Es loable que, aunque la Comisión Europea, por desgracia, esté fallando en su mandato de representar efectivamente los intereses de Europa, al menos el Banco Central Europeo (BCE) esté defendiendo y apoyando la independencia y la soberanía monetaria del continente. Esto no es un asunto menor en estos tiempos de caos geopolítico y presiones provocadas por el presidente Donald Trump.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Recientemente, esto ha sido mencionado con frecuencia incluso por Piero Cipollone, miembro del consejo ejecutivo del BCE. “La soberanía monetaria es fundamental para nuestra independencia”, observa. Si perdemos el control de nuestra moneda, perderemos el control de nuestro destino económico. Algunas funciones monetarias y financieras críticas ya no pueden ser tercerizadas; es decir, confiadas a operadores extranjeros, especialmente cuando estamos experimentando una profunda transformación digital y tecnológica.
El euro, con una participación de aproximadamente el 20%, es la segunda moneda más importante del sistema monetario internacional y se utiliza en el 40% de las transacciones internacionales. Sin embargo, presenta debilidades y problemas críticos que deben resolverse lo antes posible.
Europa, dependiente de los pagos digitales minoristas
Circuitos internacionales, esencialmente estadounidenses, gestionan dos tercios de los pagos con tarjeta en la eurozona. Trece de los 21 países de la zona del euro ni siquiera poseen un circuito nacional de tarjetas.
Todavía no existe una solución europea capaz de operar en toda la región para todos los pagos digitales, a pesar de que más de un tercio de las transacciones diarias en Europa, se realizan en línea.
Además, los bancos europeos podrían perder pronto comisiones, datos y depósitos minoristas frente a las “stablecoins”, las cuales ya colaboran con circuitos internacionales para sustituir los depósitos bancarios como fuente de liquidez. Las “stablecoins” denominadas en dólares podrían ganar fuerza en Europa, un riesgo que aumentaría si los emisores de estas en EE. UU. fueran autorizados a remunerar a los poseedores de los tókenes.
Las stablecoins denominadas en dólares representan el 99% del mercado global y dos de los mayores emisores, Tether y Circle, son estadounidenses. En Europa, las finanzas tokenizadas y los pagos transfronterizos acabarían dependiendo de ellas, lo que presentaría riesgos de liquidez, concentración, complejidad operativa y fragmentación. Además, dado que son emitidas por instituciones no bancarias —lo cual es realmente preocupante—, estarían expuestas al riesgo de corridas bancarias.

Para abordar estas cuestiones, el BCE está preparando el euro digital
Una moneda tokenizada del banco central con curso legal. Se trata de una opción de pago público europea, basada en tecnología e infraestructura propias, que permitirá a ciudadanos y empresas realizar pagos digitales en cualquier circunstancia en toda la zona del euro. El euro digital también desempeñará un papel clave en los pagos interbancarios y en la liquidación de títulos negociables.
De haber un retraso, corremos el riesgo de que este nuevo sistema se desarrolle fuera de Europa o adopte métodos de liquidación no denominados en euros; en consecuencia, nuestra soberanía monetaria quedaría comprometida. La votación del asunto está pendiente en el Parlamento Europeo, conocido, por desgracia, por su exasperante lentitud, por lo que Italia debe presionar para su aprobación.
Asimismo, en un escenario global donde las redes de pagos corren el riesgo de ser explotadas políticamente —como se vio con la manipulación de la plataforma SWIFT por parte de los EE. UU. — nuestra seguridad económica también estaría en riesgo.
Ella también ha sido utilizada frecuentemente como arma de “guerra económica” contra otros Estados. Al respecto, el BCE trabaja en la plataforma europea alternativa Pontes, basada en el euro digital, la cual podría involucrar otras monedas. De igual forma, semejantes iniciativas mejorarían la capacidad de financiamiento del BCE y la eficacia de la transmisión de la política monetaria, de modo que no se dependa excesivamente de la “generosidad” de terceros.
De acuerdo con un artículo publicado a inicios de marzo, el BCE estudia los efectos de la adopción de “stablecoins” en la intermediación bancaria y en la transmisión de la política monetaria.
Concluye que su adopción produce un mecanismo de sustitución de depósitos, en el que los fondos migran de los depósitos bancarios minoristas hacia otros activos. Esta relocalización aumenta la dependencia de los bancos respecto al financiamiento de mercado y puede limitar su capacidad de intermediación. La Reserva Federal de Nueva York llegó a la misma conclusión.

