En un momento geopolítico mundial desafiante, en Brasil ha comenzado un debate en torno a la fragilidad en que se encuentran las Fuerzas Armadas para cumplir con las funciones básicas de la defensa nacional. Si bien el tema se ha centrado en asuntos del presupuesto nacional, vale la pena anotar aspectos relevantes del entorno.
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Detenerse en la obvia menguada rebanada del pastel asignada a las Fuerzas Armadas, es comparable al mismo camino equivocado que, por cierto, ha tomado la Unión Europea ante la reorientación estratégica de los EEUU de Donald Trump.
El problema, sin embargo, no es tan sencillo. El aumento del gasto, poco o nada contribuirá a una adecuada formación en defensa, si no se inserta en el contexto de la reanudación de un proyecto de desarrollo para la Nación en su conjunto, cuyo imperativo es la reindustrialización en su conjunto: la ampliación y modernización de la infraestructura física, la calificación de la fuerza laboral y, sobre todo, la recuperación de la capacidad crediticia soberana del Estado hoy tercerizada al sistema financiero.
Desde la década de 1990, el país se ha convertido en una eficiente fábrica de intereses, lo que ha hecho del servicio de la deuda pública el negocio más atractivo del mercado, en detrimento de casi todas las actividades productivas, excepto las que tienen su propia dinámica, entre ellas, las exportaciones de productos agrícolas y minerales.
En 2024, se destinó el 43% del presupuesto federal al servicio de la deuda pública
En este reinado de la usura, cualquier aumento en la participación para la defensa nacional tendrá que ser restado de otras partidas, una evidente maniobra de suma cero.
Al momento, el Banco Central dizque independiente, se prepara para elevar la tasa Selic a la ionosfera, lo que contribuirá a deprimir aún más la economía real que carece de inversiones productivas.
En esencia, mientras Brasil permanezca sumiso a los dictados de la usura rentista, el Estado será incapaz de realizar las inversiones directas necesarias para la reanudación del crecimiento, no habrá defensa efectiva posible ante las turbulencias que se pueden esperar en este período crítico de la historia.
