Antes, incluso del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en 2025, Suecia la tierra de la expromotora de pintas, Greta Thunberg, ya mostraba una tendencia al abandono de la ideología y del comportamiento ambientalista, cuyos embates en las leyes fiscales y en la economía real, han mostrado su incompatibilidad con el progreso humano.
Lorenzo Carrasco
El gobierno del primer ministro Ulf Kristersson, una coalición entre partidos moderados, demócratas cristianos y demócratas suecos, ha demostrado desde 2022 una clara preferencia por el progreso económico del país, en detrimento de los programas “verdes.” Para empezar, desapareció el Ministerio del Medio Ambiente, para repartirlo en el Ministerio de Energía, Negocios e Industria. Cortó también los subsidios de los automóviles eléctricos, redujo los impuestos al diesel para aliviar la situación de los productores agropecuarios y congeló las garantías estatales para los proyectos industriales vinculados a la transición energética.
Con esta reorientación, el movimiento de Greta, Fridays for Future, prácticamente salió del escenario y la exmilitante climática ofrece ahora sus servicios a otras causas políticas en otros países, incluso en protestas contra los gobiernos de Israel y de Georgia. Un ambientalista, el economista Johan Rockström, director adjunto del Instituto Potsdam para Investigación de Efectos Climáticos (PIK), uno de los principales centros de divulgación del catastrofismo climático, se lamenta:
Fuimos una de las primeras economías del mundo que demostró que podíamos disociar el crecimiento económico de las emisiones. Ahora estamos perdiendo nuestra reputación como país que inspiraba respeto.
De forma paralela al “desverdeamiento,” el país se une decididamente al impulso de retomar la energía nuclear, modalidad que nunca contó con la simpatía de los ambientalistas.
Suecia opera actualmente seis reactores nucleares, con capacidad total de 6 gigawatios (GW), que proporcionan cerca del 30 por ciento de la electricidad doméstica, y pretende instalar diez más para 2045, entre ellos reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés), con lo que duplicaría su capacidad instalada actual.
El gobierno, para ello, introdujo mecanismos de apoyo estatal como préstamos públicos y contratos de precios diferenciados para atraer inversionistas y reducir los riesgos financieros del sector, mientras que el Parlamento actualizó la legislación sectorial para permitir, inclusive, la construcción de reactores en zonas costeras, vetada anteriormente. La ambiciosa expansión de la energía nuclear se considera la pieza central de transición energética sueca.

El movimiento sucede en sintonía con el renacimiento nuclear en el mundo
Con las fuentes nucleares dotadas de un papel cada vez más relevante en términos de la necesidad de contar con una considerable expansión de la generación de base confiable, en especial, en función de las necesidades de la economía digital (data centers, etc.), y de la percepción creciente de la inviabilidad tecnológica de que tales requisitos puedan satisfacerse con las fuentes intermitentes como las eólicas o las solares.
Existen actualmente 415 reactores nucleares en operación en 32 países, que producen un poco menos de 390 GW de capacidad instalada, lo que representa cerca del 9 por ciento de la generación mundial de electricidad. Otros 68 están en construcción en diez países, lo que representa una capacidad de entre 65 y 68 GW más.
Una tecnología nuclear para producción de electricidad es la de los SMR, con potencia entre los 100 y los 30 megavatios (MW), de los que existen cerca de 120 proyectos en desarrollo, que representan una promesa de menores costos de construcción y de mayor flexibilidad operacional, pudiendo ser instalados en centros urbanos e industriales de menor porte o alimentar data centers, entre otras posibilidades.
Mientras el mundo avanza, Brasil sigue patinando con su programa nuclear
En congruencia con una miopía estratégica generadora de indecisión política que mantiene al sector detenido en una sequía presupuestal potencialmente mortífera. La planta Angra 3, cuyo proyecto se arrastra desde hace casi cuatro décadas, es el mejor ejemplo de ese estancamiento, que está llevando a una generación entera de técnicos nucleares a retirarse sin verla concluida.
Además del desgaste de la fuerza de trabajo calificad, la ausencia de una decisión tiene un alto costo financiero para los cofres públicos; cerca de mil millones de reales al año tirados con costos financieros y el mantenimiento de un cementerio de obras paralizadas, por no hablar del riesgo del desplome financiero de la empresa paraestatal Eletronuclear, amenazada por el cobro de casi 7 mil millones de reales en deudas relacionadas a la planta, acompañada por los bancos oficiales.
En 2024, los acreedores acordaron una suspensión temporal del cobro de las deudas, pero el recurso no se puede repetir indefinidamente.

Pero no todas son malas noticias
Una iniciativa de lo más promisoria es el Proyecto de Microrreactor Nuclear Nacional (PMNN) que pretende el diseño y la construcción de un microrreactor de 5 MW, con un amplio abanico de usos potenciales: generación eléctrica y térmica para pequeñas comunidades, para instalaciones industriales, para zonas remotas, hospitales y hasta para la explotación petrolera.
El proyecto, encabezado por las empresas privadas Diamante Energía e Terminus P&D en Energía y por la estatal Industrias Nucleares de Brasil (INB), recibió 30 millones de reales de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) y 20 millones de Diamante Energia. Esta última es dueña del complejo termoeléctrico Jorge Lacerda, en el estado de Santa Catarina, y pretende convertir parte de la infraestructura del complejo en un centro de innovación para el desarrollo tecnológico y operacional del microrreactor.
El PMNN es un buen ejemplo de sociedad público-privada, muy bienvenida en el campo nuclear, y cuenta con la participación de otras instituciones, entre ellas la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN), Amazonia Azul Tecnologias de Defesa S.A. (AMAZUL), la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), la Universidad Federal del ABC (UFABC), la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), el Instituto Nacional de Telecomunicaciones (INATEL), el Directorio de Desarrollo Nuclear de la Marina (DDNM) y del Centro Tecnológico de la Marina en Sao Paulo (CTMSP).
Está previsto que los estudios conceptuales de las tecnologías involucradas concluyan en 2028.

