Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
La segunda cumbre Rusia-África se desarrolló en San Petersburgo entre el 27 y el 28 de julio pasado. Participaron 49 países africanos, representados por jefes de Estado o de gobierno, cancilleres o embajadores. La primera cumbre ocurrió en Sochi, en octubre de 2019. En este lapso, el mundo fue profundamente afectado por la pandemia de Covid-19 y por el conflicto en Ucrania.
Buena parte de la prensa intentó presentar la reunión como un fracaso, ya que, en comparación con la de Sochi hubo menos asistencia de jefes de Estado o de gobierno en esta de San Petersburgo. De hecho, fueron 17 contra 43, en gran medida, como resultado de fuertes presiones de las potencias occidentales. No obstante, ahora estuvo presente Camerún, país que no estuvo Sochi.
Desde nuestra perspectiva, sería un grave error de cálculo geopolítico si Occidente, y en particular la Unión Europea, evaluara la cumbre simplemente como un acto de propaganda de Moscú o como una capitulación de África a las presiones y supuestas “manipulaciones” de Rusia.
Lejos de que la declaración final del evento, signifique un compromiso de posturas, habría que leerla en el sentido de una declaración programática de intenciones de países africanos para el mundo entero. Obviamente, la mano del Kremlin estaba ahí, pero se limitó a garantizar que la palabra Ucrania, no se mencionara en la declaración.
África reafirma la necesidad de oponerse al neocolonialismo
El cual impone condiciones y patrones dobles, y no permitir que estas prácticas priven a sus Estados y pueblos de tener opciones soberanas para sus caminos de desarrollo. La declaración pide esfuerzo para “contrastarse una imposición en las organizaciones internacionales, principalmente en Naciones Unidas, de líneas divisorias que impidan una búsqueda efectiva de soluciones para cuestiones urgentes de la agenda de la ONU.
Inclusive aquellas que afectan intereses vitales de los Estados africanos, África quiere contribuir a la creación de un orden mundial multipolar más justo, equilibrado y estable. Esto no es poca cosa, en comparación con los desplantes de EUA y de Occidente en general con relación a esta necesidad.
En el campo económico y programático, las demandas africanas son todavía más precisas. El documento afirma la oposición a la “aplicación de medidas restrictivas unilaterales ilegítimas, aunque secundarias, y a la práctica del congelamiento de las reservas cambiarias soberanas”.
Obviamente, esta es también una afirmación de los intereses de Rusia, debido a las sanciones impuestas por Occidente, pero ante todo refleja la creciente preocupación, reiteradamente manifestada por todos los países emergentes, en cuanto al uso generalizado de sanciones como instrumentos de guerra.
El apoyo de África al surgimiento de un orden multipolar
Se manifiesta claramente cuando el continente declara su voluntad de contribuir a un crecimiento económico global sustentable y un sistema más representativo de gobernanza económica internacional, para responder eficazmente a los desafíos económicos y financieros globales y regionales.
Y lo mismo, cuando la intención es facilitar la reestructuración de la arquitectura financiera global, para atender mejor las crecientes necesidades de desarrollo que reflejen los intereses y la influencia cada vez mayor de los países en desarrollo, además de superar el impacto negativo de las condiciones que le son impuestas con relación al pleno y gozo efectivo de los derechos humanos.
Naturalmente, se expresa una profunda preocupación con los desafíos globales de seguridad alimentaria, incluyendo el precio de los alimentos y los fertilizantes y la interrupción de las cadenas internacionales de abastecimiento, que tienen un efecto desproporcional en el continente africano. Y, de la misma manera, se defiende la necesidad de gozar de medidas financieras multilaterales justas, capaces de aliviar el peso de la deuda para países de ingresos medios o bajos.
La adhesión de la Unión Africana (UA) al G-20 sería un paso importante en la dirección correcta, así como la anhelada asociación de la UA con los BRICS.
Particularmente relevante es la centralidad dada a la ONU, en lo que dice respecto al papel que le es dado por los 193 países-miembros. Por desgracia, a pesar del drama de este delicado momento, los países europeos han optado por desempeñar un papel subalterno.
*MSIA Informa
