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En las dos guerras mundiales del siglo XX, el orden mundial pasó por cambios dramáticos; por eso el titulo anterior establecería el criterio para vislumbrar lo que es hoy por hoy el acontecer mundial claramente encauzado a la constitución de un orden de poder global diferente.
Sin duda, la guerra Rusia-Ucrania es uno de los acontecimientos que preanuncian el nuevo sistema, sustituyendo el hegemonismo unipolar por uno más equitativo. Varias regiones del globo, y de manera vivaz el así denominado Sur Global lo atestiguan.
Fue la propia coalición movilizada contra Rusia, la que revistió el conflicto ucraniano de una guerra mundial, por lo cual la inevitable derrota del régimen de Kiev implica la derrota de la OTAN.
El gran problema
A medida que empeora la situación del régimen del presidente Volodímir Zelenski, mayores son los riesgos de escalada que sus controladores occidentales están dispuestos a asumir. Entre ellos, la creciente probabilidad de una confrontación directa con Rusia, lo que conduciría casi inevitablemente a un tiroteo nuclear cuyas consecuencias catastróficas se conocen.
Y no se trata solo de permitir a Kiev utilizar misiles de mediano alcance de fabricación estadounidense, británica, francesa o alemana para atacar objetivos dentro de la Federación Rusa, lo que ya se está haciendo, con la plena conciencia de Moscú. Sino que además en varias capitales europeas ya se habla abiertamente de enviar las fuerzas terrestres de la Alianza bélica a Ucrania, un atrevimiento al que Rusia ha respondido con advertencias repetidas.

El lunes 3 de junio, en una entrevista con TASS
El viceministro de Relaciones Exteriores, Sergei Ryabkov, transmitió un mensaje claro a Washington:
Sugeriría cautela a los funcionarios estadounidenses sobre errores de cálculo que podrían tener consecuencias fatales. Por alguna razón desconocida, subestiman la gravedad de las represalias que pueden recibir. Recomiendo que estos funcionarios, a los que aparentemente no les importa nada, dejen de jugar juegos de computadora, que es aparentemente lo que están haciendo, dados sus enfoques frívolos sobre temas serios, y den oídos a lo que dijo [el presidente Vladimir] Putin, particularmente en una conferencia de prensa después de las conversaciones en Tashkent [en su reciente visita de Estado a Uzbekistán].
Recordando, el presidente ruso afirmó que, “esta escalada constante podría acarrear graves consecuencias. Si estas graves consecuencias se producen en Europa, ¿cómo se comportará Estados Unidos, teniendo en cuenta nuestra paridad en el campo de las armas estratégicas? ¿Quieren un conflicto global?”
En un artículo recién publicado
Dmitri Suslov, miembro del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, los dichos lanzando una propuesta verdaderamente explosiva:
Para confirmar la seriedad de las intenciones de Rusia y convencer a nuestros adversarios de la voluntad de Moscú de escalar, es conveniente considerar una demostración no agresiva de una explosión nuclear. El efecto político y psicológico de una nube atómica en forma de hongo, transmitida en vivo por los canales de televisión de todo el mundo, devolvería a los políticos occidentales lo único que evitó las guerras entre las grandes potencias después de 1945, y que ahora han perdido en gran medida: el miedo a una guerra nuclear.
En otras palabras: ya estamos en una tercera guerra mundial, aunque todavía no ha recibido este nombre, puede terminar como la segunda, solo que esta vez, hay dos bandos equipados hasta los dientes con las armas del apocalipsis.

