Anno Hellenbroich, Wiesbaden*
¿Podrán las sacudidas provenientes de Silicon Valley Bank (SVB) llevar a una quiebra bancaria mucho más grande que la de 2008-2009? O la rápida aparición del presidente Joe Biden, con su discurso de 5 minutos para asegurar que “los estadounidenses pueden tener la confianza de que sus inversiones están totalmente protegidas ¿será suficiente para calmar la situación?
Esas preguntas, que reflejan el pensamiento de muchos, salieron del jefe de la sección de economía del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), Gerald Braunberger, en un artículo publicado el pasado 14 de marzo. Según él, los resultados podrían ser una tempestad mucho más grande en los mercados financieros, y tendrá también efectos en la guerra de Ucrania.
Casi como una “fuerza de la naturaleza,” ese estruendo ha confrontado a los responsables políticos y a la sociedad con las “verdaderas cuestiones del presente.” En su reciente viaje pastoral al Congo y a Sudán del Sur, el Papa Francisco dedicó duras palabras, que recuerdan el Antiguo Testamento, a las condiciones existentes: hambre, conflictos asesinos, corrupción y destrucción de familias, mujeres y niños. En la capital de la República Democrática del Congo, Kinshasa, el 31 de febrero, habló de la explotación en curso del país maltratado con estas afirmaciones:
Existe una consigna que emerge del subconsciente de muchas culturas y pueblos: “África debe ser explotada.” Esto es terrible. La explotación política dio lugar al “colonialismo económico” igualmente esclavizador. Como resultado, este país, masivamente saqueado, no ha aprovechado adecuadamente sus inmensos recursos. Paradójicamente, las riquezas de sus tierras lo hicieron “extraño” a sus propios habitantes. El veneno de la ganancia manchó sus diamantes con sangre. Esta es una tragedia ante la cual el mundo económicamente más moderno muchas veces cierra los ojos, los oídos y la boca. Sin embargo, este país y este continente merecen ser respetados y escuchados; merecen encontrar espacio y recibir atención. ¡saquen las manos de la República Democrática del Congo! ¡No metan sus manos en África! ¡Dejen de ahogar a África! África no es una mina para ser despojada o un terreno para ser saqueado. ¡Que África sea la protagonista de su propio destino! ¡Que el mundo reconozca las cosas catastróficas que se hicieron a lo largo de los siglos a costa de los pueblos locales y que no se olvide de este país ni de este continente! ¡Que África, la sonrisa y la esperanza del mundo, tenga más peso! ¡Que se hable de ella con más frecuencia y que tenga mayor peso y prestigio entre las naciones!
Y agregó:
Es necesario dar espacio a una diplomacia verdaderamente humana, a una diplomacia en la que los pueblos se preocupen de los otros pueblos, a una diplomacia centrada, no en el dominio de tierras y de recursos, no en el expansionismo ni en el aumento de las ganancias, sino en brindar oportunidades para las que las personas crezcan y se desarrollen. En el caso de este pueblo, se tiene la impresión de que la comunidad internacional prácticamente se resignó a la violencia que la devora. No podemos acostumbrarnos al derramamiento de sangre que ha marcado a este país por décadas, provocando millones de muerte que permanecen desconocidas en otros lugares, Lo que está aconteciendo aquí tiene que conocerse. Los procesos de paz actuales, que incentivo mucho, tienen que sostener en actos concretos, y los compromisos tienen que cumplirse.
Las personas, hoy, alrededor del mundo, están pagando por las ganancias de los autoindulgentes, de los súper ricos, que se presentan como los señores del mundo, que piensan que su “orden basado en reglas,” susceptible a la manipulación del más fuerte (“El que hace las reglas”), ¡representa la medida de todas las cosas! En el pasado eso se entendía como el orden enraizado en la “ley”, que se refería a la “responsabilidad ante Dios y los hombres. El preámbulo de la Ley Básica alemana, adoptada en 1949, como respuesta a los horrores de la Segunda guerra mundial, habla de eso.
Negociar no significa capitular
En un artículo publicado en el FAZ del 28 de diciembre pasado, titulado “Negociar no significa capitular,” Reinhard Merkel, profesor emérito de Derecho penal y Filosofía del Derecho de la Universidad de Hamburgo, afirmó: “La guerra de agresión de Rusia a Ucrania es ilegal de acuerdo con el Derecho Internacional y el país está obligado a terminar la violencia. Completó su afirmación con dos frases con signos de interrogación, resaltando que puede haber circunstancias en la que la negociación se convierta en un “deber de los ucranianos,” lo cual provocó una enorme polémica pública en Alemania.
Desde mi parecer, la propuesta se vuelve todavía más importante tres meses después, con más de 10 000 muertos y heridos que se agregan a la ya enorme lista de víctimas de la guerra. Sus cuestionamientos son: “¿Pero también existe un deber para que Ucrania se involucre en negociaciones? ¿Y quién podría reivindicar ese deber?”
En un breve esbozo del desarrollo del Derecho Internacional sobre la cuestión de la Guerra Justa, desde los tiempos antiguos a los resultados de la Paz de Westfalia de 1648, Merkel destaca cuatro aspectos: el derecho a la guerra (jus ad bellum); las formas permisibles de la fuerza militar en la guerra (jus in bello); el agregado hecho por Immanuel Kant al derecho posterior a la guerra (jus post bellum); y, más recientemente, tuvo lugar un debate sobre la existencia de cualquier “obligación legal de principio (para) buscar formas de acabar con la guerra (jus ex bello), aun cuando esto frustrase los objetivos militares o políticos de las partes en conflicto.”
Con un argumento contundente, discurre por encima de los pros y los contras de las justificaciones, como es el caso de Ucrania bajo ataque:
Los gobiernos tienen el deber de proteger a los ciudadanos de sus países. Esto incluye la defensa del Estado contra los agresores, pero también la protección de la vida y de la integridad física y del futuro de sus ciudadanos. Además de un umbral de dolor, cuando la devastación del país y de su pueblo excede cualquier proporcionalidad moral, tan sólo insistir en la continuación de la violencia y negarse a toda negociación para acaba con ella no es valentía y sí un acto condenable.
En otra parte de su artículo
Merkel analiza de forma diferenciada las posibilidades de los ucranianos en cuanto a sus objetivos de negociación. Pero advierte que la reconquista militar de Crimea sería ilegítima de acuerdo con el Derecho Internacional, ya que no representaría la “defensa contra la agresión rusa de febrero pasado, pero sí representaría un ataque armado.”
Es preciso poner más atención a las advertencias del Papa en África, dirigidas también al mundo:
Es necesario dar espacio a una diplomacia auténticamente humana, a una diplomacia donde los pueblos se preocupen de los otros pueblos, una diplomacia centrada no en el dominio de la tierra y de los recursos, ni el expansionismo ni el aumento de las ganancias, sino en brindar oportunidades para que las personas crezcan y se desarrollen.
