Elisabeth Hellenbroch, Wiesbaden*
A los 99 años, el por varios lustros decano de la política internacional, Henry Kissinger, acaba de publicar el libro, Liderato. Seis estudios de estrategia mundial (Leadership, Six Studies in World Stretegy, New York, Penguin Press, 2022). La presentación es sumamente oportuna, en un momento en el que las decisiones y la preparación de acciones y estrategias se concentran cada vez más en manos de políticos oportunistas, muchas veces mezquinos intelectualmente o corruptos, en contraste con los requisitos de excelencia y estadismo que exige el autor.
Kissinger observa en el breve apartado dedicado a la vida de de Gaulle, antes de 1940, que era un excelente oficial militar y pensador estratégico. En la Primera guerra mundial, en 1914 fue herido en la ciudad belga de Dinant. En 1916 fue capturado por los alemanes y quedó presó hasta el fin de la guerra, en noviembre de 1918. Leía periódicos alemanes, novelas y discutía. Se acostumbró a la soledad. Ejercía sobre él mismo una disciplina férrea y escribió sobre esto en su diario. El estoicismo se convirtió en el rasgo de su carácter.
El mariscal Phillipe Pétain (posteriormente presidente del gobierno de Vichy, luego de la rendición francesa de 1940) lo respetaba y lo recomendó a la Academia Militar de Saint Cyr en calidad de profesor. Una de sus obras más influyentes fue “Vers l’armée du métier” (Por un ejército profesional), publicada en 1934, en la que criticaba la estrategia militar defensiva de las fortificaciones de la Línea Marginot, y recomendaba, en su lugar, la estrategia ofensiva de cuerpos de tanques. Su objetivo era hacer de Francia una gran nación independiente. Para el, según Kissinger, “la política no era el arte de lo posible, sino el arte de lo que él quería.” Desde el inicio persiguió una estrategia autónoma, confiado en la grandeza de Francia y de su restauración.
En la Segunda guerra mundial, en junio de 1940
Cuando Francia fue ocupada por los nazis, de Gaulle huyó a Londres tan sólo cinco días después de ser nombrado subsecretario de Estado del Ministerio de Defensa. En la capital británica proclamó el movimiento de resistencia Francia Libre, con el único propósito de restaurar la grandeza de Francia, el cual contó con el apoyo inicial del premier británico Winston Churchill. Toda Europa Central había caído en manos de Hitler y, en julio, fue instalado en Francia el gobierno colaboracionista de Vichy.
Las modestas operaciones militares de la Francia Libre se iniciaron en Chad, entonces colonia francesa. Luego del desembarco de las fuerzas aliadas en África del Norte francesa, en noviembre de 1942 (Operación Antorcha), el general Phillipe Leclerc encabezó una tropa de la Francia Libre con 4 mil soldados africanos y 600 franceses, que luchó al lado de las tropas británicas contra el Afrika Korps del general alemán Erwin Rommel, apodado el Zorro del desierto.
Un factor complicado durante ese periodo fue el juego desempeñado por el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, que no aceptaba plenamente a de Gaulle ni a su Francia Libre, prefiriendo relacionarse con el almirante francés François Darlan, comandante de la Marina del régimen de Vichy.
Había también otro contendiente, el general Henri Giraud. Kissinger observa que Roosevelt, Churchill y Stalin, que se encontraron en 1943 en Casa Blanca, Marruecos, querían una solución diferente a la ofrecida por de Gaulle; Roosevelt sugería un comando compartido entre de Gaulle y Giraud. De Gaulle nunca fue invitado por los Aliados a las conferencias realizadas en Teherán, Casa Blanca y Potsdam. El 6 de junio de 1944, las tropas aliadas desembarcaron en la costa de Normandía y de Gaulle no quería que los aliados asumiesen el poder de la Francia liberada, con la intención de fortalecer su posición en la alianza. En aquel momento, las tropas de la Francia Libre estaban a las órdenes de general estadounidense Omar Bradley.
El 26 de agosto de 1944, con la liberación de París, de Gaulle recibió al general Leclerc al frente de las tropas de la Francia Libre y se dirigió al Hotel de Ville, donde se habían proclamado la segunda y la tercera república francesas, y pronunció un discurso en el que no mencionó a Estados Unidos ni a Gran Bretaña, arguyendo que la liberación de París fue un logro puramente francés. Creo una realidad política por pura “fuerza de voluntad,” comenta Kissinger. La nueva resistencia rápidamente se integró a un gobierno provisional. Hasta el 9 de septiembre, de Gaulle consiguió formar un nuevo gabinete que incluía políticos de la Francia Libre de la Tercera república, comunistas y demócratas cristianos en un gobierno de unidad nacional encabezado por él. Su gobierno rechazó toda influencia de los aliados e, igualmente, viajó a Moscú, siendo el primero en discutir con Stalin sobre un orden de la postguerra en Europa.
“Una idea correcta de Francia”
Lo que él quería era la reconstrucción de un Estado francés legítimo y poderoso. De Gaulle tenía “una idea correcta de Francia.” Para él era necesaria una autoridad central, no una dictadura. Dio a la economía un carácter dirigista: Air France, Renault, el carbón, gas y electricidad se nacionalizaron; se fundó un alto comisariado para la energía nuclear al lado de la ENA en el segundo semestre de 1945. Sin embargo, 18 meses después, de Gaulle renunció, debido a su oposición al referendo de octubre de 1946 que optó por un régimen exclusivo de partidos.
Tal gesto, para Kissinger, mostraba un hombre de destino. Se estableció en la ciudad de Colombey-les-deux-Églises, a 200 kilómetros de París, su refugio familiar en Champagne. Dio tan sólo un discurso, el 16 de junio de 1946, en Bayeux, dedicado a la “correcta idea de Francia,” donde afirmó que la “legitimidad del Parlamento tendría debía provenir de un líder, autorizado por toda la nación para actuar y decidir.”
Permaneció en este exilio que él mismo se impuso hasta 1958, cuando Francia enfrentaba la lucha de independencia de Argelia y al terrorismo de la Organización del Ejército Secreto (OAS) (grupo de militares asociados a los servicios de espionaje de la OTAN -n.e.) que se extendía por Francia, además de la amenaza del putsch y del peligro de una guerra civil.
Se debe agregar que, en la década de 1950, también Vietnam, Laos y Camboya proclamaron su independencia del colonialismo francés. En 1954, las tropas vietnamitas apoyadas por China derrotaron a Francia y la obligaron a la capitulación. El segundo choque fue la crisis del canal de Suez en 1956, el intento de Francia, Gran Bretaña e Israel de ocupar militarmente el canal en respuesta a la nacionalización declarada por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. El presidente estadounidense Dwight Eisenhower rechazó dicha intervención por recelo de que la Unión Soviética pudiese explotar la oportunidad.
El 29 de mayo de 1958, de Gaulle recibió del presidente René Coty una invitación para ser el primer ministro de la Cuarta república. Dio una entrevista colectiva en la que dijo que estaba dispuesto, de ser necesario, pero no un dictador. Luego consiguió del Parlamento un decreto para elaborar en seis meses una nueva constitución, cuyos resultados deberían ser llevados a un referendo. Cuando de Gaulle volvió al poder en 1958, para proteger la Constitución, pretendía hacerlo en cuatro etapas: la renovación del orden constitucional para formar un gobierno con autoridad necesaria; acabar con las aventuras coloniales de Francia, para eliminar el cáncer del cuerpo de la sociedad; crear una estrategia militar y política autónoma y presentar este concepto estratégico a los aliados, en particular a los escépticos Estados Unidos. Se convirtió, finalmente, en presidente de la Quinta República de 1958 a 1969. En 1962 terminó con la Guerra de Argelia.
En septiembre de 1958, de Gaulle comenzó a presionar por una política de reconciliación con Alemania, para lo cual invitó al Canciller Konrad Adenauer a visitarlo en su residencia particular en Colombey-les-deux-Eglises para proponerle una nueva sociedad francoalemana. La OTAN existía desde 1949, dirigida por Estados Unidos, que tan solo con el 6 por ciento de la población mundial ya era la principal potencia económica y con un monopolio de las armas nucleares dentro de la alianza. De Gaulle rechazó la concepción de la OTAN, que ponía a las Fuerzas Armadas francesas bajo un comando internacional y que era contrario, además, a la idea de que la identidad francesa se disolvería en instituciones supranacionales. Cuando llegó al poder, aceleró el programa nuclear francés. En marzo de 1959, la flota francesa del Mediterráneo fue retirada del comando de la OTAN.
En junio del mismo año, de Gaulle ordenó que las armas nucleares estadounidenses fuesen retiradas del suelo francés, En febrero de 1960, Francia hizo su primera prueba nuclear en el desierto de Argelia. En 1966, Francia dejó por completo la estructura de comando de la OTAN. En un discurso de 1963, de Gaulle mencionó la necesidad de la “construcción rápida de una fuerza de disuasión nuclear francesa independiente. En el mundo peligroso en el que vivimos es nuestro deber ser fuertes.” El 24 de agosto de 1968, Francia realizó su primera prueba con una bomba de hidrógeno, lo que la convirtió en una potencia nuclear totalmente autónoma.
*MSIA Informa

