Bolivar Hernandez*
Llegué a las 5.30 de la mañana a la terminal poniente de la Ciudad de México, para viajar a la ciudad de Uruapan, y resulta que no hay salidas frecuentes; la primera era a las 7.30 am.
Tuve que esperar con impaciencia la salida del autobús ETN, un lujoso bus de dos pisos y pocos asientos en la planta baja, todos quieren ir en el segundo piso. Yo elegí abajo donde solo hay 4 asientos.
Es una terminal deteriorada y con pocos servicios de restaurante, no existe una cafetería decente, ni un bocadillo decente. A lo lejos observé que había lustradores de calzado, y de súbito me subí a su silla alta, y le pedí que lustrara mis botas mojadas por la lluvia de la noche anterior.
Fui feliz con mis botas brillantes, pero con hambre me trepé al autobús y partimos. El tiempo estimado entre la Ciudad de México y la ciudad de Uruapan, previa escala en Morelia, es de 5 horas.
Dormí un par de horas con el cuello torcido
De pronto se abre la puerta del conductor y este hombre me saluda afectuosamente y se dirige al baño, después se sienta a mi lado, y con desparpajo me cuenta su vida y su filosofía, después de 40 años como conductor de camiones pesados y de autobuses.
Lo escucho pacientemente pensando que sería breve el relato de don Jesús Carmona, pero ¡no! Don Jesús me relata su vida durante tres horas con lujo de detalles. Y me cuenta que hizo una fortuna transportando migrantes centroamericanos ilegales o indocumentados, hacia las ciudades fronterizas del norte de México con deseos o sueños de pasar a los Estados Unidos.
Don Jesús Carmona pudo sentarse a mi lado y contarme sus anécdotas porque otro piloto conducía el bus en forma intercalada con él.
El trayecto entre la Ciudad de México y Uruapan fue muy accidentado por los retenes militares a lo largo del camino, quienes revisan todos los vehículos en busca de armas de fuego.
Además, de un par de accidentes de tránsito por exceso de velocidad o por descuidos al manejar con el celular en la mano.
Mi conferencia de prensa
Programada para las 5 de la tarde se suspendió, como si fuera una corrida de toros o un partido de futbol, debido a una lluvia torrencial con granizo, acompañada de rayos estruendosos.
Mis presentaciones para hablar sobre el escritor y el psicoanálisis serán ahora en una biblioteca y no al aire libre, como se había programado.
Recorrí la ciudad en automóvil con la compañía de mi amiga Silvia Huanosto, oriunda de la ciudad de Uruapan, quien me mostró el progreso material de una ciudad que vive del aguacate exportado al extranjero, y que sus habitantes dependen de algún modo de ese fruto delicioso.
Uruapan, capital mundial del aguacate
Los datos duros son elocuentes:
- Aporta más de 144 toneladas de lo que se produce en toda la República Mexicana.
- Muchos kilómetros antes de llegar a este municipio michoacano, se observan las plantas en los cerros, lomas y predios en los barrios y tenencias.
- Se siembran y cosechan 14 mil 300 hectáreas, por lo cual se estima ingresan 2 millones 107 mil pesos al año solo por esta deliciosa fruta.
El lado oscuro de la moneda
Michoacán, el mayor productor mundial de aguacate y origen del 85 por ciento del rico fruto que se consume en Estados Unidos, sigue viendo amenazada su riqueza agroindustrial por el asedio de los abrazos del crimen organizado, que saca tajada del negocio mediante robos, secuestros y extorsiones. Pero ello será tema para una futura entrega.
*La Vaca Filósofa

