En las últimas semanas se han realizado una serie de reuniones diplomáticas de alto nivel entre representantes de EUA y de Rusia. El 21 de mayo, el canciller ruso Sergei Lavrov y el secretario de Estado Anthony Blinken se encontraron en la reunión del Consejo Ártico en Reykjavik, Islandia. Entonces, ambos manifestaron el deseo de una “reaproximación” más sólida entre Washington y Moscú.
En una conferencia de prensa, Lavrov declaró que Rusia estaba lista para garantizar una “estrategia de estabilidad”. Además, afirmó que teniendo en cuenta que ambas potencias tienen vastos arsenales nucleares, “declaramos nuestra disposición de iniciar el dialogo y examinar todos los factores que influencian la estabilidad estratégica, incluyendo armas nucleares y no nucleares, ofensivas y defensivas”. En la agenda reciproca, se contempla el retiro de las armas nucleares de Japón y de la Península de Corea, el renacimiento del acuerdo nuclear con Irán y la situación en el arrasado Afganistán.
La reunión fue un preludio para la cumbre entre los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin, el 16 de junio, en Ginebra, Suiza. El asunto más candente del momento es saber si otra ronda renovada de negociaciones diplomáticas entre EUA, Rusia y China podrá establecer un modelo para el futuro o si prevalecerán los “línea dura” de EUA y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), quienes promueven una actitud drástica contra Rusia y China.
En paralelo, se realizaron varios seminarios internacionales, la mayoría virtuales, convocados por grupos de expertos y centros de investigación trasatlánticos. Uno de ellos fue convocado por la Sociedad Atlántica Alemana (DAG, siglas en alemán) donde representantes de la OTAN defendieron una acción radical contra Rusia. Entre ellos, la ex vicesecretaria general adjunta para la Diplomacia Pública, Stefanie Babst, actualmente investigadora de alto nivel de la DAG, para quien la OTAN “requiere una nueva estructura” preparada para una futura guerra con Rusia, llegando hasta el fortalecimiento de sus fuerzas nucleares.
Otro ejemplo es un ensayo del alemán Hannes Adomeit, investigador del Instituto Alemán de Seguridad Internacional y del Centro Davis B. para Estudios Rusos y Eurasiáticos de la Universidad de Harvard, publicado en la edición de mayo del boletín del Centro Europeo George C. Marshall para Estudios de Seguridad, titulado “¿Alemania puede ser y será una socia viable en una estrategia de ‘impulso’ de EUA con relación a Rusia?”. El argumento central es que Alemania debía cooperar más activamente con la estrategia de EUA para “rechazar y contener la influencia maligna de Rusia”. Adomeit les da bastante atención a los políticos alemanes rotulados de “entendedores de Rusia” (Russland- Versteher), tal cual el ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, ArminLaschet, candidato a canciller federal de la coalición CDU/CSU (Unión Demócrata Cristiana y Unión Social Cristiana).
Para Adomeit, Laschet es muy tolerante con Rusia, por oponerse a una actitud de “rigidez moral” frente a Moscú, al igual que varios ministros-presidentes de los estados de la antigua Alemania Oriental. En el escrito, Adomeit aplaude a los “Verdes” alemanes, que pueden ser una “parte primordial del (futuro) gobierno de coalición”, críticos acérrimos de Putin, además de oponerse al (gaseoducto) Nord Stream 2 “por razones geoestratégicas”.
Sin embargo, él ve el peligro de que el partido “falle en condenar el esfuerzo de militarización del Kremlin” y duda de su demanda para elaborar una “nueva estratégica de la OTAN y una evaluación de la amenaza común de la alianza”. En consecuencia, concluye, que es posible que las elecciones alemanas de septiembre venidero no produzcan el efecto deseado y que haya una ‘influencia negativa en la perspectiva de que Alemania participe de una ‘resistencia’ contra el comportamiento maligno (¡) de Rusia”.
Conozca la historia del otro
En el contexto de esos desdoblamientos, cobra relevancia el seminario internacional virtual organizado a propósito del 98 aniversario del ex secretario de Estado Henry Kissinger, el 27 de mayo pasado. El evento tuvo como sede la ciudad natal de Kissinger, Fürth, Baviera, y fue moderado por el profesor Ulrich Schlie que recibió la Catedra Henry Kissinger en la Universidad de Bonn (2020) y patrocinado por el Centro Ludwig Erhard de Fürth y por la Sociedad Alemana Atlántica. El centro del evento fue un dialogo de Kissinger, desde Nueva York, y sus amigos Karl Kaiser, expresidente de la Sociedad Alemana de Política Externa (DGAP). La periodista y productora Evi Kurz realizó un documental sobre la infancia y educación de Kissinger y su hermano Walter (quien murió en mayo) en Fürth, cuyo padre fue profesor en una escuela secundaria en la ciudad, hasta el momento en que la familia judía fue forzada a huir de los nazis, en 1938, emigrando para EUA, donde se establecieron en Nueva York, después de la II Guerra Mundial, durante la cual sirvió en el ejército estadounidense. Kissinger estudió en la Universidad de Harvard y, protegido por su mentor Fritz Kraemer, se convirtió en uno de los principales arquitectos de las relaciones germano-estadounidenses.
El expresidente de la DGAP, Karl Kaiser, comentó el papel destacado desempeñado por Kissinger en la Östpoliti k (Política para el Este) de Willy Brandt (1969-1974). Egon Bahr, el principal asesor de Willy Brandt en la década de 1970, fue el principal interlocutor de Kissinger tras bambalinas, en el momento en que este era el consejero de Seguridad Nacional y secretario de Estado del presidente Richard Nixon. Sin la Östpolitikde Brandt, afirmó, nunca habría ocurrido la reaproximación Este-Oeste, que, más tarde, permitió la reunificación alemana en el gobierno del canciller Helmut Kohl (1982-1998).
Kissinger conoció personalmente a todos los cancilleres alemanes, hasta hoy día, y tuvo gran admiración por el primero de ellos, Konrad Adenauer (1949-1963). Entonces él comentó que “Adenauer tuvo el valor de preparar el terreno para la reconstrucción de Alemania, a sabiendas de que la división duraría mucho tiempo. Así, lo que él hizo fue una tremenda conquista”. Igualmente, recalcó su estrecha amistad con el excanciller Helmut Schmidt (1974-1982) y los buenos recuerdos de Kohl, que “aun con una personalidad distinta, contribuyó de una manera diferente para la evolución de Alemania”.
Kissinger hizo algunas observaciones de tomar en cuenta, las cuales reflejan sus preocupaciones con el “futuro orden mundial”, además de los riesgos inherentes representados por el crecimiento de la Inteligencia Artificial (IA) en el ámbito militar. “Estamos ahora en un momento en que la estructura política del mundo está cambiando sustancialmente. La tecnología global está cambiando, o sea estamos en un proceso solo comparable al inicio del Iluminismo, donde todos los conceptos están cambiando”.
En respuesta a una pregunta, Kissinger respondió: “Por primera vez en la historia de la humanidad el sistema internacional es verdaderamente global. Durante la pandemia, vimos esa gran estrategia. Estábamos pensando en Europa y en otros países. No solo los países están más conectados, sino que la tecnología impone una percepción totalmente diferente a la anterior. La destrucción de la tecnología moderna es tal que muchas cosas necesitan ser alteradas, sea por la experiencia o por perspicacia humana. Tenemos que evitar una catástrofe y tener clarividencia”.
Él menciono que está involucrado en un libro sobre la Inteligencia Artificial: “Las nuevas tecnologías que conocemos pueden producir consecuencias, no sabemos por qué son así. Requerimos de una nueva definición del pensamiento humano. Debemos trabajar juntos sobre el significado de esto. Nuestra filosofía se sustentó en el Iluminismo”.
De acuerdo con Kissinger, “el próximo canciller alemán, el presidente de EUA y los pensadores deben desarrollar un concepto que nos permita lidiar con estos nuevos asuntos. Lo que necesitamos es una nueva manera de pensar”.
Interrogado por Theo Sommer sobre qué consejos daría a los gobiernos para bregar con los desafíos de China y de la resurgente Rusia, Kissinger respondió que la única salida es un “diálogo” reforzado con los dos países. Rusia de la Guerra fría y la del periodo posterior son diferentes: “Rusia de la Guerra fría era militar. Rusia, hasta hoy día, es una fuerza militar muy poderosa. No tiene capacidad propia para dominar el mundo. Tiene que encontrar su camino para relacionarse con Europa. ¡Yo entendí que no se puede excluir a Rusia! Por tanto, existe la necesidad de diálogo. Durante la Guerra fría tuvimos la tarea de impedir la expansión del poder de Rusia, y Alemania dio una gran contribución para eso. Occidente se esforzó para buscar la construcción de un modelo para la cooperación”.
Además, afirmó que la reunión entre Biden y Putin es positiva “No esperemos grandes resultados, pero si para establecer una conversación”.
Sobre el papel que Europa puede asumir, afirmó, “conceptualmente, nosotros y Europa debemos llegar a un acuerdo sobre el mundo que queremos crear. Debe ser basado en la cooperación”.
Y advirtió enfáticamente en cuanto al riesgo de un enfrentamiento militar entre China y Occidente, que “sería peor que la Primera guerra mundial, que embarcó países que no sabían cómo vencer o cómo terminar la guerra”.
Sobre la esencia de la política, afirmó: “En las negociaciones importantes, es fundamental arreglar lo que puede ser arreglado y confiar en la evolución histórica. Debemos aprender eso globalmente. Eso es por lo que yo abogo en los Estados Unidos (…) Voy a trabajar para una cooperación más estrecha entre Estados Unidos y Alemania, no en términos militares, y entre EUA y China (…) El diálogo entre EUA y China guarda una complejidad inherente. Creo que los chinos tienen un abordaje más afectuoso del que EUA y EUA no debería estigmatizar. Nosotros en EUA y ustedes en Alemania debemos resolver los asuntos. Probablemente tenemos una idea de cómo hacer que el enfrentamiento lleve a la ‘necesidad de la cooperación’. Para hacer eso se necesitan dos lados. Este es nuestro gran desafío y me gustaría contribuir para eso”.
En una conferencia anterior, en mayo, coordinada por el escritor suizo Rolf Dobelli, parte de la serie “Mentes del mundo”, Kissinger también alertó que un conflicto con China no tendría vencedores y, como en la Primera guerra mundial, terminaría por el agotamiento de ambas partes. En la entrevista, Dobelli preguntó a Kissinger si una nueva Guerra fría se estaría creando entre EUA y China.
Kissinger respondió que, cuando Nixon y él decidieron abrir el diálogo con China, al inició de la década de los 1970s, lo hicieron partiendo del hecho de haber entendido que la política externa estadounidense estaba paralizada en la Guerra de Vietnam (1964-1975), con un efecto muy desmoralizador: “Primero, el presidente Nixon y yo queríamos tener una perspectiva más amplia de nuestra política externa. Segunda, los chinos dieron señales de que querían una apertura, y tercero, nos pareció importante que el mundo pensara la política externa en una escala global y no en términos de guerras de liberación. Aun si hubiera sido posible desacelerar el ascenso de China, queríamos que ella progresara”.
De una “nueva Guerra fría”, afirmó que, aunque las tensiones hayan aumentado en el gobierno de Donald Trump, él tiene la impresión “de que el gobierno Biden entendió que un enfrentamiento con China no puede ser del interés mutuo, ni del mundo. Ellos producirían un conflicto sin vencedores”. Sin embargo, también anotó los problemas internos enfrentados por Biden, ya que “la opinión pública ve a China como un enemigo permanente. Será difícil para un nuevo gobierno luchar contra y desarrollar una estrategia orientada para el futuro. La complejidad de nuestras relaciones exigirá un liderazgo político fuerte”.
En una discusión sobre Historia y política, con la presencia de un grupo de destacados historiadores alemanes, el Prof. Stefan Fröhlich de la Universidad de Erlangen afirmó que, “quien no estudia Historia no debe lidiar o comprender la política externa. Esto es fundamental para la política externa, Kissinger siempre habló de Historia. La historia del socio, de cada país, de cada socio negociador, todo eso es resultado de condiciones históricas. Las negociaciones exitosas ocurren cuando uno también conoce los intereses y la historia del otro”.

