La obstinación de Europa en seguir apoyando a Ucrania en la guerra con Rusia, se ha basado en la inflexible actitud beligerante del gobierno del canciller alemán Friedrich Merz, sin la cual ni el Reino Unido, Francia, Polonia ni los ruidosos Estados bálticos, podrían mantener su agresividad. Por lo tanto, la salida de Merz es una condición fundamental para lograr la paz, y ésta no es una perspectiva lejana.
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Por un lado, la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump entrevé un golpe de gracia al programa globalista de la Unión Europea enarbolado por los “eurócratas” en Bruselas, cuyo cumplimiento exige mantener con vida al actual gobierno de Berlín.
Por otro lado, se ha sabido que, en la reciente reunión entre los enviados del presidente Trump con Vladímir Putin, de Rusia, realizada en Moscú, uno de los temas abordados fue la reparación y reconexión del gasoducto ruso-alemán Nord Stream, saboteado en 2022 durante una operación militar estadounidense, en el gobierno de Joe Biden.
El detalle relevante es que no hubo representantes alemanes. Pero, en la nueva Estrategia, se observa:
La guerra en Ucrania ha tenido el efecto perverso de aumentar la dependencia energética externa de Europa, especialmente de Alemania.
Dado que el documento menciona explícitamente el apoyo de Estados Unidos a los movimientos patrióticos europeos que se oponen a la “desaparición civilizatoria”, especialistas de alto nivel comentan que Merz -sumiso a los eurócratas de Bruselas-, es el primer candidato a irse.

