Es innegable que Donald Trump está asestando golpes devastadores a una estructura de poder que ha gobernado EEUU tras bambalinas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un armazón más pesada luego del final de la Guerra Fría a principios de la década de los 199s, el recientemente intitulado Estado profundo.
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Una potencia especializada en operaciones encubiertas contra sus oponentes, echando mano ya sea de intervenciones directas, asesinatos, atentados y golpes de Estado, como también acciones de influencia para socavar la soberanía de los países objeto de sus intereses; para ello, entre otros tentáculos de la diplomacia suave, financiaron una plétora de organizaciones y entidades locales bajo el manto de actividades meritorias, ergo la ayuda humanitaria, la promoción de la democracia ad hoc, la protección de los derechos humanos y del medio ambiente, la selectiva lucha contra el racismo, etc.
Entre sus numerosas víctimas, destacan en el propio EE.UU. los hermanos Kennedy, John (1963) y Robert (1968), asesinados en atentados, iguales al que sufrió el propio Trump, entonces candidato, en julio de 2024.
Así que no es de extrañar que Trump tenga el cuchillo listo contra las columnas del poder del Estado profundo, a eso se debe el cierre de la USAID, el de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), la máquina de los catástrofes climáticas, la publicación de la documentación oficial sobre el asesinato de John Kennedy y otras medidas, además de rodearse de aliados comprometidos con tal programa de gobierno.

El verdadero enemigo de EEUU no es Rusia o Ucrania. Ni siquiera China…
Uno de ellos, quizás el más simbólico, es Robert Kennedy Jr., hijo de Robert y sobrino de John Kennedy, nombrado para el Departamento de Salud, quien utilizó su cuenta X (antes Twitter) para transmitir el siguiente mensaje, luego de la pelea en la Casa Blanca entre Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, el viernes pasado:
Este tuit corre el riesgo de ser denunciado y restringido, pero veo la necesidad de decirlo en voz alta: nuestro verdadero enemigo no es Rusia o Ucrania. Ni siquiera China. Ellos son los que indujeron y trataron de perpetuar las guerras, para embolsarse miles de millones de nuestro dinero. Ellos son los que han financiado los levantamientos y la inestabilidad en todo el mundo a través de la USAID. Son aquellos que han cometido crímenes indescriptibles contra los niños en una isla y se han mantenido por encima de la ley.
Ellos son los que manipulan a la gente con una propaganda interminable, utilizando nuestros impuestos. Ellos son los que han sembrado tanta división entre nuestro propio pueblo. Ellos son los que le dispararon en la cabeza a mi padre, a mi tío y a Donald Trump. Ellos son los que han envenenado a nuestro propio pueblo durante años, solo para poder obtener más ganancias. Son el mismo grupo de personas. Y no nos detendremos hasta que los rompamos en mil pedazos, el Estado profundo, y recuperemos nuestro país.
Esta última frase es un recordatorio de la promesa de John Kennedy de dividir la CIA en mil pedazos, que no pudo cumplir porque el Estado profundo, del cual la CIA es una sección clave, lo eliminó antes. Irónicamente, ahora, es el fantasma de los hermanos Kennedy el que acecha a este mismo poder paralelo.

