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De millonario a menesteroso, la vida del ‘Doctor Insólito’ 

Foto: Pixabay
Bolivar Hernandez*
El doctor Ataulfo Granillo fue un brillante alumno en la facultad de Medicina y , posteriormente, un profesional destacado en su campo de especialidad, la oftalmología.
Fue el presidente de varios colegios médicos nacionales e internacionales, motivo por el cual se ufanaba de conocer más de 130 aeropuertos en todos los continentes. Viajaba constantemente a simposios de su especialidad, tres o cuatro veces al año. Siempre acompañado por la amante en turno.
Esas amantes eran, invariablemente, chicas muy jóvenes y casi siempre rubias y muy delgadas.
El doctor Granillo era casado
Su mujer era rubia, delgada y con ojos verdes. Sus cuatro hijos, tres varones y una mujer, eran morenos como su padre y delgados como espaguetis, iguales a su madre.
El doctor Granillo hizo una gran fortuna con su profesión y la invirtió en mansiones enormes, y en los lujos que demandaba su cónyuge y sus retoños.
Los hijos del doctor Granillo, siendo niños, traían en sus billeteras más dinero que un adulto. Gustaban de ir a restaurantes muy lujosos, y se daban el gusto de ordenar los platillos más caros del lugar. Y no se los comían, solo picoteaban todo, como pajaritos.
Todo iba bien, hasta que el doctor Granillo fue descubierto en sus infidelidades por su celosa esposa y, de inmediato, le solicitó el divorcio y la mitad de sus bienes, ya que se casaron por el régimen de bienes mancomunados.
Se divorciaron de inmediato, pero al poco tiempo se reconciliaron y volvieron a casarse. El récord del doctor Granillo es increíble: dos matrimonios y dos divorcios con la misma mujer.
Pasó el tiempo, se hizo viejo y se retiró de la profesión. Paradójicamente, tuvo un glaucoma en sus ojos y cataratas.
Su ex esposa acabó con su fortuna, la dilapidó a manos llenas junto con sus hijos.
A sus casi 80 años
El doctor Granillo vive de la caridad de amigos y familiares. Tiene mala salud, es diabético e hipertenso. Le dio COVID-19 y la libró con dificultad.
Actualmente se le puede encontrar ingiriendo sus alimentos en los comedores comunitarios, que son establecimientos públicos para menesterosos y para personas en condición de calle.
Prácticamente está ciego, ve todo nublado, tras esas enormes gafas con cristales de aumento, como fondos de botella.
La gloria y el ocaso, el amanecer y el anochecer, el día y la noche, la riqueza y la pobreza, el glamour y la decadencia. El doctor Granillo pretende escribir sus memorias, pero no mira bien, tendrá que dictarlas a un escribano.
Con los menesterosos con quienes desayuna todos los días, en los comedores comunitarios, conversa de sus múltiples viajes por todo el mundo, y se emociona hasta las lágrimas, y se le quiebra la voz.
Sus compañeros eventuales lo escuchan con atención; algunos le creen y otros dudan de sus relatos fantásticos. Los menesterosos le pusieron de apodo El doctor insólito. No pueden concebir que un hombre que fue multimillonario solo pueda comer hoy, frijoles y arroz.
*La vaca filósofa.
Fotos: Pixabay
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