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Deutsche Bank y los Derivados: Una vieja historia

Foto: KarstenBergmann

hamburgo

Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*

Dado que el Deutsche Bank (DB) es el mayor banco de Alemania, entender las causas de sus graves problemas es de importancia internacional.

Su balance de 2022 fue deslumbrante: ganancias por 5600 millones de euros, su mejor resultado en 15 años. El récord fue en 2007 con 8700 millones. Pero la crisis global de 2008 dejó muchas heridas por cicatrizar y daños por cinco años consecutivos hasta 2019.

Desde este último año, la dirección afirmó haber intentado promover una profunda renovación del grupo, reduciendo las actividades de su banca de inversión, es decir, el sector que busca elevadas ganancias con la especulación más arriesgada. Por lo tanto, menos negocios “exóticos”, y menos clientes de fondos de cobertura de riesgo (hedge). La idea, por lo menos en el papel, era volver a ser un banco más europeo y “para préstamos”. Igualmente, el DB prosiguió con la integración del PostBank, que, al igual que el Banco Postal italiano, tiene un gran número de clientes, entre familias y pequeños y medianos negocios.

La inversión de las tasas de interés elevó los activos del banco hasta 27 200 millones de euros, un número de más del 7% en relación al 2021. A pesar de la inflación y el enfriamiento de la economía, no hubo casos de insolvencia en los préstamos concedidos. En 2022, contra ese riesgo, el banco había guardado hasta 1200 millones de euros, más del doble en relación al 2021.

Todo era color de rosa en 2022 y debería haber sido todavía mejor en 2023

Las mejores evaluaciones de las agencias de calificación de riesgo, después de sus rebajas en años anteriores, también ayudaron para su éxito.

Sin embargo, no todas las voces concordaban. El consejo fiscal interno del banco reclamó que las mejoras planteadas y los objetivos de sustentabilidad no fueron totalmente alcanzados, decidiendo entonces reducir en 5% los bonos millonarios para los ejecutivos. En particular, en febrero, el consejo levantó serias preocupaciones sobre la gestión de los derivados del banco.

La historia del banco importa y nunca debe olvidarse. En abril de 2022, la policía alemana visitó su sede en Frankfurt, como parte de una investigación de lavado de dinero. En los últimos años el nombre de DB aparece en casi todas las investigaciones sobre fraudes y desfalcos financieros internacionales.

Recordemos en 2016 su pago de una multa por 7200 millones de dólares por transacciones fraudulentas con derivados relacionados a hipotecas, a cambio de cerrar la investigación.

Que algo andaba mal en el DB, quedó evidenciado por el significativo aumento del costo de sus “credit default swaps” (CDS), los instrumentos derivados que cubren el riesgo de quiebra y por el hecho de sus acciones haber perdido cerca de un cuarto de su valor desde inicios del año.

Es verdad que todo el sistema bancario europeo e internacional está bajo presión

Pero el DB parece ser el más afectado de todos los demás bancos. Él no puede ser comparado al Credit Suisse, que fue rescatado de su quiebra, excepto por el hecho de ser dos de los mayores bancos europeos considerados sistémicos.

La presidente del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, y todos los gobiernos europeos están compitiendo en celebrar la solidez del sistema bancario continental, “auxiliado por las reformas regulatorias bancarias iniciadas en la estela de la crisis financiera global”. Quizá, estas reformas tengan fallas.

Los registros financieros del DB de 2022 revelan una de esas graves deficiencias: el valor nominativo total de los derivados financieros es de 42.5 billones de euros, casi todos de la variedad “de ventanilla” (OTC) de alto riesgo. Un aumento del 6% en un año. Están un poco por debajo del pico de 48 billones de 2018, pero la situación no cambió mucho. Casi 80% son derivados basados en la evolución de las tasas de interés.

No solamente el DB, sino todos los bancos “demasiado grandes para quebrar”, están involucrados en esas operaciones especulativas con tasas de interés. Es precisamente el comportamiento volátil de los bancos centrales que los vuelven altamente “inflamables”.

Aunque se admita la intención del DB de reducir su exposición a los derivados OTC más arriesgados, se debe reconocer que esto es un proceso difícil ya de por sí. Es como el caso de un farmacodependiente que le gustaría librarse del vicio, pero sigue frecuentando el ambiente del tráfico de drogas.

El problema es la especulación financiera es global, pero si una verdadera reforma del sistema no se enfrenta en el ámbito internacional, las crisis bancarias se volverán más frecuentes e intensas. Esperamos que las autoridades y gobiernos europeos den el primer paso en eliminar la especulación para defender los verdaderos intereses de los ciudadanos, comenzando por la estabilidad económica y el bienestar social.

*MSIA Informa

Foto: KarstenBergmann
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