junio 03, 2026

Si he sido capaz de dejar a varios “amores de mi vida”, cuantimás un rico pan dulce

Si he sido capaz de dejar a varios “amores de mi vida”, cuantimás un rico pan dulce

El pan es el rey de la mesa y todo lo demás no es más que la corte que rodea al rey: Louis Bromfield (escritor de EU)

Bolivar Hernandez*

Después de casi ocho décadas consumiendo pan dulce y pan blanco, el asunto se convirtió en un hábito muy arraigado en la alimentación. Más que un hábito, lo considero una adicción peligrosa para la salud.

La historia de mi afición al pan comenzó en mi más tierna infancia, y mis abuelas me introdujeron en esa adicción golosa por el pan.

Siendo yo el primer nieto en ambas familias, mis abuelas me consentían con el pan dulce que yo remojaba en café con leche, dando paso a una costumbre muy fuerte que consistía en “sopear” el pan impregnado de leche o café.

Sopear el pan dulce en algún líquido es una costumbre que les heredé a mis hijos desde pequeños, en contra de los deseos de sus respectivas progenitoras, que consideraban eso como una fea costumbre.

Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial del Pan, para promover la cultura del pan, dar a conocer su valor nutricional y su importancia en la dieta humana.

Muy niño viví en el pueblo de mi padre, en Guatemala

Fui criado por mi abuela paterna, quien me permitía sopear el pan dulce, inclusive en agua gaseosa, color grosella, y me divertía cómo, al sumergir el pan en ese refresco color guinda, las burbujas se impregnaban en mi concha, cocada o lo que fuera.

Con mi abuela mexicana, la situación era diferente. Ella me servía café con leche en un pocillo de peltre de medio litro, a veces era chocolate en cantidades industriales. Era su manera de expresar su amor a los suyos.

Tengo una historia con el pan dulce que se remonta a los tiempos cuando era un niño de 10 años, vivía en México exiliado. Las carencias económicas nos obligaban a vivir con limitaciones, y una de ellas era racionar el consumo de pan dulce, dos panes por cabeza.

Yo sufría por ello, además de que mis hermanitos me pedían mis panes en préstamo. Préstamos impagables. Me sacrifiqué por ellos y les cedía mis panes.

Ya siendo mayor de edad y con recursos económicos suficientes, pude satisfacer mi placer de consumir grandes cantidades de panes dulces, que engullía con los ojos cerrados. Conozco todas las buenas panaderías de la Ciudad de México, soy gran conocedor de la buena panificación.

Foto: miriangil 

Siendo un hombre mayor ahora

Con buena salud, soy vegetariano y hago bastante ejercicio físico. Sin embargo, me percaté que el consumo moderado de pan dulce me provoca muchos problemas gástricos, como inflación del vientre y malestares en forma de reflujo, algo muy desagradable.

Y tomé la determinación drástica de no consumir más un solo pan dulce. Tengo voluntad de hierro y acepto dejar lo que me hace daño a la salud. Así lo hice con un hábito perjudicial que tuve de muy jovencito, que fue fumar tabaco.

Hábito adquirido en la selva chiapaneca donde vivía entre campesinos pobres, y me indicaron que una forma segura de alejar los mosquitos era echarles humo de cigarros. ¡Un fiasco!, aquello nunca funcionó y los mosquitos me devoraban igual con humo o sin humo.

Tengo pocos días de no comer pan dulce y mi salud mejoró un cien por ciento, y sufro ahora el síndrome de abstinencia, ¡es verdad!.

El funcionamiento de mis sistemas digestivos y respiratorios, es algo dificultoso en extremo. Del aparato respiratorio lo vengo padeciendo desde mi nacimiento. Soy delicado de los bronquios. Y del aparato digestivo, padezco ahora de una “digestión lenta”, asunto de mi edad.

Veo en mi casa la panera repleta de panes dulces, y la miro y no tomo ninguno. Mis hermanas siguen la misma ruta familiar, son adictas a los carbohidratos.

Si he sido capaz de dejar a varios amores de mi vida, cuantimás a una rica concha bañada de azúcar.

* La vaca filósofa.

Fotos congerdesign/miriangil 

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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