Elisabeth Hellenbroich, Wiebaden* Tras la turbulenta reunión del Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania con los ministros de Defensa de casi 50 países en la base aérea de Estados Unidos en Ramstein, Alemania, el gobierno del canciller Olaf Scholz cedió a las presiones de Washington y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y decidió enviar a Ucrania 14 tanques Leopard 2ª6 del Ejército alemán, a costa del debilitamiento de su misma capacidad de defensa del país. Al mismo tiempo, Estados Unidos anunció su disposición de enviar a Kiev 31 de sus tanques M1 Abrams, mientras que otros países europeos operadores de versiones más antiguas del Leopard 2 siguieron el ejemplo: Holanda, 18 y Polonia, 14. Además de ellos, los países escandinavos están considerando la posibilidad y Francia está examinando todavía la posibilidad de enviar un número no determinado de sus Leclerc. En cosa de horas, el presidente ucraniano, Volodomyr Zelensky y su viceministro de Relaciones Exteriores, Andriy Melnyl, declararon que serían necesarias “más armas” de Alemania y de la OTAN, en particular aviones de combate, submarinos y misiles de largo alcance (¡), pretensión a la que Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos respondieron favorablemente. Se trata de un cambio gigantesco
Que señala que Europa se hunde cada vez más en los pantanos de la guerra Rusia-Ucrania. Estamos tan sólo a algunos pasos antes de que los países de la OTAN y Estados Unidos envíen tropas de combate regulares a Ucrania para combatir a las fuerzas rusa. Es decir, estamos ante un radical cambio de fase del conflicto, el cual implica el evidente peligro de la guerra nuclear. Todavía no es tarde para cambiar la dinámica de esa guerra horrenda y todavía existe la posibilidad del regreso a la mesa de negociaciones, como ocurrió en abril de 2022 entre Rusia y Ucrania en Estambul, Turquía, que terminaron con un acuerdo preliminar, antes de ser saboteado por el entonces primer ministro británico, Boris Johnson.
En una entrevista en Youtube para el Neutrality Institute de Londres, el exprimer ministro eslovaco Jan Carnogursky caracterizó la guerra de lucha dramática por la supervivencia, respecto a Ucrania, Rusia y Estados Unidos. Si estados Unidos perdieran esta guerra sustituta, afirmó, ello significaría la pérdida del dólar como moneda de reserva. Ucrania perdería algunas de sus regiones del Este y del Sur, mientras que Rusia, probablemente, sería dividida.
Carnugorsky también señaló que Estados Unidos, luego de haber comenzado a construir una base militar en Otachakovo, cerca de Odesa, podrían enviar, una vez concluida su construcción, misiles nucleares que llegarían a Moscú en 6 ó 7 minutos. Por si fuera poco, recalcó que la guerra de Ucrania no es una lucha de “democracia contra autocracia,” puesto que Zelensky proscribió 11 partidos de oposición y mantiene en prisión domiciliaria a algunos de sus dirigentes. Ucrania tiene “pocas posibilidades de vencer en la guerra”
Pero perderá centenas y miles de ciudadanos y Estados Unidos está dispuesto a luchar “hasta el último ucraniano”. Todo ese proceso, afirmó Carnugorsky, demuestra la determinación de Occidente de usar a Ucrania contra Rusia por “razones geopolíticas:”
Rusia es un país rico que posee 35 por ciento de los recursos naturales del mundo y es el deseo de Occidente el librar esta guerra contra Rusia con el objetivo de dividirla en pedazos. Aunque el aún vea la posibilidad de una solución razonable, esto implicaría, entre otras cosas, una Ucrania neutral con garantías de seguridad apropiadas de Occidente.
Las observaciones de Carnogursky se deben considerar en el marco de algunos artículos publicados recientemente en Estados Unidos. Los neoconservadores estadounidenses Condoleezza Rice y Robert Gates firmaron en el Washington Post del 7 de enero, un artículo titulado “El tiempo no está del lado de Ucrania,” en el exigen el “aumento dramático de la ayuda militar de Estados Unidos a Ucrania,” destacando que la lucha es sobre el “papel indispensable de Estados Unidos como potencia mundial.” En la revista Foreign Affairs del 9 de enero, I.H Daalder y J. Goldgier (“La larga guerra de Ucrania: Occidente necesita planear un conflicto prolongado con Rusia”) ven como resultado más probable una “guerra prolongada y aplastante que gradualmente se congele a lo largo de la línea de control que ninguno de los dos bandos acepta.” Según ellos:
La realidad es que hasta Estados Unidos se están quedando sin capacidad en exceso para abastecer a Ucrania. Tomemos los proyectiles de artillería. El año pasado, Ucrania disparó tantos de ellos en una semana como Estados Unidos puede producir en un mes… Después, existe el peligro de una escalada y de la tercera guerra mundial.
Es fácil descartar esos miedos, pero es crucialmente importante que Estados Unidos tomen en serio los peligros de una escalada y que sopesen continuamente los peligros de no hacer lo suficiente para ayudar a Ucrania contra las consecuencias de hacer de más, en particular por la posibilidad de que Rusia pueda usar armas nucleares tácticas.
*MSIA Informa

