abril 18, 2026

Alemania-Rusia: La enfermedad de la arrogancia

Alemania-Rusia: La enfermedad de la arrogancia

 

El conocido kremlinólogo alemán Alexander Rahr publicó a finales de marzo su libro Arrogancia: cómo Alemania se juega su reputación con los rusos, (Anmassung: Wie Deutschland sein Ansehen bei den Russen verspielt, Das Neu Berlin, 2021), en el que presenta una visión objetiva de cómo los rusos ven hoy a Alemania.

El autor afirma que el libro es, un grito desesperado para que se haga todo lo posible para salvar las relaciones ruso-germanas, desgarradas desde la reincorporación de Crimea a Rusia y del escándalo de Navalny.

De acuerdo con todos aquellos que hoy se les llama despectivamente en Alemania “especialistas en Rusia”, es un hecho que cualquier diálogo futuro sólo será posible si ambos lados se disponen a “oír” cuidadosamente los argumentos del otro y tratan de reconstruir la confianza.

 

Entrevista de Lavrov

Parecería imposible retomar, por el momento, cualquier tipo de diálogo y de confianza, en vista del ambiente tan cargado, cercano a la histeria, que vive Alemania y de la decepción de los líderes políticos rusos con Alemania. Un ejemplo es la entrevista del 1 de abril del canciller Serguéi Lavrov en el programa “Gran juego” del Canal 1 ruso, en la que presentó de forma amplia el papel de Rusia en la configuración geoestratégica actual.

Explicó claramente que, por el momento, Rusia no tiene ilusiones respecto al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ni con su plan de relaciones exteriores, en particular con Rusia, la Unión Europea (UE) y Asia.

Interrogado sobre la entrevista de Biden concedida a la red ABC en la que este llamó al presidente Vladímir Putin “asesino”, Lavrov recalcó que existe una “degradación consistente en la infraestructura de disuasión de las esferas militares, políticas y estratégicas, en las que el término guerra se está usando con más frecuencia”.

 

Puso esto en el marco de una serie de rompimientos de tratados de reducción de armas, en especial, la decisión estadounidense de abandonar el Tratado ABM contra proyectiles balísticos, seguida por el establecimiento de un mecanismo de defensa contra proyectiles en Europa (supuestamente dirigido contra Irán), el que, según Lavrov, es parte de un “proyecto mundial para contener a Rusia y a China”.

 

El mismo proceso que está en marcha en la región Asia-Pacífico

Lavrov subrayó que el sistema mundial fue planeado para respaldar las “reivindicaciones de dominio absoluto de Estados Unidos”, en particular las amenazas militares y las esferas nucleares, que siguen en línea con el “avance imprudente hacia el Este de las instalaciones construidas por la OTAN”.

 

Sobre su reciente viaje a China, los días 23 y 24 de marzo, Lavrov dijo que China es un país que piensa en términos de un “futuro histórico a largo plazo, y no en ciclos electorales”. Se refirió específicamente a la declaración conjunta firmada con su colega chino Wang Yi al respecto de ciertas cuestiones de gobierno mundial, en el que ambos destacaron la “inaceptabilidad de violar el Derecho internacional o de sustituirlo con algunas reglas, elaboradas en secreto, de intervención en los asuntos de otros países y, en general, todo lo que contradice la Carta de Naciones Unidas”.

 

Lavrov anunció que en breve los presidentes Putin y Xi Jinping firmarán otro documento dedicado al 20 aniversario del Tratado de Amistad y de Cooperación. Resaltó, al mismo tiempo, que Rusia “no perseguirá el objetivo de una alianza militar con China”. Se mostró muy escéptico respecto al actual estado de espíritu de la UE, al que percibe como una renacida “lealtad a la Guerra fría”.

 

A pesar de las más de tres décadas de relaciones entre Moscú y Bruselas, Lavrov dejó claro que, por el momento, esta puerta está cerrada. No obstante que la UE se concibió originalmente como una “alianza de cooperación económica”, afirmó, ahora está adoptando cada vez más un “estilo misionero” y, por ello, “no vamos a tocar una puerta atrancada. Nuestros principios comunes residen en nuestra historia, en la influencia de nuestras culturas, literatura, arte y música”.

 

Se refirió a la ultrajante reunión cumbre chino-estadounidense de Anchorage del pasado mes de marzo, en la que el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, y el secretario de Estados, Antony Blinken, pretendieron “instruir a los chinos en derechos humanos, minorías étnicas y democracia en China”.

Para Lavrov, la UE quiere sustituir el Derecho internacional con sus propias reglas y Estados Unidos está promoviendo esos principios como una herramienta para asegurar su domini”.

Además, dijo, Estados Unidos y la UE están activos en Asia Central con la intención de crear sus propios formatos” y “tienen la meta inequívoca de debilitar los lazos con nuestros aliados y socios estratégicos de todas las formas posibles.

De la misma manera, habría intentos en la dirección de la región Indo-Pacífico y Afganistán -todo planeado para debilitar sus lazos con la Federación Rusa.

 

Un grito desesperado

El libro de Rahr se debe leer en relación con el análisis mencionado de Lavrov. El libro describe la narrativa rusa y detalla momentos que fueron destruyendo la confianza entre Rusia y Alemania, construida a lo largo de 30 años por pioneros como Mijaíl Gorbachov, Helmut Kohl y Hans-Dietrich Genscher. Rahr observa que en 2021 casi un tercio de la población califica a Rusia de peligrosa en lo que toca a la seguridad, en contraste con 2019, cuando la proporción era tan sólo de 6 por ciento.

Hoy, afirma, los alemanes parecen estar más interesados en las relaciones transatlánticas y en el respeto de Estados Unidos que en las relaciones con Rusia.

El mismo Rahr creció en Occidente dentro de una familia de emigrantes rusos. Desde la caída del Muro de Berlín ha hecho cerca de 300 viajes a Rusia para participar activamente en el Diálogo de San Petersburgo y en el Centro Euroasiático de la Sociedad Alemana para la Política Exterior, además de ser asesor de la empresa rusa Gazprom. Rahr, poseedor de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, escribió este libro, en sus propias palabras, como un “grito desesperado – ¡salven las relaciones ruso-germanas y tomen en cuenta la visión de los rusos!”

 

Así recuerda al lector al principio del libro que este año se celebra el octagésimo aniversario de la agresión de Hitler a la Unión Soviética, una guerra de aniquilación contra el régimen bolchevique. En medio de la Segunda guerra mundial, el peor conflicto de la Historia, en cuatro años, la URSS perdió 27 millones de personas, la mitad de ellas civiles; Alemania tuvo 7 millones de muertos, un tercio de ellos civiles.

En términos de cultura de la memoria colectiva, Rusia y Alemania recuerdan el conflicto de forma diferente, pero, como observa, el futuro de todo el continente europeo depende de la verdadera reconciliación y de buenas relaciones entre las dos naciones que ya fueron adversarias.

Este año es también el vigésimo aniversario del discurso de Putin en el Parlamento alemán (pronunciado casi enteramente en alemán, idioma que Putin domina), en el que declaró el fin de la Guerra fría y su proposición de una sociedad constructiva. Sin embargo ¿los alemanes aceptaron la oferta? La verdad es que no, dice el autor. Diez años después Alemania canceló la “sociedad de modernización” con Rusia, con el pretexto de que Rusia se había apartado de la democracia. Hoy, el escándalo del supuesto envenenamiento de Alexéi Navalny, el cual, probablemente, nunca se aclarará, “envenenó” las relaciones bilaterales, afirma.

 

El conocido politólogo ruso Dmitri Tranin habla sobe “el amargo fin de una relación especial estratégica entre Rusia y la República Federal de Alemania”. Alemania ya no es la nación preferida de Rusia en Europa. Los think-tanks alemanes aconsejan al gobierno “tratar a Rusia como un adversario” (en ocasiones, hasta como un “enemigo”) y lidiar con Moscú a partir de una posición de fuerza, como llegó a afirmar la ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer, mientras la influyente revista Der Spiegel escribe un editorial afirmando que Alemania debería realmente “lastimar a Putin”.

 

Diferencias de carácter: lo que les gusta a los rusos y no les gusta a los alemanes

El libro que comentamos, parte de una serie de conversaciones sostenidas por él durante el año pasado con diferentes representantes de Rusia, entre ellos, investigadores académicos, diplomáticos y representantes de la alta jerarquía empresarial, además de una investigación con rusos que viven en Alemania y con representantes del Parlamento de la Juventud de Rusia.

Un joven ruso nacido en 1988 expresó admiración por la disciplina y la laboriosidad, además del modo de vida pragmático de los alemanes. Sin embargo, como otros de su edad, manifestó desencanto con lo que se perciben muchas veces como una profunda falta de sentido del humor y la arrogancia del lado alemán hacia los rusos.

Un joven empresario ruso quedó sorprendido por el profundo respeto que demuestran los alemanes a Estados Unidos, y que a su vez se expresan en un tono de maestro de escuela hacia los rusos.

 

Los alemanes suelen tener una actitud “moralizante” y al tratar de enseñar a otros, como si tuviesen el derecho de hacerlo. En parte, como observó un cineasta ruso, eso se explica por el hecho de que la vida en Alemania se conduce muchas veces de acuerdo con estereotipos y clichés políticos. Observó que muchos alemanes consideran su cultura superior a las otras, lo que perturba a los rusos.

Un politólogo criticó que Alemania menospreciase a los rusos; No reconocen los certificados rusos y piensan que las instituciones alemanas son superiores a las rusas. Los rusos consideran eso humillante. ¿Por qué las normas alemanas deben ser superiores a las rusas?

 

Por desgracia la historia europea no siguió el rumbo delineado por la conferencia de la Carta de París de 1990, que promovía un futuro orden de paz en el continente. Hoy, Estados Unidos, como la principal potencia occidental, ve a Rusia y a China como una “amenaza” para la seguridad occidental y está empeñado en “mantener a Moscú abajo” y, al mismo tiempo, “lejos” de Europa. Según uno de los interlocutores de Rahr, una estrategia funcional seria que Alemania pudiese convencer a los estados de Europa Central y Oriental para que entendiesen que un conflicto con Rusia representa un riesgo para la paz de todo el continente, y que la idea de una casa común europea, de Lisboa a Vladivostok, no debería desaparecer de la Historia.

 

Pero Europa ya no es el centro del mundo

La “era asiática” comenzó y la salvación de Europa -y los rusos ven eso más claramente que los alemanes –“está en la unidad natural de Europa del Atlántico al Pacífico”, como fue recalcado por varios interlocutores de Rahr. Todavía más, ellos admiten que, luego de la cancelación de la “sociedad de modernización” por parte de Alemania, seguida por las sanciones de la UE y de Alemania en respuesta a la reincorporación de Crimea a Rusia, los líderes rusos percibieron que “no pueden esperar mucho de Alemania”.

 

Se dieron cuenta de que las élites alemanas actuales no sólo son leales a su orientación transatlántica, sino que quieren fortalecer todavía más estos lazos con el gobierno de Joe Biden, aunque la población alemana tenga una visión diferente (sólo 39 por ciento considera las relaciones con Estados Unidos más importantes que con Rusia). Por ello las élites de Moscú “se desanimaron” y quedaron decepcionadas de Alemania, un país del que tanto esperaban antes.

Rusia necesitará en el futuro de socios multilaterales, como subrayó a Rahr un diplomático ruso. Su esperanza era que, tal vez, Francia pudiese convertirse en socio, con Macron hecho un presidente maduro luego de las elecciones federales alemanas de 2021.

Según un especialista ruso en asuntos europeos, Alemania puede administrar Europa, pero Francia tiene la idea de una Europa fuerte y soberana, que cuente y que debe dar vida a Berlín.

 

Al final del libro

Rahr relata una conferencia entre representantes de las industrias rusas y alemanas, entre las que se encontraban Gazprom, Rosneft, BASF, Daimler, Deutsche Bank y Sberbank. A diferencia de otros tiempo, cuando las personalidades económicas y los pesos pesados de la política, como Otto Wolff von Amerongen, Bertold Beitz, Klaus Mangold y otros, que eran muy estimados en Rusia y que tenían comunicación telefónica directa con el Kremlin, hoy, en especial después de la crisis de Ucrania, que condujo a una significativa caída del comercio bilateral, surgió una situación en la que los rusos percibieron que los empresarios alemanes consideran el mercado estadounidense más lucrativo que el de Rusia.

 

La percepción entre los empresarios rusos es que, en lo que se refiere a la construcción del gasoducto Nord Stream 2, Washington “humilló” y trató a Alemania como un “vasallo”, con la intención de quebrar la posición de Rusia en el mercado europeo de energía, que ya tiene cincuenta años.

 

En una situación en la que Estados Unidos está inflando de nuevo la crisis de Ucrania y la alerta de un nuevo conflicto potencial en este país, en el que intervendría Rusia, es urgente conservar la calma y entender sobriamente que con el inicio de una “nueva era asiática”,

Alemania y Rusia tendrán que cooperar multilateralmente, en particular en la lucha contra los nuevos peligros que están emergiendo de Oriente Medio y de África.

*MSIa Informa

Foto: Couleu

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