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Anécdotas de un Antropólogo convertido en casamentero en Florencia, Italia

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Bolivar Hernandez*

En mi larga vida he desempeñado variados oficios, entre ellos el de casamentero. El arreglar, y el concertar matrimonios en muchas culturas es una profesión respetable. Se requiere una gran destreza verbal, de oratoria, para convencer a las familias sobre la importancia de ceder en matrimonio a los hijos.

Soy responsable de varios matrimonios que yo contribuí a formalizar, pero ignoro el destino actual de aquellas parejas de ilusionados jóvenes. En algunos pueblos de Chiapas, México, asistí como antropólogo para observar el ritual de la pedida de mano de la joven doncella.

Los padres del jovencito deben llevar algunos regalos a los padres de la doncella en cuestión. Los padres del muchacho hablan maravillas de su vástago, y los padres de la doncella expresan todos los defectos de la chica.

Por ejemplo: ella no sabe cocinar, no sabe lavar la ropa, no sabe cuidar a los animales, es muy poco aseada, y tiene mal carácter.

En ocasiones todo este ritual se omitía con el tradicional Robo de la novia , y por consecuencia se ahorraban muchos gastos y estas penosas conversaciones entre los suegros.

Al poco tiempo, la pareja se presentaba a pedir perdón a sus respectivos progenitores. Este largo preámbulo sirve para entrar en materia de lo que voy a relatar…

 

Mi compañero de la universidad, llamémosle Iván

Cuando viajó de aventura a Europa, particularmente a Florencia, Italia, conoció a una linda chica llamada Dalila. Y vivieron un amor de verano, intenso, pasional , y al parecer con una promesa de un futuro matrimonio.

La relación se mantuvo por varios años, a través de una nutrida correspondía por correo; las misivas iban y venían, repletas de frases románticas.

Hasta que un buen día, Iván dispuso que había llegado la hora de materializar la boda con Dalila. Ella puso como condición para arreglar un matrimonio formal, que hubiera una pedida de mano por parte de los padres de Iván.

Ellos no estaban en condiciones de emprender un vuelo de más de 15 horas, se excusaron. E Iván había aceptado un buen empleo y le fue imposible tramitar unas vacaciones cuando llevaba apenas tres meses de trabajar en una empresa trasnacional.

Me citó Iván en el Sanborns de Los Azulejos, y ahí me rogó que fuera yo a Italia a cumplir con la familia de Dalila, y que pidiera su mano a los padres de ella. Yo acepté de inmediato, además con todos los gastos incluidos, no había manera de negarse a tal petición de mi mejor amigo.

Viajé a Florencia, previo arribó a Roma, solamente que ese viaje lo hice en ferrocarril. Dos días después de mi llegada a Florencia, la cena ceremonial de la pedida de mano se realizó con mucha pompa y elegancia.

Preparé un discurso conmovedor para resaltar el porqué de la imposibilidad de Iván de estar presente esa noche, en tan significativa cena. Todos emocionados, yo incluido por supuesto, y brindamos por la nueva pareja, y por su prometedora vida en México.

Esta función de pedir la mano de una mujer que no sería para mi,; ya era la tercera vez que lo hacía con mucho éxito. Los siguientes días de mi estancia en Italia, Dalila y yo disfrutamos de algunas salidas por la ciudad, y principalmente recorrimos sus hermosos museos de arte.

 

Conjeturas

Debo decir que observé en Dalila unos atisbos de duda en la decisión de ir a vivir a México. Las razones las ignoro por completo, solamente puedo hacer conjeturas. Al volver a México me reuní con Iván y con sus padres, y les hice este mismo relato.

Brindamos por el éxito de tan delicada misión puesta en mis manos. Mi labor como antropólogo me reclamaba largas temporadas de trabajos de campo, muy lejos de la civilización.

Chiapas era mi destino casi siempre. Así que estuve fuera de la Ciudad de México muchos meses, hasta que pude averiguar que Dalila dejó a Iván vestido y alborotado, como novia de pueblo. No quiso vivir esa aventura que yo le pinté maravillosamente linda en una elegante cena, en la preciosa ciudad de Florencia.

*La Vaca Filósofa

Foto: Pexels
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