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Circunloquios sobre el amor en tiempos de pandemia

 

Bolivar Hernandez*

Debo decir de inmediato que mi vida amorosa es un misterio, es un asunto privado, íntimo, de la cual jamás hablo con mis amigos o familiares. Eso motiva grandes especulaciones o la invención de historias fantásticas sobre mi vida romántica. 

 

Los hombres suelen contar sus aventuras amorosas adornadas con fantasías y exageraciones, a otros hombres. En una suerte de competencia muy varonil, según ellos. Antes de proseguir hay que mencionar la cantidad de hijos que se me atribuyen, muchos, dentro y fuera de varios matrimonios; eso es una leyenda urbana.

 

Dicen que fui un niño hermoso pero en la adolescencia me convertí en un joven alto, delgado y desgarbado. Poco atractivo físicamente, al grado que mi padre me advirtió lo siguiente:

¡Ay hijo mío!, te va a costar conseguir mujeres por tu cara alargada y trompudo. 

 

Ese dicho paterno me marcó desde joven

Y me preocupó demasiado. Era yo muy consciente de mi falta de guapura varonil. Y entonces me puse a cultivar lo que los franceses denominan el charme, el encanto, el verbo seductor.

 

Y como dirían en México: verbo mata rostro, billetera y… un largo etcétera. Llegué a la conclusión que el arte de la seducción es un asunto serio y digno de estudiarse. Y me preparé lo mejor que pude en ese arte de amar y seducir.

A mis 76 años confieso que he vivido, como diría el poeta chileno Pablo Neruda; he amado y a veces también a mi me han amado. No me quejo, al contrario agradezco a la vida que me ha dado tanto en el tema amoroso.

 

Un secreto descubrí en el arte de la seducción

Que el sentido del humor es fascinante para cualquier mujer. Les encantan que las hagan reír con gracia. Quizás otra cosa más: Saber escuchar, no oír. Escuchar atentamente y mirarlas fijamente a los ojos.

 

Ensayé con varios matrimonios y con relaciones de mediano plazo viviendo separados físicamente, cada uno en su propia casa. Porque el amor es sinónimo de libertad, sentir que uno puede volar en cualquier instante.

La soltería es un lujo que yo me doy, eso no significa que estoy solo. Busco la soledad para poder crear en el arte, en la pintura, en la poesía y en la literatura. Lo que sé de la vida me lo enseñaron esas mujeres que compartieron mi existencia desde muy jovencito. ¡Muy agradecido, muy agradecido…!

*La Vaca Filósofa

Foto: SplitShire
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