Bolivar Hernandez*
Josué es un hombre de 45 años, moreno oscuro, delgado, tipo costeño, sobre todo en su habla, se come las eses.
Josué ya es abuelo. Tiene un matrimonio complicado porque le gustan las aventuras eróticas y visitar prostíbulos. Asunto que a su esposa le molesta bastante. Ya se han separado en varias ocasiones, y vuelven al cabo de los años, porque ella lo perdona.
Pese a que Josué solo hizo estudios de primaria, es muy listo para los negocios y tiene mucho verbo y convence a todos.
Desde jovencito
Trabajo en una empresa propiedad de un coreano dedicado a la importación de productos chinos y/o de varios países asiáticos. Josué era el chofer del patrón.
El coreano encontró que era un negocio fabuloso importar máquinas traganíqueles, o tragaperras, pese a que las leyes prohíben su uso porque fomentan la ludopatía entre los niños y jóvenes del país. Es un negocio ilegal.
Al paso de los años, el empresario coreano decidió que ya iba a retirarse y volver a Seúl. Dejaba Guatemala, país que le permitió amasar una fortuna considerable.
El asunto por resolver era el cómo y a quien venderles las cuentas mil maquinitas traganíqueles que poseía, y que estaban situadas en miles de tiendas de todo el país.
El coreano, un día cualquiera previó a su viaje a Corea, y decidió que Josué era el indicado para quedarse con esa cantidad de máquinas.
Y de pronto Josué se convirtió, por arte de magia, en el magnate de las máquinas traganíqueles del país.
El modo de operar del coreano para el negocio ilegal de las máquinas traganíqueles, era por el simple mecanismo de los sobornos a la policía y a las autoridades municipales, eran las clásicas “mordidas a las autoridades”.

Josué sabía cómo operaba el sistema de “mordidas”
Porque él, era el encargado de pagar los sobornos. Pronto, se convirtió en un magnate de ese negocio ilegal en Guatemala, ahora poseía 200 mil maquinitas de esas. Pagó la deuda al coreano en poco tiempo.
Recientemente, Josué ha tenido serios problemas con las autoridades porque éstas exigen sobornos más grandes o, de plano, ya no quieren hacerse de la vista gorda en ese productivo e ilegal negocio.
Le han confiscado miles de máquinas traganíqueles, y las multas son cuantiosas para poder recuperarlas.
El hombre piensa ya seriamente en otros negocios rentables y sin problemas con las autoridades hacendarias o municipales.
Es un emprendedor nato
Tiene muchos proyectos en su cabeza sobre cómo hacer dinero o fortuna, gracias a sus cualidades que se reduce a una sola: el verbo.
Ahora, Josué dejó de vestir como antes: Camisas floreadas como de hawaiano, zapatos blancos y sombrero cubano de ala corta, blanco también. Hoy, su atuendo es blanco de pies a cabeza, pero con guayabera de lino.
Y su nuevo emprendimiento es una iglesia evangélica de la cual es el pastor, que él la creó en una colonia proletaria de la Ciudad de Guatemala, en la población de Bethania.
Su matrimonio marcha sobre ruedas ahora, porque decidió ya no ser un pecador cómo antes, y ya no bebe cerveza, y no fuma, y dejó de asistir a los burdeles, y evita ligar muchachitas como antes.
Josué cambió su vida radicalmente, hoy es un hombre recto, fiel, bondadoso. Su nuevo reto es leer la Biblia y comprender sus textos. No está acostumbrado a leer, nunca antes lo hizo, y no tiene práctica.
Los domingos va Josué, con toda su familia, su mujer y sus 4 hijas, y nieta, al templo; todos ellos con ropas finas, bien bañados y bien peinados; van a escuchar la palabra del nuevo y flamante pastor, Josué.
*La Vaca Filósofa

