Cuando yo era un joven quizás de unos 20 años, Charles Atlas ganó el título de Mister universo. Era el hombre más fuerte del mundo, ciertamente.
Y él vendió con mucho éxito su método el famoso Tensión dinámica. Que consiste en tensar y aflojar los músculos rítmicamente.
Charles Atlas se promocionaba con este anuncio: Yo fui un alfeñique de 44 kilos. Un alfeñique es una persona de aspecto delicado y de constitución física muy débil.
En los años 70 yo era ese alfeñique de 44 kilos recién vuelto de Chiapas. Ahí estuve viviendo en aldeas miserables y comiendo muy mal, en condiciones de gran precariedad junto a esos campesinos. Padecí gastroenteritis aguda por beber agua pozo o de una corriente superficial, sin hervir. Estuve hospitalizado gravemente y logré salir de esa y de otras también.
Mi cuerpo era el de un faquir sentado en una cama de clavos. Un día me puse una toalla blanca sobre mi cabeza y me senté desnudo en posición de flor de loto, y mis amigos chiapanecos me fotografiaron así. Fue una foto famosa aquella.
Vuelvo a la Ciudad de México
Maltrecho físicamente y decidido a mejorar mi esquelético físico. Mi idea era comer sanamente y hacer ejercicio físico.
En esos años vivía en los condominios de Altillo Universidad, Universidad 1900, Coyoacán. Muy cerca de CU por razones obvias.
A dos cuadras de mi departamento había un gimnasio muy famoso por ser el sitio de moda en el medio artístico. A él acudían los artistas y galanes del cine de los años 70, y yo.
Solo voy a mencionar a mi paisano Jorge Rivero, musculoso actor y nada más. Filmó muchas películas con las artistas bellas de esa época. Lucía un cuerpo espectacular bien trabajando, según lo observaba desnudo en la sala de las regaderas.
Yo era entonces un flacucho y esmirriado joven y no me acomplejaba ante esos artistas famosos. Hacia mis rutinas de pesas y aparatos con un entrenador personal. No tenía masa muscular sobre la que se podía modelar nada. Ni tampoco subí de peso y eso que ya comía sanamente. Seguí siendo muy delgado muchos años más.
Iba al gimnasio muy de madrugada antes de ir a la universidad. Y ya los actores músculos están ahí con las tremendas pesas. Y eso si sin dejar de mirarse en los espejos del gimnasio. Era una pasarela de vanidades entre ellos, yo en cambio al espejo me miraba de reojo por pena, pena del alfeñique.
GIMNASIO EXCLUSIVO PARA LA COMUNIDAD GAY
Muchos años después encontré otro gimnasio en la colonia Roma, en la calle de Medellín, atrás del Sears de Insurgentes. Y resultó que ese gimnasio era exclusivo, casi, para la comunidad gay de la Condesa y Roma.
Aquí los espejos eran los aparatos más demandados por estos chicos gay, y ellos desarrollaban musculaturas exageradas con base al consumo de suplementos de proteínas. Y los baños, las regaderas, y el sauna sobre todo, era el lugar preferido para sus ligues entre ellos.
Estuve unos cuantos meses y hui de ahí.
He estado por varios gimnasios de la Ciudad de México, y nunca pude alcanzar los estándares marcados por mis entrenadores personales, era muy flaco, y sin ganas de ingerir suplementos de proteínas y mucho menos de hormonas.
El cuento de los gimnasios y sus personajes es infinito, y puedo decir que conozco bastante el tema del juego de los espejos en cada uno de ellos.
TORTURA CHINA
Por último relataré el caso del gimnasio al cual asistía junto a mi penúltima esposa. Ella y yo éramos muy delgados y deseábamos tener un poco de musculatura. Ese gimnasio estaba en la calle de Pachuca en la Condesa, casi esquina con la calle de Veracruz. Cerca de nuestra casa, a tres cuadras estaba el gym, como les dicen lo sofisticados al gimnasio.
Mi penúltima esposa padecía de celotipia, celos extremos, era una tortura China ir juntos al gimnasio. Era un gimnasio mixto, con chicas atractivas y muy jóvenes, integrantes de cuerpos de danza de programas televisivos. Era imposible no mirarlas, ni modo de disimular ese atractivo visual tan a la mano.
Ya de vuelta en casa las escenas de celos de parte de mi penúltima esposa eran espectaculares. Verdaderos dramas con amenazas de suicidio de parte de ella. Llantos telenoveleros, gritos y sombrerazos… Era la tónica de esa linda pareja que según los vecinos éramos la pareja ideal.
A los seis meses dejé el gimnasio y la penúltima esposa también, obviamente.
Me fui a refugiar al centro histórico de la Ciudad de México, y ya no me dieron ganas de buscar un nuevo gimnasio y mucho menos otra nueva mujer.
*La vaca filósofa

