de gato!
He permanecido en un absoluto confinamiento en mi hogar familiar, por más de un año. Sin ninguna posibilidad real de cumplir la deuda moral contraída con mi padre.
Vivo en una finca-país donde la pandemia tiene altísimos niveles de contagios y de muertos.
Y las vacunas apenas hasta el día de hoy han cubierto al 1 % de la población de Guatemala. Los actos de corrupción en torno a la salud pública son escandalosos, compras fraudulentas con intermediarios de dudosa calidad moral.
Me duele Guatemala por su enorme desigualdad socioeconómica y cultural, además por esa desnutrición tan aguda en la niñez que parte el corazón al verla tan de cerca.
Mis paisanos cada vez son más pequeños de talla, de estatura, son enanitos, por efecto de la pésima alimentación.
Conclusión
Mi deuda moral es impagable. No hay modo, no hay alternativa ninguna, no es viable, porque no tengo injerencia en algo que afecte la toma de decisiones sobre la justicia social, tan urgente de aplicar en este país.
No voy a heredar la deuda moral a mis hijos y nietos, esta deuda no les toca pagarla a ellos. Los libero de toda responsabilidad con Guatemala; a México si le tienen que cumplir con su trabajo y creatividad.
*La Vaca Filósofa
Fotos: DEZALB

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