abril 23, 2026

Exorcizar los demonios de la soberbia y el poder absoluto

Exorcizar los demonios de la soberbia y el poder absoluto

El clamor por una Autoridad Legítima Internacional*

En el marco de la denominada “Operación Furia Épica” —el despliegue bélico orquestado por Estados Unidos e Israel para lanzar una ofensiva contra Irán—, fue la voz del Papa León XIV la que desató la cólera del presidente Donald Trump.

Al mandatario le resultó intolerable verse cuestionado en su pretensión de erigirse como autoridad universal, regente de los destinos de la humanidad y con el poder de “aniquilar una civilización”.

Tal como advierten los oráculos en la tragedia griega, a los soberbios —aquellos que se creen divinidades— los dioses los enloquecen antes de destruirlos. No parece aguardar otro destino a Trump y a su aliado Benjamin Netanyahu, quienes calcularon erróneamente el alcance de sus oscuras intenciones.

Durante la vigilia por la paz convocada el 11 de abril, ante la inminencia de un conflicto generalizado en Oriente Medio, el Pontífice prescindió de protocolos diplomáticos para sentenciar con contundencia:

¡Alcemos la mirada! ¡Resurjamos de entre los escombros! Nada puede encadenarnos a un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo donde las tumbas parecen insuficientes porque se continúa crucificando la vida, sin derecho y sin piedad. Que nuestros pensamientos, palabras y obras rompan la cadena demoníaca del mal para ponerse al servicio del Reino de Dios; un Reino donde no hay lugar para espadas, drones, venganzas ni la banalización del mal, sino solo para la dignidad, la comprensión y el perdón.

papa leon 14

En un retrato apenas velado del presidente estadounidense y su homólogo israelí, el Papa prosiguió:

Hallamos aquí un baluarte contra ese delirio de omnipotencia que se torna cada vez más imprevisible y agresivo. ¡Basta ya de la idolatría del ego y del dinero! ¡Basta de la exhibición de fuerza! ¡Basta de la guerra! La verdadera grandeza se manifiesta en el servicio a la vida. San Juan XXIII escribió con sencillez evangélica que la paz beneficia a todos: ‘a cada persona, a los hogares, a los pueblos, a la entera familia humana’. Y, suscribiendo las palabras categóricas de Pío XII, añadía: ‘Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra’.

La guerra divide, la esperanza une

La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe —apenas una pizca, queridos hermanos— para afrontar unidos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia, afirmó León XIV.

¿Qué legado nos ofrece esta sacudida de las conciencias? El propio Pontífice nos traza un hilo conductor. En primera instancia, constata que, bajo el yugo de la globalización financiera y el culto al dinero, el derecho internacional ha quedado reducido a cenizas.

Por ello, resulta profundamente significativa la mención a su predecesor, Pablo VI, quien en su profética encíclica Populorum Progressio advirtió que el desarrollo y la justicia son los nuevos nombres de la paz. Sin ambos pilares en el eje de las relaciones internacionales, solo nos aguarda el abismo.

Erigir una autoridad internacional legítima, que cultive la virtud de la justicia y el bien común, se presenta hoy como el imperativo universal para exorcizar los demonios de la soberbia y el poder absoluto.

*Editorial de Página Iberoamericana

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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