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A punta de fusil y machete, tratan de matar a Alejandro Galeana; lo salva el gobernador Juan Lázaro

CESAR AUGUSTO RAMIREZ VALLEJO en Pixabay

 

Arturo Ríos

El 3 de julio de 1818, tiempo de la siembra de maíz, Alejandro Galeana, hermano de Hermenegildo, ya fallecido, fue a su rancho, localizado en terrenos de la Hacienda de San Juan, ubicado en las inmediaciones de lo que ahora es la población de Tenexpa, cerca de Tecpan hoy de Galeana, Guerrero.
Fue a sus tierras a supervisar a los peones. Ya se iba cuando Teodoro Solís, quien le rentaba un terreno, lo hizo voltear para invitarle unas jícaras de tuba, bebida extraída de las palmeras de cocoteros de efectos etílicos. Alejandro aceptó.
Teodoro bebía desde temprano y de pronto alzó la voz y habló con violencia haciéndole saber a Alejandro que la tierra que ocupaba ya era de él, por los años que tenía en posesión. Éste argumentó que contaba con los títulos.
Teodoro sacó un puñal, y con palabras altisonantes lanzó cuchilladas, que Alejandro eludió con brincos, hasta que, en un descuido, fue apuñalado en el muslo derecho. Por fortuna, logró detener la muñeca de Teodoro con fuerza.
Le metió una zancadilla y lo derribó, tomó el mango de un hacha y cuando el agresor se incorporó, reanudó los lances. Galeana le propinó un golpe en la cabeza y Teodoro cayó boca arriba con los brazos extendidos. Murió más tarde.
Buscaban venganza
El cuñado de Teodoro, sus dos hijos y uno de los peones, llevaban utensilios del campo. Amenazantes, quisieron atacarlo, pero Juan Nepomuceno, gran flechero con fama de puntería con el arco, los amagó apuntando con su arma.
Se retiraron, advirtiendo a Alejandro, que pagaría la muerte de Teodoro.
Alejandro regresó a Tecpan y en la entrada a la población lo esperaban otros dos hijos de Teodoro. Uno con machete y el otro, que era soldado, le apuntaba con un fusil, cuando la voz del gobernador Juan Lázaro, impidió el crimen.
Alejandro Galeana había sido autoridad en Tecpan y gozaba de buena fama, defendía a los indios de los abusos de los españoles. Fue exonerado por considerar que defendió su vida sin la intención de matar a Teodoro.
Foto: CESAR AUGUSTO RAMIREZ VALLEJO en Pixabay
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