Horas después del anuncio de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses, los acontecimientos empezaron a precipitarse en Berlín, llevando a la disolución de la coalición tripartitita gubernamental denominada Semáforo, por los colores predominantes de los partidos que la conformaban, los social-demócratas (SPD), liberal-demócratas (FDP) y los verdes.
Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden (Alemania)*
Sigamos de forma cronológica los eventos. La crisis fue desatada por el canciller Olaf Scholz, quien se confrontó con el ministro de Finanzas Christian Linder en una reunión del gabinete en torno a la crisis presupuestaria y, después de una reunión con el presidente Franz Steinmeier, convocó a una rueda de prensa y, en la noche del 6 de noviembre, anunció la dimisión de Lindner, acusándolo de “desleal” y “egoísta”.
Lindner había sugerido enfrentar la crisis presupuestal en la cual se debate el gobierno, con la imposición de draconianas medidas de austeridad, la reducción de gastos sociales y la concesión de incentivos a la declinante industria. Al mismo tiempo, se opuso de manera vehemente a la activación de la cláusula constitucional especial la cual permite la suspensión del mecanismo del techo de endeudamiento en situaciones de emergencia, para abrir una vía de financiamiento de proyectos especiales.
En la entrevista, Scholz afirmo que la dimisión fue una proposición para mantener el caos lejos de nuestro país y dar al gobierno el poder de tomar las decisiones financieras necesarias.
Resaltó los muchos conflictos con Lindner y que era necesario un espacio para un mayor financiamiento y resolver la crisis
Enlistó algunos principios básicos: 1) la necesidad de garantizar costos accesible de energía; 2) un paquete de apoyo a la industria automotriz y garantizar puestos de trabajo para este sector y la industria de autopartes. 3) incentivos de financiamiento para mejorar la situación de la industria; 4) apoyo a Ucrania, “que se encuentra ante un invierno muy difícil. Después de la elecciones en los EUA (sic) se le debe dar una señal a Ucrania de que pueden confiar en nosotros”.
Independientemente de las declaraciones de Scholz y Lindner, creo que ninguno de los dos está hablando totalmente con la verdad. Con excepción de Alternativa para Alemania (AfD) y de la alianza Sahra Wagenknecht (BSW), todos los demás partidos, incluyendo la dupla demócrata-cristiana y social-cristiana, están fuertemente comprometidos con el apoyo militar hacia la sangrienta guerra en Ucrania, mientras rechazan categóricamente cualquier esfuerzo en la búsqueda de soluciones diplomáticas con Rusia. Todos, otra vez, excepto la AfD y la BSW, apostaban a la victoria de Kamala Harris y que los negocios siguieran como de costumbre.
Por otro lado, es un hecho que muchos en el SPD y, particularmente, en el FDP, Lindner inclusive, se oponen al uso del misil de largo alcance Taurus para taques profundos contra Rusia, a lo que Scholz también se opone categóricamente, toda vez que significaría una peligrosa escalada de guerra. En la CDU/CSU hay numerosos belicistas, entre ellos el líder de la CDU, Friedrich Merz, candidato a suceder a Scholz, quien apoya la entrega de misiles. El verdadero riesgo estratégico es que Alemania –al igual que en las dos guerras mundiales anteriores-sea dirigida por personas “ciegas” dentro del sistema partidista.
En el discurso de Scholz, había un tema recurrente:
Argumentos a favor de la guerra casi idénticos a los de la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la línea “haremos por Ucrania lo que sea necesario”.
Está claro que Alemania tendrá que cumplir con su responsabilidad. Ahora más que nunca, nosotros en Europa debemos permanecer unidos y seguir invirtiendo en nuestra propia seguridad y fuerza. La situación es seria. Hay una guerra en Europa. Las tensiones aumentan en el Oriente Medio, enfatizó.
Y cargó contra Lindner:
“Al mismo tiempo, nuestra economía se encuentra estancada. El débil comercio mundial es un problema para las empresas. Estas tienen que cargar con los costos de los precios de la energía, los cuales aumentaron debido a la guerra de agresión de Rusia, y los costos de la modernización de nuestra economía…Con mucha frecuencia, el ministro federal Lindner bloqueó leyes por motivos errados. Con mucha frecuencia, se involucró en tácticas político-partidistas mezquinas.
Con mucha frecuencia, quebró mi confianza. Incluso retiró unilateralmente un acuerdo sobre el presupuesto después que lo habíamos acordado en largas negociaciones. No hay más base de confianza para una mayor cooperación. No es posible hacer un trabajo gubernamental responsable de esa forma…Christian Lindner está preocupado con sus propios simpatizantes, con la sobrevivencia a corto plazo de su propio partido. En un día como hoy, después de un evento tan importante como las elecciones en EUA, tal egoísmo es absolutamente incomprensible.
(…) Existen soluciones para un presupuesto que fortalezca de manera simultánea la seguridad interna, externa y social. Yo propuse tal solución. El artículo 115 de la Ley Básica prevé explícitamente una decisión de exceder el presupuesto en una situación de emergencia excepcional, acordado así por la coalición a finales del año pasado, precisamente para este caso. La guerra rusa de agresión, que ya lleva tres años, y todas sus consecuencias, constituyen una situación de emergencia. Cuando surge una situación así, sin embargo, el gobierno federal no solamente tiene el derecho de actuar. Él está obligado a actuar.
¿Qué acontece después?
El ministro federal Lindner será dimitido por el presidente Federal. Concuerdo con el vice-canciller Robert Habeck: Alemania necesita rápidamente de claridad sobre el curso político futuro. La fecha regular para las elecciones del Parlamento es el otoño que viene, pero está muy lejana…En la primera semana de sesiones del Parlamento en año nuevo, pediré un voto de confianza para ser votado el 15 de enero. Eso permitirá a los miembros del parlamento decidir si deben abrir camino para elecciones anticipadas, las cuales podrían ocurrir hacia finales de marzo, en lo máximo, en conformidad con los plazos definidos por la Ley Básica”.
Aun así, el líder de la oposición, Merz, ya rechazó categóricamente las propuestas de Scholz y exigió elecciones anticipadas inmediatas.
En otras palabras, Alemania enfrenta un enorme dilema: ni Scholz, ni Lindner, ni Merz, ni los Verdes, están listos para resolver la situación de forma constructiva en beneficio del pueblo alemán; están todos presos de la “política de guerra”, mientras el país sangra y está arruinado en términos económicos.
Los protagonistas del drama están ocultando la verdad: la inmensa crisis del sector automotriz alemán, donde hay despidos en masa, al igual que en otros sectores de la industria, que están sufriendo con el alza de los costos de la energía desde inicios de la guerra. Además la política de guerra sin iniciativas diplomáticas propias, alineada con los EUA y la OTAN, el gobierno de Scholz optó por una ruta autodestructiva, en lugar de comprometerse con un gran proyecto de revitalización de su base industrial.
Lecciones de Schroeder y Orbán
El pasado 2 de noviembre se desarrolló un instigador debate entre el ex-canciller alemán Gerhard Schroeder y el primer ministro húngaro Viktor Orbán, moderado por el jefe editorial de la revista suiza Weltwoche, Roger Koeppel. Schroeder expresó un profundo respeto por Orbán, quien, por su parte, observó que aquel siempre quiso mantener buenas relaciones con Rusia. Ambos han sido fuertemente criticados y enfrentado hostiles reacciones por su postura pro-paz en Ucrania.
En la discusión, ambos afirmaron la necesidad de una oposición expresiva hacia la política de los EUA, a ejemplo de la actitud de Alemania y de Francia con relación a la invasión de Irak en 2003.
Schroeder recordó que después del inicio de la guerra en 2022, él fue invitado por Suiza, en nombre de Ucrania, para una mediación con el presidente ruso Vladimir Putin, con quien mantiene relaciones de amistad. Y relató sus reuniones con Putin y el presidente turco Recep Erdogan. Sin embargo, el esbozo de acuerdo logrado en Estambul, en marzo de 2002, fue arruinado por políticos en primer lugar por el entonces primer ministro británico Boris Johnson, quien impulsó al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky a continuar la guerra. Schroeder elogió la iniciativa de paz de Orbán del pasado verano, pero amplió que, para que ella funcionase, necesitaría el apoyo alemán y francés.
Orbán reiteró que, dado que Europa es un continente con una cultura cristiana, no se puede tolerar que cientos de miles de personas mueran en ambos lados de esta terrible guerra. Por lo menos debería intentarse algún plan:
Intentar hacer un cese al fuego e intentar convencer a Putin y a Kiev de que el tiempo trabaja contra ellos, de alguna manera ha fallado. Expresó un gran pesar por el hecho de que Europa no pone de su lado en la guerra en Ucrania: Todos ellos están programados para ganar la guerra, quieren derrotar a Rusia y dar todo a Ucrania. Los europeos no entienden que la guerra va contra sus propios intereses. Ellos quieren vencer a Rusia, mientras la situación objetiva se empeora.
“En términos militares, la guerra no puede ser ganada”, enfatizó Orbán, en línea con Schroeder, “especialmente, si Europa decide mandar soldados al frente”. Schroeder subrayó: “Sería tarea de las grandes potencias, hablo del Reino Unido, Francia y Alemania apoyar a Orbán, pero también de España e Italia. Pero, mientras la iniciativa no venga de Alemania, será difícil. Los estadounidenses están lejos de todo esto. Y la cuestión central, es, si los europeos fueran capaces, quizá, junto con Brasil, China o los EUA, de hacer algo útil” También afirmó conocer muy bien a Putin y que es estúpido mandar armas hacia Ucrania y pensar que esto podría forzar a Rusia a negociar: “Se necesita tener personas que entren en conversaciones con Putin”.
Al final, Schroeder habló sobre la necesidad de asumir riesgos, independientemente de elecciones y resultados, si ciertos proyectos o reformas pudieran ser llevados adelante. Esta es una buena advertencia para aquellos que acaban de romper la coalición semáforo. Es decir, es hora de que escuchen a estos estadistas.
*MSIA Informa
