Franscico Rodríguez*
En Chilpancingo, se vivieron el sábado las consecuencias de las alianzas de los políticos morenistas con los capos del crimen organizado cuando los seguidores de AMLO no cumplen los compromisos adquiridos con los mañosos.
Ante las amenazas de estos últimos, la capital guerrerense lució desértica, en un virtual toque de queda, con comercios cerrados que causaron grandes pérdidas económicas a sus propietarios, con sus habitantes encerrados a cal y canto en sus hogares, con largas filas de personas esperando inútilmente a que pasara alguna unidad de transporte público para poder llega a su destino.
La dizque gobernadora Evelyn Salgado
Quizá en alguna party acapulqueña, posando para las fotos que se publicarán en las llamadas revistas del corazón y/o de la farándula. Su impresentable padre, Félix S. Macedonio, en calidad de lavaperros –el menor de los rangos en la escala criminal– de sus patrones narcos.
Por la noche, la alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández, recientemente retratada con un criminal de la pandilla de Los Ardillos, fue trasladada en una caravana de vehículos blindados a CDMX.
En su trayecto llamó a sus seguidores para que documentaran que todo lo sucedido desde el viernes en la noche –balaceras por doquier, muertos, heridos– eran inventos de sus malquerientes, para presentar esos datos en la matiné de AMLO la mañana de este lunes. En política, señora presidente municipal, no se quiere a los políticos. No deben buscar cariño, sino respeto. Y en su caso…
