Patrimonio oculto del cine: El archivo histórico de 1977 que busca salvarse del olvido institucional.
Bernardo Méndez Lugo*
Hay historias del cine que trascienden la pantalla y se convierten en parte de nuestra memoria cultural. El primer doblaje al español de Star Wars, realizado en 1977, es una de ellas. Pero esta historia tiene también para mí una dimensión personal, vinculada con mi trayectoria diplomática y con el contacto que mantuve con la comunidad mexicana en Estados Unidos.
De junio de 1996 a julio de 2001, me desempeñé como cónsul de prensa de México en Atlanta, Georgia. Durante esos años tuve la oportunidad de tratar a integrantes de la comunidad mexicana que, desde distintos ámbitos profesionales, contribuían a mantener vivos los vínculos culturales entre México y Estados Unidos.
Entre ellos conocí a Rubén D. Arvizu, experto mexicano en doblaje cinematográfico y hermano del actor conocido como Jorge Arvizu, El Tata. Años antes, había participado en la traducción y adaptación al español del libreto de la primera versión de Star Wars.
Aquel contacto personal da a esta historia un significado especial para mí y me permite destacar la contribución de los profesionales mexicanos que, muchas veces desde detrás de las cámaras, han ayudado a acercar el cine internacional al público hispanohablante.
Cuando George Lucas estrenó Star Wars, en mayo de 1977
Difícilmente podía imaginar la dimensión cultural que alcanzaría su creación. La película revolucionó la ciencia ficción y los efectos visuales, abrió el camino a una franquicia de alcance mundial y cautivó a millones de espectadores. Para el público hispanohablante, el doblaje fue una pieza esencial de esa expansión.
La primera versión en español se realizó en los estudios Sonomex, en Los Ángeles, California, bajo la dirección de Salvador Nájar, quien dio voz a Luke Skywalker. El reparto reunió a destacados profesionales del doblaje, y Arvizu, además de traducir y adaptar el libreto, interpretó a uno de los personajes robóticos.
Aquella labor exigió mucho más que trasladar diálogos de un idioma a otro. Había que adaptar expresiones, cuidar la sincronización y transmitir emociones capaces de conectar con una audiencia culturalmente diversa. Fue un trabajo creativo que permitió que el universo imaginado por Lucas encontrara una nueva vida en español.
Uno de los detalles más recordados es la pronunciación de R2-D2 en aquella versión original. En redoblajes posteriores realizados en México se popularizó el nombre Arturito y cambiaron numerosas voces. Para muchos aficionados, estas diferencias forman parte de la memoria de la película y explican por qué la versión original tiene una importancia especial.
A casi medio siglo de aquel estreno
El libreto y los registros sonoros originales constituyen testimonios valiosos de la historia del cine y de la evolución del doblaje. No hablamos únicamente de nostalgia, sino de documentos que permiten estudiar cómo una producción estadounidense se adaptó para llegar a millones de espectadores de habla española.
Según la documentación relacionada con el archivo, especialistas en la historia de Star Wars, entre ellos el escritor español Alberto López Calvo, así como investigadores y agrupaciones de aficionados de distintos países europeos, han respaldado la relevancia histórica del material. También se ha buscado el apoyo de instituciones culturales interesadas en su difusión.
En este contexto, Arvizu ofreció prestar el archivo al nuevo Lucas Museum of Narrative Art, con la expectativa de que pudiera exhibirse durante septiembre y octubre, con posibilidad de extender el préstamo hasta diciembre. De acuerdo con la información que ha compartido, la institución reconoció el significado histórico y cultural de la propuesta, pero declinó recibirla por limitaciones de capacidad y sugirió buscar otra entidad interesada, incluso en adquirirla.
Esta respuesta plantea una cuestión importante:
¿Qué institución podría dar cabida a un material que documenta una etapa significativa de la historia del cine y la contribución de los profesionales hispanohablantes a su expansión internacional?
Una alternativa sería impulsar un proyecto conjunto entre instituciones de México y Estados Unidos. El proceso comenzaría con un inventario del libreto, los registros sonoros y los demás materiales disponibles, seguido de una evaluación especializada de su estado y de su digitalización. Posteriormente, una cineteca, universidad, archivo cinematográfico o museo podría recibirlos en depósito o mediante un convenio de custodia, con garantías sobre su integridad, procedencia y derechos de uso.
El proyecto podría culminar con una exposición, una publicación académica o un recurso digital que permita conocer la historia de aquel doblaje, siempre respetando los derechos correspondientes. Así, el archivo tendría una función educativa y cultural, además de su valor documental.
Mi encuentro con Rubén D. Arvizu en Atlanta
Durante mi etapa como cónsul de prensa, me permite acercarme a este tema desde una perspectiva personal, además de histórica. Aquellos años me dieron la oportunidad de conocer las diversas trayectorias de los mexicanos que residían en Estados Unidos y sus aportaciones a la vida cultural de ambos países.
El primer doblaje al español de Star Wars forma parte de ese patrimonio compartido. Reconocerlo significa valorar una etapa fundamental de la historia del cine y el talento de quienes hicieron posible que sus personajes y diálogos cruzaran fronteras. También significa comprender que la diplomacia cultural se construye a través de las personas, sus conocimientos y las obras que acercan a nuestras sociedades.
Ojalá que este legado encuentre una institución dispuesta a estudiarlo y compartirlo con el público. Sería lamentable que una parte tan significativa de nuestra memoria cinematográfica terminara relegada a un lugar tan remoto como aquel que hizo célebre la saga: ¡Una galaxia muy, muy lejana!
