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Covid-19 en México: ¿Cuántos muertos son?

panteón

 

Javier Esteinou Madrid*

Con el fin de abordar el fenómeno de la pandemia del Covid-19 en México, el gobierno federal de la Cuarta Transformación a través de la Secretaría de Salud se enfrentó a la necesidad de conocer la situación de dicha realidad epidémica. Para develar esta situación midió permanentemente su evolución y expansión cotidiana a lo largo del territorio nacional. Con este fin, la Subsecretaría de Salud recurrió a la aplicación del método Centinela propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el cual sistemáticamente se recogió información de las unidades monitoras sobre tal enfermedad respiratoria para determinar cuantitativamente el nivel de gravedad en el que se encontraba esta situación, especialmente, en cuanto al número de personas fallecidas y la cantidad de casos de individuos contagiados de Coronavirus en el país.

 

Para comprobar la situación de la pandemia el sistema Centinela calculó el número de fallecidos por el virus basándose medularmente en el registro de defunciones localizadas al interior de los ámbitos hospitalarios, sin considerar los muertos que acontecieron en el hogar, en el trayecto al hospital, en otras zonas de la ciudad, los de casas de retiro, los fallecidos clandestinos, la aplicación de pocas pruebas diagnósticas, etc. Debido a que las autoridades dijeron que sólo habría que acudir a los hospitales en casos de gravedad extrema, millares de mexicanos trataron de atenderse en sus domicilios y muchos fallecieron allí.

 

Otra limitación del sistema Centinela se presentó al inicio de la epidemia cuando este proceso de recuperación estadística no reconoció a las personas que murieron de Covid-19 debido a que fueron diagnosticadas por un conocimiento inadecuado de la enfermedad o a la falta de disponibilidad de pruebas de laboratorio confirmatorias, y sus decesos pueden haberse atribuido a otras causas de morbilidad. Adicionalmente, a ello los procedimientos de recopilación y tabulación de defunciones en México no fueron expeditos, lo que retrasó la identificación temprana del total de defunciones acumuladas.

 

En suma, todo ello alimentó el enmascaramiento del nivel de algidez de la enfermedad. Por consiguiente, el resultado de la mirada sobre la situación del suceso pandémico desde el método Centinela en México proporcionó una perspectiva muy limitada para comprender la verdadera dimensión expansiva del virus y de sus consecuencias al interior de la vida de la sociedad mexicana, pues solo midió una parte de la realidad epidémica arrojando datos sesgados que no permitieron calibrar con suficiente objetividad científica la profundidad del problema. En este sentido, a partir de dicho proceso de estimación sanitaria el cálculo del número de fallecidos por Covid-19 en México realizado por el gobierno de la Cuarta Transformación representó la comunicación de una contabilidad fallida, pues conllevo un porcentaje de subregistros de decesos y contagios muy menor a los verdaderamente existentes en la realidad nacional.

 

La sociedad tiene “otros datos”

A diferencia de la sistematización oficial que efectuó el gobierno federal sobre la dimensión de la pandemia, diversos organismos nacionales e investigadores independientes en el ámbito estadístico epidémico establecieron metodologías distintas que permitieron obtener otros cálculos más completos considerando un universo más fiel de fallecimientos y, por lo tanto, muy diferentes a la cuantificación gubernamental efectuada por la administración en turno que reflejaron que la epidemia del Covid-19 en México tenía otra dimensión enormemente más grave que la versión restringida que difundieron las autoridades estatales.

Así, mientras el gobierno de Morena a través del subsecretario de salud, Dr. Hugo López Gatell, comunicó cotidianamente en sus conferencias vespertinas de prensa la existencia de diversas numeralias mínimas de personas contaminadas y fallecidas por SARS-CoV-2, otras instituciones del Estado y analistas autónomos determinaron cifras muy superiores a los datos institucionales que reportaron los funcionarios responsables sobre el total de personas afectadas por el virus en la República.

 

De esta forma, existió una gran diferencia entre la medición documentada por los mismos órganos gubernamentales destinados a resolver la epidemia y otras instituciones paralelas del Estado mexicano vinculadas con el campo de la salud. Se presentó una discrepancia relevante entre la medición epidémica realizada por la Sub Secretaría de Salud y las cuantificaciones efectuadas por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), la Coordinación Científica de la UNAM, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (CENAPRECE), la Dirección General de Epidemiología (DGE), el Registro Nacional de Población (Renapo), el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), la Universidad Johns Hopkins, el portal periodístico Animal Político, el Proyecto Li, investigadores independientes como el Dr. Raúl Rojas, Dr. Arturo Erdely, Dr. Mario Romero, Dra. Laurianne Despeghel, Dr. Juan Manuel Herrero, Dra. María de la Paz López Barajas, Dr. Rafael Bojalil y las propias declaraciones institucionales del Dr. Hugo López-Gatell al principio de evolución de la crisis sanitaria.

 

Así, por ejemplo, el 25 de marzo de 2021, cuando la sociedad mexicana superó la cifra emblemática de 200 mil fallecidos y más de 2,200 millones de casos de contagios positivos por Covid-19, rebasando en 3.3 veces la cifra catastrófica de 60,000 fallecidos que aseguró el vocero de salud del gobierno de la 4-T que nunca se alcanzaría en México; las cifras que se difundieron por diversos sectores oficiales e independientes fueron las siguientes:

 

Ello significó que el impacto de la pandemia en México ocasionó que sucedieran 1.5 muertes cada minuto durante 2020, que cada hora fallecieran 38 personas, y que cada una de esas familias mexicanas afectadas tuvieran un duelo en solitario, enfrentándose a servicios funerarios rebasados por la incineración o entierro desbordado de los cuerpos.

 

Finalmente, además de estas cuantificaciones realizadas por distintos organismos y especialistas autónomos, varios estados de la República aplicaron otras metodologías diferentes para recabar datos de salud sobre la población infectada y fallecida, lo cual generó todavía más discrepancias ente las cifras institucionales expuestas por el gobierno federal y los datos elaborados por gobiernos estatales.

 

La diversidad de concepciones y mediciones matemáticas sobre la situación de la epidemia del Coronavirus en la nación reflejó la existencia de un enorme desorden, contradicciones, discrecionalidad y anarquía en la forma de cuantificar y enfrentar las consecuencias de la pandemia por parte del gobierno morenista, pues dentro de la misma administración se presentaron diversas numeralias opuestas sobre el mismo fenómeno que no coincidieron entre sí, creando confusión y desconcierto sobre el grado de peligro de mortandad y contagio que representaba la acción del virus SARS-CoV-2 sobre la salud. Incluso se instrumentaron mecanismos institucionales de opacidad informativa para bloquear avanzar en el conocimiento más objetivo de la crisis sanitaria en la nación.

La poli interpretación de esta realidad pandémica debido a sus contradicciones internas se amplificó significativamente incrementando la confusión sobre el panorama y las consecuencias ocasionadas por la plaga bíblica del Covid-19 que castigó severamente a la sociedad mexicana.

 

La difusión de los registros estadísticos paralelos sobre la acción de la pandemia constató que la contabilidad oficial acerca del Covid-19 fue rebasada en 3, 4, y hasta en 8 veces por los cálculos de los procedimientos alternativos. Esta acción reflejó la existencia de un fuerte conflicto institucional, una falta de responsabilidad y un déficit profesional de las autoridades de la administración de la Cuarta Transformación para evaluar con objetividad y transparencia el nivel de la gravedad de la epidemia que azotó radicalmente durante un largo periodo de existencia la vida de la población mexicana en todos sus niveles de funcionamiento.

 

Las preguntas

Ante dicho panorama dramático surgen las preguntas ¿por qué el gobierno de la Cuarta Transformación Histórica menospreció, devaluó y desconoció los diagnósticos cuantitativos realizados por otros organismos, incluso del propio Estado mexicano, y de analistas independientes, sobre el nivel de gravedad de la pandemia en el territorio nacional, difundiendo cotidianamente las cifras más limitadas, en lugar de respetar los datos científicos más altos e incorporarlos en la estrategia de combate a la pandemia?

¿Por qué se opone a aceptar oficialmente el alto número de muertes por Covid 19 que demostraron las metodologías matemáticas de las investigaciones de otras instancias autónomas especializadas en el seguimiento de la evolución de la crisis epidémica en el país y continúa exponiendo cotidianamente las cifras más conservadoras sobre el mismo?

¿Por qué la actual administración se empeña en debilitar el porcentaje de muertes causadas por el SARS-CoV-2 argumentando que no se deben a la presencia del Coronavirus, sino a otras comorbilidades paralelas como son la obesidad, diabetes mellitus, sobrepeso, hipertensión, neumonía, influenza, males cardiacos, tumores malignos, vida sedentaria moderna, mala nutrición de los habitantes,  predominio de productos industrializados de bajo o nulo valor nutricional con altísimo valor calórico, desigualdad social, pobreza y fuerte corrupción arraigada de los gobiernos anteriores?

 

La única respuesta

Que se puede encontrar a dicha deformación evaluativa es que la administración morenista prefirió manejar el subregistro de fallecimientos y contagios originados por el Covid-19 en el país, para evitar que la difusión de un avance mayúsculo de la pandemia dañara más el deteriorado prestigio de la administración del sistema de salud, la dinámica de gobernabilidad y el proyecto de desarrollo global del gobierno de la “Nueva Esperanza del Cambio”.

Con la anulación de tal comunicación estadística alternativa se impidió que la imagen del sistema de poder en turno se erosionara más de lo que ya la había golpeado el errático manejo gubernamental de la pandemia, pues eso significaría la perdida de simpatías políticas y la reducción de obtención de votos en las elecciones intermedias de 2021 y 2024 en la República.

La tendencia del gobierno de la “nueva esperanza” a ocultar cifras, lo único que provocó fue agudizar la tragedia, pues al mentirle a la población que la epidemia no era tan grave fomentó el relajamiento ciudadano sobre las medidas de prevención y con ello propició el aumento de contagios.

El peor error de López Obrador y del sistema de salud a lo largo de toda la crisis sanitaria fue minimizar la pandemia, destinar los recursos públicos a otras áreas y proyectos no fundamentales, tratando de obtener rentabilidad política para su gobierno y su partido a través de acciones implementadas para combatir la emergencia.

 

La administración gubernamental de este prototipo de comunicación sanitario reflejó que la principal promesa moral de la “Cuarta Trasformación” hacia la sociedad consistente en “no mentir, no robar y no traicionar” no se cumplió, pues al impedir presentar  las dimensiones estadísticas más reales y exponer los datos “maquillados” sobre la enorme situación de la pandemia en la República, se mintió parcialmente desde el Estado para conservar una apariencia política positiva ante los ciudadanos, especialmente en la etapa preelectoral.

Las elecciones intermedias del 2021 se deben ganar a través de la realización de proyectos exitosos para encarar los grandes problemas de la sociedad mexicana, especialmente en el ámbito del combate a la epidemia del Covid-19 y, no mediante el ocultamiento o la manipulación de las cifras sobre el nivel de gravedad que han alcanzado los conflictos de la nación.

 

No se puede gobernar con paz y estabilidad social ocultando la realidad.  

 

#Fuente: “Covid-19 en México: ¿cuántos muertos son?”, Revista Siempre, No. 3539, Año LXVII, Columna Comunicación, Fundación Pagés Llergo, Ciudad de México, México, 11 de abril de 2021, páginas 54 a 57, http://www.siempre.mx/2021/04/cuantos-muertos-son/
Foto: pixabay.com
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