En un grave momento de las relaciones internacionales, la 79ª Asamblea General de Naciones Unidas, celebrada en New York, a finales de septiembre, se enfocó inevitablemente en los crecientes riesgos de una escalada militar, especialmente en la región del Oriente Medio y en Ucrania, y de una guerra global.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Igualmente, por primera vez en el contexto de la Asamblea General, se realizó una cumbre de los países del G-20. Junto con los múltiples llamados a un deseable proceso de paz, los países emergentes pidieron compromisos con el comercio global.
Brasil, India y África del Sur, tres miembros fundadores del grupo BRICS, se manifestaron a este respecto. Conviene no ignorarlos, en tanto se encuentra en discusión la estructura de un nuevo orden mundial multilateral y multipolar, que también promueve un fuerte multilateralismo, una revisión profunda de la estructura de Naciones Unidas, en particular del Consejo de Seguridad, y de una reforma de la arquitectura económica y financiera.
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y quien actualmente detenta la presidencia rotativa del G-20, fue lo más claro:
Hemos sido incapaces de responder a las crisis globales, porque cambiamos el multilateralismo por acciones unilaterales y acuerdos de exclusión. Así, las instituciones multilaterales perdieron su credibilidad.
“Si los países ricos desean tener el apoyo del mundo en desarrollo para enfrentar las múltiples crisis de nuestro tiempo, el Sur Global debe estar plenamente representado en los principales foros de toma de decisiones”, dijo Lula, ampliando que la primera área de foco es eliminar el carácter altamente regresivo de la arquitectura financiera internacional”.
Las tasas de interés impuestas a los países del Sur Global
Son mucho más elevadas que las aplicadas a las naciones desarrolladas. Los países africanos contraen préstamos a tasas hasta ocho veces superiores a las de Alemania y cuatro veces mayores a las de Estados Unidos, resaltó el presidente brasileño.
Los niveles de deuda, afectan gravemente a algunos países emergentes, estrangulando cualquier inversión en infraestructura, bienestar y sustentabilidad. En 2022, la diferencia entre la cantidad de pagos hechos por el mundo en desarrollo a los acreedores extranjeros fue de 49 mil millones de dólares.
Aunque los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) de la ONU estén retrasados, las 150 empresas más grandes del mundo facturaron 1.8 billones de dólares en los últimos dos años. Las fortunas de los cinco billonarios más grandes del planeta más que se duplicaron desde el inicio de la década, mientras el 60% de la humanidad es más pobre.

En resumen, el mensaje fue:
Las instituciones del Bretton Woods ignoran las prioridades y necesidades del mundo en desarrollo, el cual no está representado de una forma consistente con su actual peso político, económico y demográfico. Por desgracia, la cumbre del G-20, bajo presión de EUA y del resto de Occidente, se limitó a “promover mejoras” y “movilizar posibilidades financieras”, en lo tocante hacia una reforma de la arquitectura financiera internacional.
Aunque los gastos militares globales hayan aumentado por noveno año consecutivo, llegando a 2.4 billones de dólares, disminuyeron los fondos destinados al combate a la pobreza. El número de personas con hambre aumentó en más de 152 millones desde 2019, el 9% de la población mundial, ubicándose la cifra de personas desnutridas en 733 millones.
El primer ministro indio Narendra Modi, representando a la mayor democracia del mundo y más de 1300 millones de compatriotas, resaltó que “el éxito de la humanidad reside en nuestra fuerza colectiva, no en el campo de batalla…Las reformas de las instituciones globales son esenciales para la paz y el desarrollo globales”. Observando que India logró sacar a 250 millones de personas de la pobreza, destacó la adhesión permanente de la Unión Africana al G-20 desde la cumbre de Nueva Delhi de 2023. Un paso importante en la reforma del sistema global.
Por su parte, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa reiteró la centralidad de Naciones Unidas, llamando, no obstante, a su reforma profunda. Por ejemplo, el Consejo de Seguridad, creado hace 78 años, nuca cambió, excluyendo así a África y sus 1400 millones de habitantes de las principales estructuras de las tomas de decisión. Según él, la exclusión de África y de América Latina es un legado del pasado dominio colonial.
Después de enfatizar que la deuda es la piedra en el pescuezo de los países en desarrollo y que su servicios se está robando los recursos tan necesarios para la salud, la educación y las inversiones sociales, Ramaphosa dijo que “África del Sur apoya el llamado del secretario general de la ONU para la reforma de la arquitectura financiera global, para permitir que los países salgan del área movediza de la deuda”. En 2025, África del Sur asumirá la presidencia del G-20 y pretende proseguir luchando por esas exigencias.
*MSIA Informa

