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Curicaueri, la deidad del fuego, la más importante para los purépechas

Iván Tamás en Pixabay

 

Arturo Rios

Los tarascos o purépechas de Michoacán, en su mayoría campesinos-artesanos con fijas formas de organización y estructuras sociales, reflejan orgullosos al mundo su vida política, religiosidad y particular sistema de valores.

Es importante señalar que las ideas sobre el más allá o la otra vida, el premio o castigo, así como la veneración, el respeto y el recuerdo a los difuntos, están muy arraigados entre los purépechas.

En lengua purépecha, morirse se dice uirucumani, yacer con Uhcumo o yacer en silencio.

Conciben el universo en tres partes:

  1. Avándaro, correspondía al firmamento
  2. Echerendo, se encontraba en la tierra, y 
  3. Cumiehchúcuaro, pertenecía a la región de los muertos, debajo de la tierra.

Cada región

Estaba habitada por diferentes dioses en el firmamento representados por los astros y las aves, y en los dos restantes, los dioses terrestres y de la muerte, tenían apariencia de hombres y animales, según Corona Núñez.

La deidad más importante era el fuego, Curicaueri, toda la vida religiosa girará en torno a las hogueras. En ellas se quemaba todo tipo de ofrendas y salía el humo que subía a los cielos, que era el contacto entre los seres humanos y la divinidad.

El cazonci era el supremo sacerdote y el representante de dios en la Tierra; por ello su cadáver merecía el honor de ser quemado como ofrenda máxima al fuego y también para reincorporado a su calidad de ser omnipotente.

Del trabajo de Dora Sierra Carrillo, Antropóloga por la ENAH. Doctora en historia por la UNAM. Investigadora en la Dirección de Etnohistoria, INAH.
Foto: Iván Tamás en Pixabay 
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