mayo 28, 2026

De la “revolución molecular disipada” al caleidoscopio político multicultural en Chile

De la “revolución molecular disipada” al caleidoscopio político multicultural en Chile

Desde que se inició la campaña que le dio el triunfo en las urnas el presidente de Chile, Gabriel Boric, este fue exaltado por los principales medios de comunicación igual que a un fenómeno novedoso para mantener el orden político-económico y cultural de la globalización: una oxigenación urgente para el Occidente liberal decadente y decrépito.

Con fuegos artificiales se alababa la proeza de que un grupo de jóvenes, militantes disciplinados de la nueva izquierda identitaria, que también abrazó la ideología anti autoridad de la década de los 1960, que rebasara el sistema partidista tradicional  se convirtiera en el protagonista de un supuesto gran cambio; se le adjudica ser un gobierno  ejemplar conformado por feministas, ambientalistas, indigenistas, listo a implantar una nueva democracia y una economía verde muy agradable  a los grupos del poder mundial que propusieron el  Great Reset  (El Gran Reinicio) en el Foro Mundial de Davos, en medio de la pandemia de covid-19.

El protagonismo juvenil oriundo del movimiento estudiantil, arrancó en las manifestaciones que cimbraron el país en 2019, cuando la población en general salió a las calles protestando contra el injusto esquema económico neoliberal, el que tuvo en el procedimiento de las pensiones privatizadas una clara expresión de crueldad social.

En la justa protesta, el fermento quedó listo para amasar el pan. De manera que grupos con intereses variados, algunos abiertamente terroristas, lo aprovecharon, pero lo condimentaron con cizaña, por ejemplo, contra la Iglesia Católica y el proceso de Evangelización, la herencia cultural más importante, común a Iberoamérica. Más tarde, la colección ganó sustancial número de escaños en la Asamblea Constituyente con la misión de redactar una nueva Carta Magna, que hasta el momento no se distingue por plasmar causas nacionales, sino únicamente, demandas particulares de grupos.

Dentro de ese fermento surgió la candidatura del actual presidente, Gabriel Boric. A este tipo de revuelta social se le ha denominado revolución molecular disipada, ya que una clara inconformidad inicial se reproduce en olas cada vez más amplias, difusas e incontrolables.

No obstante, el rompimiento con un sistema político corroído no es una garantía del surgimiento de una economía más justa, ni de una mejor educación, ni mucho menos del ejercicio pleno de la soberanía y de la integridad territorial de Chile. El presidente Boric, en el pequeño espacio político que conquistó, ha anunciado cambios vagos en la orientación neoliberal de la economía, con una retórica a favor de un sistema de bienestar social estilo europeo y un alivio en el draconiano sistema de pensiones.

Gobierno contemporáneo

Sin embargo, la ejecución puede resultar mucho peor para la estabilidad chilena, ya que el énfasis del programa gubernamental es cristalizar el “cambio” con todas y cada una de las variantes del programa identitario y multicultural:

Un gabinete de evocación feminista, no se refiere a los dotes femeninos, sino a una militancia anclada en la desarmonía. Por eso de entrada menosprecia la dignidad de la mujer y del hombre, rebajándola a su ámbito biológico, además de dividir a la población empleando una definición arbitraria de los derechos humanos. Ataca las instituciones históricas como a las Fuerzas Armadas y a los Carabineros; grupos radicales dentro de la Constituyente ya manifestaron su deseo de eliminarlas. El indigenismo abre la compuerta del torrente del etnonacionalismo, que negando el mestizaje lo suplanta por un sofisma catalogada de respeto a los derechos de los pueblos originarios, lo que puede conducir a una fragmentación del país.

El énfasis en el falso ambientalismo, además de los componentes ya conocidos, pretende adoptar oficialmente el respeto de los derechos de los luchadores ambientales conforme se establece en el Acuerdo de Escazú: ¡Momento Histórico! El presidente Gabriel Boric firma mensaje para que el Congreso apruebe la adhesión de Chile al Acuerdo de Escazú, principal tratado de democracia ambiental de Latinoamérica y el Caribe, informó celebrando el Ministerio de Medio Ambiente el 21 de marzo a través de su cuenta de Twitter.

Y no se engañen, esta fuerza antinacional no es original de los grupos recién surgidos en el país, -que no han vivido el proceso histórico de participar de un proyecto nacional y por eso caen rendidos ante el  colonialismo ideológico-  sino que es un  proyecto que se remonta a más de dos décadas: el Nuevo Orden Mundial,  mediado en Iberoamérica por opulentas organizaciones no gubernamentales  y fundaciones e instituciones  creadas abiertamente por el poder oligarca internacional, por ejemplo, del Dialogo Interamericano, ( brazo de los socialdemócratas del Departamento de Estado de EU) cuyo miembro más notable en Chile es la expresidente Michelle Bachelet, la actual Alta Comisaría  de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y entusiasta electora de Boric.

La alianza política de Boric y Bachelet se concretó en la formación del gabinete presidencial, dentro del cual se constituyó un selecto Comité Político para vigilar las metas del programa “contemporáneo” de la joven guardia identitaria, en el que se incluye el grupo inseparable de Boric: Camila Vallejo, secretaria de comunicación de la Presidencia, Giorgio Jackson, secretario general de la Presidencia, Antonia Orellana ministra de la Mujer. A este gabinete personal se sumaron dos indicaciones de Bachelet, Izquia Siches, ministra del Interior y de seguridad pública y Mario Marcel, ministro de Hacienda, ex presidente del Banco Central del gobierno saliente puesto ahí para cuidar las metas macro económicas. Otra contribución de Bachelet para el gabinete feminista son las ministras, Antonia Urrejola, de Relaciones Exteriores, y Maya Fernández Allende (nieta del ex presidente Salvador Allende), de Defensa.

Terror autonomista en la Patagonia

En febrero pasado la Asamblea Constituyente aprobó por mayoría modificar el carácter del actual Estado chileno, definido por ser un Estado unitario, para convertirse en un “Estado regional, plurinacional e intercultural conformado por entidades territoriales autónomas”. Aunque la nueva Constitución tendrá que ser refrendada por toda la población, la posibilidad del cambio aceptado, tiene el efecto de aumentar los bríos del etnonacionalismo impulsado por una serie de comunidades indígenas, mapuches en su mayoría, movimiento ampliamente respaldado por el cabildo indigenista- ambientalista internacional, financiado por grupos poderosos y gobiernos de Europa, en especial Inglaterra y Estados Unidos.

En su origen los ideólogos mapuches del etnonacionalismo, tuvieron tiempo y recursos para elaborar sus tesis en la década de los 1980 en Europa, y hasta llegaron a elaborar un estatuto de autonomía, protegidos por la sección indigenista del Consejo Mundial de Iglesias. En Bristol, Inglaterra crearon una organización no gubernamental bautizada con el sugestivo nombre de Mapuche Nation.

Para una amplia documentación se puede ver libro Mafia Verde, el ambientalismo nuevo colonialismo de la editorial Capax Dei.

La Patagonia chilena y argentina se ha convertido en un campo de gran importancia para los grupos externos que ambicionan el control de los ricos recursos naturales que guarda. Que mejor clima para imponer el etnonacionalismo que una región en constante inestabilidad por los actos de grupos abiertamente terroristas cuya meta es la autonomía territorial.

La entidad al frente del terror autonomista en la zona de la Araucanía y Bio Bio es la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), creada en 1989, promotora de actos abiertamente beligerantes perpetrados por células denominadas Órganos de Resistencia Territorial; a partir de 2015 comenzó su fase violenta vinculándose con grupos narcoterroristas.

Tan luego que Gabriel Boric ganó la presidencia, la CAM emitió un comunicado que reitera el proseguimiento de las acciones de terror, “que el pueblo mapuche tiene su propio ordenamiento político-militar desde antes de la formación del estado chileno”. Por lo que seguirá “luchando por la reconstrucción Nacional Mapuche sin variar”, afirmó.

Adelante, el texto de la CAM, tiene que admitir sus vínculos con el narcotráfico y afirma: este discurso “forma parte de una estrategia contrainsurgente que se abre camino en el escenario político actual mediante la instalación de una narrativa narcoterrorista, dirigida a arrinconar y desprestigiar política, económica y mediáticamente a nuestras expresiones de lucha revolucionaria”.  Sobre este punto, reconocen que han existido hechos que efectivamente los vinculan al narcotráfico o el robo de madera, de los cuales tratan de desligarse.  Son, “ciertas desviaciones que se han producido al interior del movimiento mapuche en general y que han resultado ser funcionales al poder de dominación como el narcotráfico, las mafias vinculadas a la extracción de madera, el paramilitarismo”. (Infobae 29 de diciembre)

En 2021, la violencia arreció, siempre justificada en la coartada de que la tierra es propiedad ancestral de las comunidades mapuches. Así, se empecinan en el terror para expulsar a los pequeños y medianos agricultores que habitan la región desde hace más de un siglo. El grado de acciones terroristas llegó a extremos desmedidos. Por eso, en aras de la pacificación, las Fuerzas Armadas intervinieron declarando el estado de excepción, renovado a principios de este año. Casi inmediatamente, ya electo en la presidencia, Gabriel Boric, declaró que retiraría a los efectivos del ejército desplegados en el área. Es de notar Gabriel Boric perdió en el primer turno de contienda presidencial por la escasa votación que tuvo en esta zona del país.

Sin embargo, tan pronto como el gobierno de Boric asumió las riendas del país, la realidad interrumpió la práctica multicultural que en su activismo callejero llevó a la ministra del Interior Izquia Siches a la región en una misión pacifista; junto con su comitiva ni siquiera pudo llegar a su destino porque en medio del camino fueron recibidas a balazos.

El cuadro hacia el etnonacionalismo se agrava porque Boric mismo está rodeado del círculo de intelectuales que han elaborado, justificado y promovido las demandas de autonomía de los Mapuches elaboradas en los 1980s. Por ejemplo, al ganar la presidencia, nombró a Matías Meza-Lopehandia, su jefe de gabinete, y, además, colaborador en la redacción del programa de gobierno. Meza-Lopehandia hizo un magister en derechos humanos en la London School of Economics y escribió el libro “Los pueblos indígenas y el derecho”; su tesis se tituló “Territorio y Autonomía de los pueblos originarios en Chile”.

Como se ve el gobierno, Boric ambiciona “cancelar” la historia de Chile y crear una versión de la “Iniciativa del Gran Reinicio”, acatando así las reglas para ingresar a la fallida comunidad internacional.  Podrá intentarlo, pero, ciertamente, abrirá un capítulo nuevo de gran inestabilidad en el país andino.

*MSIa Informa

Foto: FranDuque 

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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