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Alemania asombrada por los fantasmas de Morgenthau y Mackinder

Steve Buissinne en Pixabay

CARBONO

La venganza de Morgenthau: Alemania se enfrenta a una inminente amenaza de desindustrialización, decía el encabezado de un editorial de la revista británica The Economist del 11 de septiembre.

MSIA Informa

El título es una referencia al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Morgenthau Jr. (1934-1945), quien al final de la Segunda guerra mundial concibió un plan para desindustrializar a la Alemania derrotada, para evitar que volviese a tener condiciones para provocar otra guerra europea, el cual no se llevó a la práctica a causa de la muerte del presidente Franklin Roosevelt (1933-1945) y a la oposición de otros sectores del gobierno de Estados Unidos y de los países aliados. El texto le otorga al Presidente ruso, Vladímir Putin, la posibilidad de, ocho décadas después, materializar la intención de Morgenthau con el uso del arma del gas natural, de la que la industria alemana es muy dependiente, situación agravada por la caída de las importaciones de productos manufacturados alemanes por China.

Un modelo nacional de negocios construido en parte con la energía barata de una autocracia enfrenta una prueba severa, dice el editorial, utilizando Schadenfreude, esta preciosa palabra alemana que califica el regocijo con el sufrimiento ajeno.

La sustancia de nuestra industria está amenazada

Advierte el presidente de la Asociación de las Industrias Alemanas (BDI), Siegfried Russwurm. Según él, la situación de volvió “tóxica” para muchas empresas y podría extenderse al resto del mundo industrializado, debido a las importantes cadenas internacionales de abastecimiento que tienen origen en Alemania. Russwurm recuerda que el problema más grande del sector ha sido el tajante aumento de los precios de la energía, los precios de la electricidad que ya apuntan a aumentar 15 veces y los del gas dos veces el año entrante. A todas luces, tales resultados no son meras consecuencias inesperadas de las sanciones impuestas a Rusia por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, por la invasión de Ucrania, sino un objetivo planeado deliberadamente por los estrategas del eje angloamericano que se negaron a aceptar todas las propuestas de Moscú para elaborar un acuerdo de seguridad compartida con respecto al ingreso de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que obligaron al Kremlin a la intervención militar.

Al fantasma de Morgenthau se une aquí al del geógrafo inglés Halford Mackinder, uno de los padres de la geopolítica británica que gravita en no permitir la cooperación entre Alemania y Rusia en el desarrollo interno de la hinterlandia euroasiática.

En un artículo publicado en el sitio RT y reproducido en este informativo (La crisis de Ucrania contra el poderío industrial alemán), Glen Diesen, profesor de la Universidad del Sudeste de Noruega y director de la revista Rusia in Global Affairs, escribió:

Las relaciones entre Alemania y Rusia siempre presentan un dilema: la sociedad de los dos gigantes crearía una dificultad imposible de saltar para las potencias rivales como la Gran Bretaña y Estados Unidos, en tanto que los conflictos germano-rusos se convirtieron en el pasado, en Europa Central y del Este, en lo que el geógrafo británico James Fairgrieve llamó zona de compresión. La guerra sustituta entre la OTAN y Rusia en Ucrania demuestra que ese dilema de los siglos XIX y XX conserva su trascendencia. Aunque el siglo XXI presenta la diferencia fundamental de que el mundo ya no es eurocéntrico.

En esa misma línea

En una entrevista concedida a la agencia Sputnik, Willy Wimmer, ex vicepresidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), fue todavía más explícito. En sus propias palabras, el objetivo anglosajón es no permitir la cooperación entre Rusia y Alemania en el continente y hacen lo máximo para ello, en cooperación con los gobiernos de los estados bálticos y de otros países.

Según Wimmer, las personas de los países de Europa Occidental no logran entender por qué no hay esfuerzos de nuestros gobiernos para el fin de las hostilidades, por la paz y todos los esfuerzos para frenar el derramamiento de sangre. En lugar de esa voluntad de sus pueblos, están alimentando la guerra.

En las últimas semanas circuló por internet un documento elaborado supuestamente por la Corporación RAND, uno de los principales centros pensantes estadounidenses que describía explícitamente una estrategia para incitar un conflicto entre Rusia y Ucrania, con el objetivo de debilitar a la UE por medio de Alemania. A pesar de que la RAND negó la ser autora del documento, fechado en enero de este año y titulado:

Debilitando a Alemania, fortaleciendo a Estados Unidos, sintetiza fielmente las líneas de acción puestas en práctica luego del inicio del conflicto. Veamos algunos párrafos seleccionados:

Hay una necesidad urgente de que los recursos fluyan hacia la economía nacional (de EEUU), en especial, hacia el sistema bancario. Solamente los países europeos presos en los compromisos de la UE y de la OTAN serán capaces de proporcionarlos sin costos militares ni políticos significativos para nosotros. El gran obstáculo para ello es la creciente independencia de Alemania. No obstante que haya sido una nación con soberanía limitada durante décadas, ella se ha movido consistentemente en el rumbo de suspender esas limitaciones y convertirse en un Estado plenamente independiente. Este movimiento es lento y cauteloso, pero constante. Las extrapolaciones muestran que el objetivo final puede alcanzarse en unas cuantas décadas. Sin embargo, si hubiese una escalada de problemas sociales y económicos en Estados Unidos, el ritmo podría acelerarse significativamente (…). Un aumento en el flujo de recursos de Europa a Estados Unidos se podría esperar si Alemania comenzase a pasar por una crisis económica controlada. El ritmo de desarrollo económico de la UE depende casi sin ninguna otra opción del estado de la economía alemana. Es Alemania la que responde del grueso de los gastos dirigidos a los miembros más pobres de la UE. El actual modelo económico alemán se funda en dos pilares. Estos son el acceso ilimitado a los recursos energéticos rusos baratos y a la energía eléctrica francesa barata, gracias al empleo de plantas nucleares. La importancia del primer factor es considerablemente mayor. La interrupción del abastecimiento ruso puede crear perfectamente una crisis sistémica que sería devastadora para la economía alemana e, indirectamente, para toda la UE (…).

El párrafo final es éste:

La única manera viable de garantizar el rechazo de Alemania a los abastecimientos rusos es involucrar a ambos en el conflicto militar de Ucrania. Las demás intervenciones que realizaremos en este país conducirán, inevitablemente, a una respuesta militar de Rusia. Es evidente que los rusos no podrán dejar sin respuesta la sólida presión del Ejército ucraniano sobre las repúblicas no reconocidas del Donbás. Eso haría posible declarar a Rusia agresora y aplicarle todo el paquete de sanciones preparadas previamente (…).

Independientemente de que sea o no un estudio de la RAND Corporation, el documento señala los consabidos hechos que antecedieron a la intervención militar rusa, pero bien podría haber salido de la mente fértil de alguno de los discípulos de Halford Mackinder. Sea como fuere, Alemania, la cuarta economía más grande y la tercera exportadora de manufacturas del mundo, necesita exorcizar con urgencia los fantasmas que la asustan y retomar su condición de potencia económica plenamente soberana y capaz de aportar una contribución decisiva para la consolidación del nuevo escenario multipolar en ascenso.

Foto: Steve Buissinne en Pixabay
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