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Diversión mediática de Macron en Brasil, sin perder el rancio estirpe colonial

Imagen: Tumisu

MSIA Informa

El ostentosamente denominado, “Nuevo plan de acción de Asociación Estratégica Brasil-Francia” firmado luego de la primera visita de Estado del presidente Emmanuel Macron, -un enlistado de veinte puntos, carta intención- puede ser todo, menos algo novedoso y consistente que amerite una estancia de tres días paseando por las principales capitales, resguardado permanentemente por el anfitrión, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su esposa, conocida en estas latitudes por su sobrenombre, “Janja”.

Si ya el carácter intrínseco de las cartas de intenciones igual a la asumida por Macron-Lula da Silva, hablen de un encuentro vacío, la acogida en Brasilia todavía lo, es más, ya que por un lado se inscribe en la actual movediza y peligrosa coyuntura internacional, y por el otro, en las grandes dificultades externas e internas que enfrenta Francia para mantener una estabilidad institucional.

No obstante, no se puede pasar por alto lo que queda de la Francia colonial que Macron vino a defender, asumida en algunas de las intenciones que parten del axioma de una relación colonial para el abasto de materias primas.

Por ejemplo, se indica: “Declaración de intenciones sobre Dialogo para la transición y Seguridad Energética y Minerales Estratégicos (DTSEM)” y la “Declaración de Intenciones Sobre Materias Primas Criticas”. A Francia le urge contar con un abastecimiento seguro de minerales estratégicos seleccionados, siendo el uranio uno de ellos.

Además, Macron insistió en la impositiva diplomacia verde, ante la cual su colega brasileño ha doblado las manos. 

En casa, Macron se enfrenta, sobre todo, al declive de la presencia internacional de Francia, lidiando con una secuencia de rebeliones en sus antiguas colonias africanas, que están listas para sacudirse el garrote del antiguo colonizador, principalmente liberándose de la trampa del franco CFA, la moneda común de varias de ellas, pero controlada por el Banco de Francia.

Uno de ellos es Níger, de donde proviene gran parte del uranio que abastece a las centrales nucleares francesas, las principales fuentes de electricidad del país.

En la élite de poder de Francia

Surgió un grupo encabezado por el Instituto Jacques Delors que ha puesto presión para que Macron se deslinde del denominado “Green Deal” (Acuerdo Verde) de la Unión Europea (UE); acuerdo que ya es criticado en Europa y fuera de ella, para emprender otro tipo de diplomacia, a lo cual se suma la rebelión de los productores agrícolas europeos, motivados por los dictados ambientales decididos en Bruselas para reducir las emisiones de carbono y, en consecuencia, el uso de fertilizantes y pesticidas, el consumo de diésel y otros insumos utilizados en la producción.

Francia ha cambiado su actitud de independencia estratégica por un alineamiento incondicional a Estados Unidos. Y, por si fuera poco, Macron decidió jugar a Napoleón, amenazando repetidamente en enviar tropas francesas a Ucrania, una medida que ya fue respondida por Rusia con la declaración de que se convertirían en objetivos prioritarios de ataques. La megalomanía no cayó bien ni siquiera entre los líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como el estadounidense Joe Biden, el alemán Olaf Scholz, el británico Rishi Sunak y otros. 

Lula, Macron y la región amazónica

En definitiva, el pegamento que unió las migas Lula da Silva-Macron es la aceptación del presidente brasileño a la embestida colonial del ambientalismo-indigenismo desde que comenzó su tercer mandato. Ya no se diga Macron que ha llegado a cuestionar la soberanía de Brasil en la región amazónica, pidiendo una autoridad mundial para protegerla.

Muy ufana, la comitiva se desplazó a la ciudad amazónica de Belén, donde Macron condecoró al ubicuo cacique Raoni con la Legión de Honor en el grado de caballero.

El astuto jefe amante de la buena vida que se respira en las ciudades europeas, sobre todo en Inglaterra siempre recibido con fanfarrias por altas figuras de la jerarquía del ambientalismo indigenismo, no perdió la oportunidad para exigirle a Lula da Silva sus conocidas demandas ambientalistas para maniatar el desarrollo del país:

No aprobar la construcción del Ferrogrão, un ferrocarril que podría conectar la ciudad de Sinop en el estado de Matto Grosso con el puerto de Miritituba, en el río Tapajós, proyecto que es uno de los objetivos prioritarios a destruir del aparato internacional verde-indígena que opera en Brasil:  el veto a la exploración petrolera en el litoral del estado de  Amapá, estado colindante con Guyana Francesa ; y detener la pavimentación de la carretera BR-319 Manaos-Porto Velho – todos, proyectos fundamentales para el desarrollo de la Amazonía.

Se firmó un acuerdo por valor de 1.000 millones de euros de inversiones públicas y privadas de ambos países, para promover el desarrollo -dicen sostenible- en la Amazonía brasileña y la Guyana Francesa.

Irónicamente, mientras la pareja hacía una profesión de fe en la “defensa” de la Amazonía, en Bruselas, ante la fuerte presión de los productores agrícolas europeos, la Comisión Europea suspendió varias normas ambientales de su Política Agrícola Común (PAC), incluida la obligación de mantener sin explotar el 4% de las tierras productivas y la inspección ambiental de las propiedades con menos de 10 hectáreas.

En Itaguaí Rio de Janeiro, los jefes de Estado participaron en el lanzamiento del submarino “Tonelero”, el tercero de los cuatro submarinos de diseño francés que se están construyendo para la Marina.

Por su parte, Lula lanzó la demanda pro forma pidiendo una mayor transferencia de tecnología para el proyecto del submarino nuclear brasileño, que, según el contrato original, debería limitarse al casco. En el contexto del actual orden hegemonista en el cual Macron vive bien, la petición es prácticamente imposible ya que ninguna potencia de la OTAN estará dispuesta a transferir tecnología de este nivel de sensibilidad a un país en desarrollo. Macron, obviamente guardó silencio.

En São Paulo, en una conferencia en la sede de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP), Macron mandó al diablo el acuerdo Mercosur-Unión Europea en su forma actual,

El acuerdo Mercosur-UE tal como se está negociando ahora es un acuerdo muy malo. Se negoció hace 20 años, creo que hay que tener en cuenta la biodiversidad y el clima, y eso no es todo, así que no se puede defender, yo no lo defiendo, sentenció Macron.

Incluir la biodiversidad y el clima implica más “protección” de los biomas brasileños, especialmente de la Amazonia y del Cerrado, es decir, más restricciones a la expansión de la producción agrícola en ambos.

En síntesis, nada que sostenga el inicio de una nueva relación estratégica soberana. En el fondo los problemas de Macron se desprenden del cambio de época global que camina hacia la multipolaridad, en el cual el colonialismo ortodoxo, aunque se le pinte de verde no tiene cabida.

En la historia de las relaciones diplomáticas Francia-Brasil, existe una anécdota muy conocida, falsamente atribuida al general Charles de Gaulle, afirmando que: “Brasil no es un país serio”. Podríamos concluir que el dueto Macron-Lula da Silva no es serio.

Imagen: Tumisu/Foto: leondeniscf
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