abril 18, 2026

USAID, ¿fin del imperialismo humanitario?

USAID, ¿fin del imperialismo humanitario?

El presidente Donald Trump en la segunda semana en el cargo, asestó un golpe a un tentáculo del poder del Establishment oligárquico angloamericano, al decretar el cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

MSIA Informa

Dentro del torrente de órdenes ejecutivas, Trump determinó la suspensión durante 90 días de todas las operaciones de ayuda exterior, para su reevaluación y realineamiento”.

La finalidad que le dio origen en 1961 fue manejada al antojo del poder dominante y paulatinamente forjó su rostro actual: gran parte de la necesaria ayuda humanitaria es un mero disfraz para ejercer influencia política en los países blanco de un juego geopolítico; a menudo su entrometimiento es más efectivo que los métodos de la diplomacia dura empleados por agencias de inteligencia entre ellas la CIA, con la que, de hecho, la USAID ha mantenido una estrecha cooperación.

Días después del conocimiento de la orden ejecutiva

Elon Musk, jefe del recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), le cargó a la entidad diciendo que era un “nido de gusanos”. Por su parte, Trump agregó que estaba dirigida por “un grupo de lunáticos”. Por el momento, sus actividades están casi paralizadas, mientras los nuevos detentores del poder en Washington deciden su destino.

Junto con el National Endowment for Democracy (NED) y el Open Society Institute propiedad del mega-especulador George Soros, la USAID ha sido un actor clave de intromisión en las últimas décadas.  Si por el lado político a nombre de la defensa de la democracia, ha fomentado las “revoluciones de colores” a conveniencia del poder dominante, por el otro, auspicia la proliferación de surtidas organizaciones no gubernamentales (ONG) para imponer la nueva cara blanda de la diplomacia intervencionista:

El medio ambiente, los derechos humanos ad hoc, la capacitación prodemocrática, la reducción de la población, la ideología de género, el indigenismo y otras perlas sintéticas fabricadas en las fábricas de la ingeniería social.

Con un presupuesto anual de alrededor de US$ 40.000 millones y 10.000 empleados, de los cuales dos tercios están en el extranjero, la agencia mantiene operaciones en más de 100 países.

En la ayuda sobresalen naciones poseedoras de valiosos recursos naturales. Por eso, en la década de los 1970s la agencia mediaba la confabulación del ex secretario de Estado, Henry Kissinger para frenar drásticamente el crecimiento poblacional en 13 países en aras de proteger y disponer de recursos vitales, entre otros, Brasil, México, Colombia, etc.

En África la agencia es sinónimo de esclavitud y control demográfico mediante las esterilizaciones masivas forzadas, inducción del aborto y de otros anticonceptivos.

Foto: ammarhreib

El poder suave  

En un artículo publicado el 3 de febrero, el ex congresista republicano Ron Paul, un acérrimo opositor del Establishment resumió el desempeño de la agencia:

“Muchos estadounidenses todavía pueden tener la idea de que la USAID es una agencia gubernamental que ayuda en casos de desastre en el extranjero. Es posible que aún recuerden las bolsas de arroz o granos con el logotipo de USAID. Pero eso no es la USAID.

La USAID es un componente clave de las operaciones de ‘cambio de régimen’ del gobierno de Estados Unidos en todo el mundo. Gasta miles de millones de dólares cada año en apoyo a las ONG en el extranjero que funcionan cual gobiernos en la sombra, erosionando a los gobiernos electos que los intervencionistas estadounidenses quieren derrocar. Detrás de la mayoría de los desastres de la política exterior de EE.UU. en el extranjero, veremos las huellas dactilares de la USAID. Desde Ucrania hasta Georgia y más allá, la USAID se está entrometiendo en los asuntos internos de países extranjeros, algo que enfurecería a los estadounidenses si nos estuviera sucediendo a nosotros.

Del lado de los círculos de poder, el historiador Max Boot, veterano miembro del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), uno de los principales órganos del Establishment,  en un artículo publicado en el Washington Post el 5 de febrero disgustado afirmó:

Lejos de ser una organización criminal y malvada que merece ‘morir – en la extraña descripción de Elon Musk, el hombre más rico del mundo- la USAID ha sido un componente vital del poder blando de Estados Unidos

La Amazonia brasileña santuario de la USAID  

A raíz de la decisión del gobierno de Donald Trump, en Brasil se ha ventilado públicamente lo que era un secreto a voces acerca de la dimensión de las actividades de la agencia en la estratégica región amazónica.

El 6 de febrero el periódico brasileño, Folha de S. Paulo en una columna de Rodrigo Tavares se asienta: “Los desvaríos de Trump ya están impactando a Brasil: el congelamiento de la ayuda exterior de EE.UU. afecta a decenas de proyectos de la USAID en el país”;

En Brasil, la USAID desarrolla un largo menú de programas de apoyo, enfocados en la prevención de incendios forestales, combate a los delitos ambientales, inclusión, igualdad de género y turismo sostenible. A principios de año, la agencia lanzó una nueva política de promoción global de la biodiversidad que tenía a Brasil como buque insignia.

“La USAID trabaja en todos los estados de la Amazonía Legal. En 2023 se realizaron actividades en 170 áreas protegidas, incluyendo capacitaciones a más de 13 mil personas. Su trabajo ha mejorado las prácticas de manejo forestal en un territorio amazónico de 48 millones de hectáreas. La Funai, el Ibama, el ABC, los ministerios de Salud y Medio Ambiente y decenas de otros organismos públicos brasileños son socios de la agencia estadounidense. En mayo de 2024, la USAID movilizó millones en apoyo de las víctimas de las inundaciones en Rio Grande do Sul”.

Un informe interno de USAID/Brasil de 1997 reiteró los objetivos de la agencia:

“El programa de USAID se enfoca en temas clave de medio ambiente y salud global, que también son prioridades para Brasil. El programa también refleja las preocupaciones tradicionales de los Estados Unidos sobre la dignidad humana y el bienestar, apoyando a la sociedad civil para abordar a los jóvenes en riesgo. Asimismo, en este período de la estrategia se completará el exitoso programa de planificación familiar de la USAID, con responsabilidades asumidas por las instituciones brasileñas… El alcance de los desafíos para Brasil es enorme y los recursos de la USAID son limitados. Por lo tanto, el programa de la USAID está diseñado como un esfuerzo de alto impacto, estratégicamente enfocado y de bajos recursos que utiliza los importantes recursos de personal calificado e interés propio de Brasil en áreas donde la USAID tiene ventajas comparativas y prioridades: el medio ambiente y la salud. Los esfuerzos del programa están diseñados para garantizar la replicación, mediante una estrecha coordinación y movilización de otros donantes y recursos nacionales”.

En 2005, la USAID decidió escalar su agenda ambiental con la elaboración de un plan para la ocupación efectiva de áreas críticas de la Amazonía, denominado, Conservación de la Cuenca Amazónica (ABCI, por sus siglas en ingles). Su objetivo fue coordinar las acciones de diversos grupos ambientalistas e indigenistas nacionales y extranjeros, proporcionándoles los recursos e instrumentos de “gobernanza ambiental” para el control efectivo de la forma de ocupación de la región, con el objetivo de obstaculizar el desarrollo de Brasil y sus vecinos amazónicos, insidiosamente presentados como una amenaza para la integridad del medio ambiente de la región.

En mayo de 2007, en nuestras publicaciones denunciamos tal programa en una edición especial que circuló rápidamente por todo el país y catalizó una firme respuesta al ABCI por parte de sectores del gobierno brasileño, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Ministerio de Defensa.

El “malestar diplomático” con la embajada de Estados Unidos, indicó entonces el diario Correio Braziliense, obligó a paralizar el programa, que fue retirado del sitio web de la USAID y más tarde reconvertido en la llamada Iniciativa para la Conservación de la Amazonía Andina (ICAA), ya sin mencionar a Brasil, que era su principal objetivo.

Sin embargo, el revés momentáneo no impidió que USAID mantuviera su énfasis en la agenda verde-indígena, para lo cual creó la Alianza para la Conservación de la Biodiversidad en la Amazonía (PCBA), que comenzó a recibir la mayor parte de sus desembolsos en el país – en 2024, unos US$ 14 millones de los US$ 22,6 millones de su presupuesto para el año.

En la recién creada PCBA, la USAID tuvo como socios importantes a las ONG que forman parte del aparato ambientalista-indigenista internacional que maniobra en Brasil. Entre ellos, se destacan: Instituto Socioambiental (ISA); WWF-Brasil; Fundación Amazonía Sostenible (FAS); Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB); Instituto Internacional de Educación de Brasil (IEB); Imazón; Instituto de Investigación Ecológica (IPE); Consejo Indígena de Roraima (CIR); Instituto para la Sociedad, la Población y la Naturaleza (ISPN); y otros.

Imagen: Tumisu

Brasil es una prioridad para el Establishment, y la presa no será soltada tan fácilmente

Por eso, a pesar delos fracasos anteriores, en 2015 volvió a la carga lanzando el siniestro proyecto del Corredor Andes-Amazonas-Atlántico, (el Triple A), propuesto por el antropólogo colombo-estadounidense Martin von Hildebrand, patrono de la Fundación Gaia Amazonas (FGA); el plan tuvo el respaldo del entonces presidente colombiano Juan Manuel Santos. En ese momento, tal Fundación tenía entre sus financiadores a la Fundación Interamericana, vinculada al Congreso de los Estados Unidos, que cumplía funciones análogas a las de la USAID.

Al igual que había ocurrido con el ABCI, en la década anterior, el proyecto fue denunciado nuevamente por el Movimiento de Solidaridad Iberoamericano (MSIa),  lo que provocó una firme reacción contra ciertos sectores institucionales brasileños, especialmente las Fuerzas Armadas, respecto a la participación del país en el mismo. Una reacción que, como en el caso del proyecto de la USAID, vació el Corredor, lo que no habría tenido sentido sin Brasil. 

El libro “Mafia Verde: ecologismo al servicio del Gobierno Mundial”, de Lorenzo Carrasco, Silvia Palacios y Geraldo Luís Lino (12ª edición en adelante), contiene un capítulo dedicado al trabajo de USAID en Brasil.

Entre otros de sus divertimentos, la agencia fue un patrocinador de la Sociedad de Bienestar Familiar (BEMFAM), el brazo nacional de la Fundación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), entidad patrocinada por jerarcas del movimiento eugenésico anglo-americano, entre otros por la familia Rockefeller. Oficialmente orientada hacia la promoción de técnicas de planificación familiar, la BEMFAM fue objeto de numerosas acusaciones, hasta de Ministros, sobre el uso de esterilizaciones forzadas de mujeres pobres en los estados del nordeste brasileño.

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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