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Declive civilizatorio y pandemia psiquiátrica

Foto: Pixabay

salud mental

Lorenzo Carrasco* El declive civilizatorio de Occidente ha provocado una pandemia psiquiátrica. El resultado de la pérdida deliberada del sentido de trascendencia está creando en la persona humana profundas heridas, una “carencia afectiva” sistémica, que salta a la luz al constatar que 15 por ciento de la población mundial sufre síntomas de ansiedad y depresión. Esta crisis existencial puede llevar a Occidente al suicidio virtual. La insistencia en mantener a cualquier precio el sistema hegemónico euroatlántico y la toxica pauta de la “cancelación” de la cultura (en lugar de la cultura de cancelación), nos encarrila a la confrontación abierta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con Rusia y al inherente riesgo del choque nuclear. Así pues, tenemos un Occidente “civilizado” extraviado de la trascendencia y, por lo tanto, de una cultura verdadera, a causa de la “contracultura” del último medio siglo, que agotó todo residuo positivo del Iluminismo.

No es sorprendente, entonces, que haya surgido la especialidad académica de la epidemiología psiquiátrica. Pero ¿Cómo vacunarse contra una carencia de trascendencia? ¿Cómo curar una civilización que se destruyó por dentro al promover el individualismo y el egoísmo identitario? No hay forma de prescribir cultura, arte y belleza.

Desde la obsesión de los tatuajes hasta las cirugías de cambio de sexo

Que ya contamina a los niños del mundo occidental, son síntomas profundos del final de una época de la civilización -en otras palabras, el identitarismo fase final del Iluminismo. Ahora se inventó la transidentidad -nada sorprendente, pues, procede del “desconstructivismo” filosófico y psiquiátrico francés-, para explicar el “malestar de la identidad.” En realidad, no es más que el intento de mandarle un salvavidas al Iluminismo que se ahoga en la misma crisis de la civilización.

Tenemos el deber de acelerar el cambio para enraizar nuevamente al ser humano en su naturaleza divina, y no condenarlo a las incertezas de la psiquiatría colectiva.

*MSIA Informa

Foto: Pixabay
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