Bolivar Hernandez*
El día 2 de junio se celebra La Fiesta de la República Italiana, para conmemorar el referéndum realizado en 1946, para decidir la forma de gobierno que el pueblo quería entonces, después de la Segunda Guerra Mundial.
La colonia italiana en México es numerosa e importante. La embajada de Italia organiza una celebración, justo el 2 de junio, en la casona de Francisco Sosa, en Coyoacán, en el local de la fundación cultural Dante Alighieri.
Esta es una celebración a la cual tuve la oportunidad de asistir en un par de ocasiones, invitado por mi yerno italiano Raffaele Moro; y disfrutamos los vinos, pastas, helados, dulces, pizzas, que se ofrecen en esa fiesta nacional.
Entre cientos de italianos y mexicanos, vigilados por un par de Carabinieri, y con la presencia de un embajador simpático, departimos todo lo apetecible de la comida italiana y bebimos vermuth, campari, y agua mineral de los Alpes.
En esas dos ocasiones había grupos musicales folclóricos de Italia, amenizando la fiesta. Pude observar la enorme cantidad de matrimonios mixtos, italianos casados con mexicanas, tal cual es mi caso familiar.
En esta celebración se aprovecha para realizar acuerdos binacionales tanto comerciales, como culturales y educativos, de manera informal.
Yo, con un martini en mano, recorría los amplios jardines y observaba todo. Me percaté de algo que noté en Roma, que los varones italianos son muy guapos, y aquí lo corroboraba en vivo. Las chicas italianas bellas y, sobre todo, muy elegantes, bien vestidas; delgadas con buen porte.
Disfruto mucho la comida italiana, hasta las pizzas Margarita y los gelatos
Era invitado especial en esa fiesta italiana, gracias a la gentileza de ni yerno Raffaele Moro, ya que mi hija rehusaba participar en esos encuentros.
El pasado 2 de junio, no puedo dejar de recordar esa fiesta italiana, en la cual participé con mucho agrado, ya que soy un admirador de la cultura italiana.
Y, como cinéfilo, he gozado las películas italianas, desde aquellas denominadas del Neorrealismo, que eran filmes de la posguerra, hasta las películas de Fellini. Amé tanto el cine italiano, que mi novia de juventud fue la bella Claudia Cardinale.
Ahora que mi hija, mis nietos y mi yerno viven en Italia, tengo el pretexto magnífico de volver a Roma, ya que en los años 80, ante la Fontana de Trevi, arrojé de espaldas unas monedas, y pedí un deseo: Volver a Italia.
*La vaca filósofa.
