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¿Chorro de voz? ¡No, apenas un chisguete!

 

Bolivar Hertnandez*
De músico, poeta y loco todos tenemos un poco, reza el refrán. Yo de ello tengo mucho más: Soy muy loco, poco poeta y casi nada de músico.
Pero esta historia tiene que ver con mi vocación de músico frustrado. Desde niño fui muy musical, me encanta escuchar músicas diferentes.
Mi relación con la música comienza siendo yo un bebé y cuando vivía en el pueblo de mi padre, Cuilapa, Santa Rosa, Guatemala, en el año de 1946.
La casa paterna está frente al diminuto parque central, con un quiosco en medio, donde los domingos o días festivos tocaba la banda municipal o bien la marimba, y seguro mi familia extensa procuraba sacarme a escuchar la musiquita y yo feliz y contento.
En esa época
En Cuilapa salía la banda municipal a dar los bandos municipales, recorriendo todo el pueblo para informar de viva voz las nuevas disposiciones, para una población analfabeta como aquella.
Cuando era un adolescente de unos 14 años, los chicos del pueblo y yo discurrimos jugarles una broma a los músicos de la banda municipal, y ésta consistía en chupar limones frente a ellos a la hora de tocar los instrumentos de viento, y ocasionar que desafinaran todos por un exceso de salivación.
A los 15 años le manifesté a mi padre el deseo ferviente de estudiar en el Conservatorio de Música de Quetzaltenango, Guatemala. Y me inscribí con la intención de tocar el piano.
El año lectivo que fui un alumno del conservatorio, jamás me senté frente a un piano. Durante 10 meses solamente aprendí a solfear y a leer partituras. Me aburrí y me largué de ahí.
Dejé la música olvidada y me dediqué a dibujar y pintar, y también a leer desaforadamente en la biblioteca inmensa de mi padre.
Me fui a México a los 20 años
A estudiar antropología, y mis aficiones seguían estando en el ámbito del arte: dibujo, literatura y música.
Como estudiante podía tener acceso gratuito a los conciertos de la Filarmónica de la UNAM, todos los domingos. Y ahí descubrí que tenía un oído privilegiado porque podía detectar en la orquesta cualquier instrumento desafinado.
Me aficioné a los conciertos de los cuartetos de Cámara, de la orquesta sinfónica de Bellas Artes, y de la Filarmónica de la Máxima Casa de Estudios.
Al tener como amigos a algunos miembros de la compañía de la Ópera de Bellas Artes, pues empecé a asistir a las temporadas de Ópera, con boletos gratis y en la luneta. Y me convertí en un enamorado de la ópera.
Muchos años después, mi gran amigo músico y cantante de ópera, David Yvker, me relacionó con la música coral. Y asistía a los ensayos y a las funciones del Coro de la Comunidad Judía con bastante regularidad.
Mi amigo David insistió en que yo debería de cantar en un coro. Y le hice caso y me inscribí en el coro de Bellas Artes.
No recuerdo si fui clasificado como tenor o como bajo. El caso es que tengo poca voz, poca potencia vocal, pero soy muy afinado por tener un oído privilegiado.
Asistí a varios ensayos dominicales y me gustó muchísimo. Nunca debuté en alguna función ante el público. No recuerdo la razón de mi debut frustrado.
Canto lindo, afinado, pero mi voz es imperceptible
En México, cuando cumplo años
Que es en el mes de agosto, voy solo a Garibaldi, a la plaza de los mariachis, y contrato a un mariachi y canto con ellos, yo como solista.
Ese es mi gusto, mi loco gusto de cantar rancheras. Siempre pido una canción que me aprendí hace muchos años: Si nos dejan, es de José Alfredo Jiménez, el poeta de Guanajuato.
En esta ocasión que estuve en México, quise sorprender a la bella señora de Puebla, y la llevé a Garibaldi de día. Deseaba cantarle un par de canciones con acompañamiento de mariachis, y pues resulta que no había ningún grupo de mariachis a las 10 de la mañana, y aparte llovía. ¡Mala pata la mía!
Nos fotografiamos frente al icónico bar Tenampa, cerrado a esas horas también.
¿Chorro de voz? ¡No, apenas un chisguete!, pero hago mi lucha por cantar al oído de quien esté a mi lado.
¡Hasta pronto músicos y cantantes del mundo!, ¡qué envidia les tengo a ustedes!
*La Vaca Filósofa
Fotos: xarkamx /pixabay
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