El cambio de año trajo una desagradable sorpresa para la ya titubeante industria de las finanzas vinculadas a criterios de protección del ambiente y del clima mundial, publicitada con anuncios altisonantes como el de las metas cero neto (emisiones de carbón cero netas) o el del plan ESG, acrónimo en inglés de ambiente natural, social y gobierno.
Lorenzo Carrasco*
En el último día del año, los megabancos Citigroup y Bank of America anunciaron la salida de la Alianza Bancaria Cero Neto (Net Zero Banking Alliance- NZB), grupo de bancos internacionales comprometidos con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que, supuestamente, estarían exacerbando los cambios climáticos.
A principios de mes, el Wells Fargo, el Goldman Sachs y el Morgan Stanley ya habían anunciado las respectivas salidas y, el 7 de enero, le correspondió a JP Morgan hacer lo mismo.
Y no paró en esto…
El día 9, Black Rock, el mayor fondo de manejo de activos del mundo, comunicó a sus clientes su salida de Gestores de Activos Cero Neto (Net Zero Asset Managers- NZAM), iniciativa semejante que reúne a 325 fondos gestores de activos internacionales con el mismo propósito de NZBA.
Ambas iniciativas, creadas en 2021, están vinculadas a la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (Glasgow Financial Alliance for Net Zero- GFANZ), entidad creada el mismo año y codirigida por el Enviado Especial de las Naciones Unidas para Medidas y Finanzas, Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, y el multimillonario Michael Bloomberg.
Su objetivo es agrupar representantes del sector financiero para promover una convergencia de criterios y de normas referentes a la concesión de préstamos e inversiones vinculados al programa del carbón cero, en 2050.
El pesimismo desatado por la defección de estos pesos superpesados del plan financiero verde se reflejo en un preocupado artículo del Financial Times del 13 de enero, con el sugestivo título de “Cinco cuestiones de finanzas verdes para 2025: el año nuevo traerá duras dificultades para los inversionistas en la transición energética.”
Veamos lo que dice el vocero de la City de Londres
“Tanto en EEUU como en la Unión Europea, la tendencia es imponer barreras comerciales a las importaciones de tecnologías verdes de China, lo que podría retardar la transición energética.
Y observa: El cuán largo será el endurecimiento de las reglas comerciales es una pregunta crucial. Igualmente, cuán severamente resultará afectado el sector de técnicas verdes de China y cómo responderá -si respondiendo con las restricciones comerciales correspondientes o redoblando sus esfuerzos para aumentar las exportaciones de tecnología limpia a economía en desarrollo más amistosas.
El FT cita un estudio reciente de la Fundación Carnegie de EEUU, según el cual, tales disputas comerciales “podrían producir un desacoplamiento más profundo y abrupto, que sea muy disruptivo en un momento crítico.”
Además refleja la preocupación general de los mentores de las finanzas verdes con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, “quien prometió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París y, probablemente. Poner freno a la ayuda internacional orientada al clima.”
En sus propias palabras, éste fue un factor tras de la negativa de otras naciones ricas a hacer compromisos generosos en Bakú, y mucho dependerá de hasta dónde estén preparadas para satisfacer cualquier laguna financiera dejada por Washington.

La otra preocupación es la explosión de la Inteligencia Artificial (IA) y sus consecuencias en el sector energético, que considera como uno de los temas más significativos para la expansión de las energías limpias. Admite que, “en 2025, el desafío de la Inteligencia Artificial para las redes eléctricas tiende a empeorar.”
Un informe de la Corporación Norte Americana de Confiabilidad Eléctrica (NERC) divulgado en diciembre, advierte que el consumo de energía del sector de la IA durante los periodos pico de demanda podrá causar desconexiones en Estados Unidos y Canadá.
El crecimiento de la demanda es ahora más grande que en cualquier momento de las últimas dos décadas, afirma.
La última cuestión es directa: ¿Cómo se desarrollará el retroceso legal contra el ESG?
“Las inversiones sustentables dieron marcha atrás en Estados Unidos en 2024. La demanda de los inversores de fondos ESG se redujeron en 2024, a medida que los políticos republicanos elevaron sus ataques a la pauta ambiental, social y de gobierno.
Tras la victoria de Trump, en noviembre, los estados gobernados por republicanos entraron en un proceso federal en defensa de la competencia contra Black Rock, State Street y Vanguard, acusándolos de utilizar sus activos referentes a productores de carbón para obligar a los abastecedores a alcanzar las metas de emisiones de emisiones de carbón cero netas.
Este litigio se observará atentamente en 2025, para ver si tiene éxito y se extiende a otras compañías. Los republicanos, obviamente, están decididos a desmantelar los programas del ESG y de la DEI (diversidad, equidad e inclusión).
Una cuestión crucial este año será la terminología. Las compañías financieras seguirán estrategias de finanzas sustentables con el uso de un lenguaje diferente – ¿o lo abandonarán de plano?

