Arturo Rios
El 3 agosto de 1787, en Tecpan, José Navarrete era el Fiscal y el sacristán de la parroquia con el padre José Francisco Cano Cortés, que atendía la iglesia e informaba al Obispo Francisco Antonio de San Miguel Cajiga, que estaba en Valladolid, hoy Morelia.
Juan José Galeana Valdeolívar, era el gobernador, fue informado de los abusos de Navarrete; que atropellaba a todos con las alcabalas, impuestos que cobraba de más, con Leandro Arévalo, quien fungía como alguacil, en la comunidad indígena de Tecpan, en Guerrero. Portaban una vara con listones de colores en la parte superior, que indicaba su autoridad.
El párroco, todo le creía
Juan José, le encargó a Hermenegildo Galeana hablara con los nativos cuitlatecas; el joven de 20 años, los conocía, varios trabajaban en las tierras de su padre, en El Cuajilote.Se quejaron que Navarrete acosaba a las mujeres de la doctrina con apoyo del alguacil; menores de edad, solteras o casadas y las que se negaban a sus insinuaciones, las azotaba, so pretexto “de no atender los cursos religiosos”. El párroco, todo le creía.
José Navarrete era abusivo y astuto; tenía la lista de quienes tenían amantes, casados y solteros y cada mes les exigía ocho reales por no denunciarlos. Ellos sabían que se enfrentarían a la excomunión, azotes públicos y la cárcel.
Hermenegildo confirmó las quejas a Juan José, quien explotó de ira y furioso, exclamó:
¡Un rayo los parta! ¡Mal nacidos! ¡El cura, seguro goza de los dineros, pero nos van a conocer!. Irás mañana a la República y dile a su representante que prepare a todos para quitarles la vara a esos dos y pondremos a personas honestas. Y, así lo hicieron…
Este evento del joven Hermenegildo, más tarde, en venganza, el cura lo apresó por un año y su vida cambió a un sufrimiento que lo marcó durante toda su vida.
De mi libro próximo, De la Cárcel a la Insurgencia.

