mayo 25, 2026

Raffles, el ladrón de las manos de seda

Raffles, el ladrón de las manos de seda

Bolivar Hernandez*
Raffles fue un famoso personaje de una radionovela cubana, allá por los años 50 del siglo pasado. Era un ladrón fino para robar carteras y billeteras sin que lo notaran sus víctimas.
He contado que soy un hombre formado por la radio toda mi vida, y que ahora mismo escucho la radio guatemalteca, donde me deleito con la música popular, y también tengo que soportar los breves sermones del locutor que tiene una buena voz y no oculta su ser evangélico.
Allá por el año 2010
Vine a Guatemala a convalecer después de haber superado un cáncer agresivo en México. Pero no puedo estar inactivo o pasivo.
Así que me enteré que una famosa artista plástica, muy reconocida en Guatemala, tenia un proyecto de fundar una Casa de la Cultura, en una casona de la zona 10, barrio elegante y residencial de la clase alta en otras épocas. Casona que le darían en préstamo o el usufructo del inmueble, su familia.
Esas residencias de la gente rica de Guatemala en la zona 10, son casonas enormes y con inmensos y fabulosos jardines.
La casa de la cultura con fines de lucro, se montó con suficientes recursos y varios talleres: cerámica, pintura, poesía y literatura. A mi me encomendaron coordinar un taller literario y yo acepté gustoso. Hacia poco tiempo, antes de enfermar de cáncer, dirigía un taller literario en la librería del Fondo de Cultura Económica en la Ciudad de Querétaro. Urbe colonial donde radicaba al momento de enfermar.
En la librería Ricardo Pozas Arciniegas, del FCE, impartí varios talleres literarios, inclusive uno con niños. Enfermé gravemente y los suspendí todos.
Hablé con los directivos de la nueva Casa de la Cultura en la casona de la zona 10 capitalina, y los términos contractuales eran claros y convenientes para las partes. Les gustó mi proyecto de taller literario.
Empiezo a trabajar con un grupo de diez personas, entusiastas y con talentos literarios, la mayoría eran jovencitos.
Me dan satisfacciones todos con sus creaciones literarias.

andreas160578

A los dos meses de laborar en esa casa de la cultura
Pensé que ya era necesario cobrar mis honorarios por mi labor como docente y coordinador de los talleres. Y los directivos comienzan a mostrar resistencias para pagarme lo convenido. Eran vueltas y más vueltas, y nada claro en el panorama.
Me enojo por el abuso de la dueña de la Casa de la Cultura, al no querer pagar mis honorarios, con excusas baladíes.
¡Renuncio, y me largo! Además, hablo con mis alumnos y les digo que sigamos el taller en otro sitio. De esto se enteran los directivos y me reclaman mi actitud.
Todo quedó así: Ella, la dueña, no me paga ni un centavo, y se queda con el grupo de estudiantes.
La dueña de esta institución privada, tiene una particularidad
No tiene manos, bueno si tiene pero a la altura del antebrazo, producto de la Talidomida, un medicamento usado a mediados del siglo XX, y que provocó el nacimiento de miles de niños sin brazos , y con manos diminutas que brotan casi a la altura del antebrazo.
Moraleja: Esta dama me robó mis honorarios ya devengados, y no tenía manos. Una versión moderna de Raffles, el ladrón de las manos de seda, era esta señora dueña del negocio cultural, aunque yo sí me percaté claramente del robo ante mis propias narices.
En el arte, tampoco se salva uno de los atropellos y perjuicios de los dueños de la cultura.
*La vaca filósofa.
Fotos: TheDigitalWay/andreas160578

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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