Elisabeth Hellenbroch, Wiesbaden*
Adenauer, de Gaulle y Lee Kuan Yew
A los 99 años, el decano de la política internacional, Henry Kissinger, acaba de publicar el libro, Liderato. Seis estudios de estrategia mundial. La presentación se da, en un momento en el que las decisiones y la preparación de acciones y estrategias se concentran cada vez más en manos de políticos oportunistas, muchas veces mezquinos intelectualmente o corruptos, en contraste con los requisitos de excelencia y estadismo que exige el autor.
Integrante de la 84º División de Infantería del Ejército de Estados Unidos, Kissinger recuerda vívidamente el fin de la guerra en su natal Alemania: paños blancos colgados de las ventanas para señalar la capitulación, millones de personas desprotegidas, deportadas, hambrientas.
Fue una situación desesperada en la historia alemana, escribe. La comida era escasa, la mortalidad infantil era muy alta, el intercambio normal de bienes y servicios no funcionaba, los mercados negros estaban a la orden del día, no había tráfico postal y el transporte era difícil.
En la Conferencia de Potsdam, en julio y agosto de 1945, los jefes aliados, Winston Churchill, Harry Truman y José Stalin, dividieron a Alemania en cuatro zonas de ocupación: a Estados Unidos le cabía administrar Baviera; a Gran Bretaña, el área industrial del Norte de Renania y del Ruhr; a Francia, el Sur de Renania y la zona a lo largo de Alsacia; y los soviéticos se quedaron en la zona del Elba hasta la línea Oder-Niesse, que formaba la nueva frontera polaca y reducía el territorio alemán de su tamaño de antes de la guerra en un cuarto.
Las tres zonas de ocupación occidentales quedaron bajo el comando de altos comisarios. Según Kissinger, Konrad Adenauer tenía la tarea de devolver la dignidad y la legitimidad a la sociedad. Lo que él necesitaba era humildad y fuerza de carácter para reconquistar el respeto internacional de su país en el círculo de las democracias.
Cuando los tanques estadounidenses avanzaron hacia Renania, en 1945, Adenauer comenzó a pensar en su papel en un país derrotado militarmente, devastado moralmente, destrozado económicamente y desintegrado políticamente.” En mayo, luego de la rendición, tuvo problemas con los británicos, que terminaron por apartarlo. En diciembre fue uno de los fundadores de un nuevo partido de carácter cristiano que reunía tanto a católicos como a protestantes, el cual recibió el nombre de Unión Democrática Cristiana.
En 1946, comenzó la lenta reconstrucción del país
Poco a poco, las responsabilidades políticas se les fueron devolviendo a los alemanes. En enero de 1947, Estados Unidos y Gran Bretaña establecieron una política económica común para sus zonas de ocupación. El 23 de mayo de 1949, cuatro años después de la capitulación, surgió la Constitución alemana (Grundgesetz) y se creó la República Federal Alemana (Alemania Occidental) con las zonas de ocupación estadounidense, británica y francesa. Meses después, la zona soviética se convirtió en la República Democrática Alemana (Alemania Oriental). La división de Alemania era el reflejo de las líneas que dividían a Europa.
En agosto y septiembre de 1949, el Parlamento (Bundestag) votó por un canciller federal que necesitaba la mayoría absoluta. Adenauer fue elegido por un voto único y permaneció en el poder por 14 años. La soberanía de Alemania era muy limitada. Los aliados ejercían el poder sobre Alemania Occidental, ocupada por sus respectivos altos comisarios y el estatuto de ocupación estaba por encima de la Constitución alemana. El estatuto del Ruhr fue la base de control de los aliados sobre los centros industriales, y fue este quien formulo los criterios para el desmantelamiento de la industria alemana, en forma de reparaciones.
Cuando Adenauer fue presentado como canciller, los tres altos comisarios se reunieron en Bonn el 21 de septiembre de 1949. Reveló en su discurso la visión de una nueva Europa, rechazando el retorno del nacionalismo y hablando de la necesidad “de una verdadera Federación Europea vital,” y recalcando que eran necesarias “nuevas alianzas con los ex enemigos y una alianza con Estados Unidos.” La “estrategia de humildad” de Adenauer consistía en cuatro elementos: reconocer las consecuencias de la derrota, reconquistar la confianza de los vencedores, construir una sociedad democrática y formar una alianza europea de estados para superar las divisiones históricas del continente. La relación con Estados Unidos fue fundamental para dar a Alemania un lugar en el mundo, observa Kissinger,
Había una garantía territorial estadounidense unilateral cuando la República Federal de Alemania fue puesta bajo la protección de la recién fundada Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en 1949. En 1950, Dwight Eisenhower se convirtió en el comandante supremo de las Fuerzas Armadas de la OTAN en Europa.
Adenauer estaba convencido de que los europeos deberían fortalecer su cooperación. En sus varios encuentros con Kissinger, a partir de 1953, expresó dudas sobre la “confiabilidad” estadounidense, Al igual que el general de Gaulle, quedó sorprendido con la forma en la que Estados Unidos reaccionaron durante la crisis del canal de Suez, en 1956, respecto a Francia y Gran Bretaña, que querían invadir militarmente el Canal luego de que el presidente egipcio lo nacionalizara.
También expresaba dudas sobre la confiabilidad de Estados Unidos cuando el secretario general soviético Nikita Jrushchev puso la condición jurídica de Berlín en duda, en noviembre de 1958. Y nuevamente en 1961, cuando se construyó el Muro de Berlín, sin ninguna reacción de parte del entonces presidente John F. Kennedy. De la misma forma, expresó varias veces dudas sobre la garantía nuclear estadounidense.
Adenauer renunció en el otoño de 1963, a los 87 años, luego de 14 años en el puesto de Canciller. La mayoría de sus seguidores, dice Kissinger, siguió su tradición, principalmente Helmut Schmidt (1974-1982) y Helmut Kohl (1982-1998).
*MSIA informa

