Mouris Salloum George
Un enorme dolor al ver las imágenes que nos rompe el corazón. Hace pocos días unos terroristas talibanes tomaron por asalto la televisión y radio afgana e impusieron a las mujeres la vestimenta islámica (el burka), si no, tendrían consecuencias fatales; algo no visto en ninguna civilización, y con eso, echan abajo la promesa de respetar los derechos humanos por el acuerdo llevado a cabo en Doha, Qatar unos meses antes.
La conferencia de prensa dada por el presidente Biden fue lo peor de esta loca jornada: la guerra que desataron los talibanes contra la minoría laica de Kabul, porque visto por la lupa del Tío Sam, el ser humano es simple número o fracción.
Eso no hace que se muevan los sentimientos de Biden y su banda criminal por aquéllos que murieron colgados de los aviones con su intentona de escapar del terror de los talibanes; e independientemente del terror que les espera a las mujeres en aquél desafortunado país, pues sobre todo la posibilidad de que oleadas de radicales islámicos saldrían de ahí así a los países vecinos y occidentales para volver a sembrar el terror nuevamente.
Los ataques a las dos torres gemelas del 11 de septiembre del 2001, es un fatídico acontecimiento que cambió la historia del mundo para siempre.
Casi 3 mil personas perdieron la vida cuando Al Qaeda tomó el control de 4 aviones de pasajeros, que estrellaron contra el World Trade Center de NY, el Pentágono y un campo de Pensilvania.
La retirada de las tropas americanas de Afganistán, vista por muchos como derrota y por radicales islámicos como triunfo divino con ayuda de Alá sobre el ejército más poderoso del mundo; les daría la fe de seguir con la Yihad contra los infieles occidentales.
Simplemente vivir en tiempos de los talibanes es ya una derrota interna y personal, y sobre todo, acompañada del rostro sonriente y feliz de Biden.
A 22 años de los atentados terroristas de aquel fatídico 11 de Septiembre, las imágenes y los recuerdos siguen cimbrando al planeta.

