Luego del fracaso en Belén en su discurso de apertura en la cumbre del G-20, celebrado en Johannesburgo, el presidente Luis Inicio Lula da Silva lanzo la propuesta que ilustra el servilismo obsesivo en relación con las finanzas verdes: El intercambio de deuda de los países en desarrollo por iniciativas de un supuesto desarrollo coloreado de acciones climáticas, pidiendo al grupo las incentive.
MSIA Informa
La propuesta es una variante del intercambio de deuda por naturaleza (deb for natura swaps), uno de los primeros instrumentos financieros emanado por uno de los cerebros copados de sustancia verde, a mediados de la década de los 1980s, destinado a usar la protección del medio ambiente y las necesidades de la población indígena como el vil instrumento político para apropiarse de grandes territorios ricos en recursos naturales.
La ocurrencia fue del finado biólogo norteamericano Thomas Lovejov, en la época miembro del selecto Word Wide Fund for Nature (WWF), entidad sentada en la cúpula del armatoste ambientalista indigenista internacional
El modelo financiero original nunca tuvo gran aceptación
De acuerdo estimaciones confiables entre 1987 y 2021, se concretaron 145 acuerdos sumando África, Iberoamérica y el Caribe, totalizando 3,7 mil millones de dólares de deuda en valor nominal (los títulos reales siempre son negociados con grandes descuentos)
Los valores citados son ínfimos frente al disparatado plan del presidente Lula da Silva deslumbrado con la posibilidad de consolidar a Brasil como una potencia ambiental, cuyas necesidades requerirían atraer miles de millones de dólares en créditos de carbono, energía limpia (eólica, solar, de hidrogeno verde, etc.) y otros sectores.
