Arturo Ríos*
El gobernador Raúl Caballero Aburto, en 1961, tenía serios problemas, pues comenzaba su lucha disidente Genaro Vázquez Rojas, después popular guerrillero en el estado de Guerrero, que lo colocó en la historia.
Iniciaron los mítines, paros y marchas en Chilpancingo; en uno de los eventos, agredieron a un soldado del 3er. Batallón de Infantería que resguardaban los actos.
El uniformado hundió la bayoneta en el cuerpo del agresor y lo mató.
La víctima fue izada como bandera para comprobar la represión y el presidente de la República, Adolfo López Mateos, para calmar los ánimos, pidió la renuncia al gobernador.
El Frente Cívico quedó como amo y señor de la entidad
Durante un mes soportó la presencia adusta de los auditores que pedían documentos, revisaban, hacían preguntas al personal y buscaban por todos lados.
Los revisores estaban anonadados, ya que sobraban 15 mil pesos, cuando su idea era que faltara dinero. Reiniciaron meticulosamente y ocurrió lo mismo, así que informaron a sus superiores la conclusión de la auditoría.
Enviaron a otros contadores con la consigna que detallaran sus pesquisas, no era creíble que sobrara dinero en una dependencia pública, pero el final fue el mismo y no hubo otro remedio que devolvérselos con una felicitación.
Cuando recibió el cheque mi padre, por la suma mencionada, sacó varias copias fotostáticas y nos entregó una cada uno de sus hijos con la siguiente frase:
Cuando quieran ser sinvergüenzas, se acuerdan quién fue su padre y se detengan.
*Periodista e Historiador
