Bolivar Hernandez*
Fui invitado a comer a casa de un buen amigo mexicano, es tan mexicano mi querido amigo, que porta un bigote estilo Emiliano Zapata; y las viandas ofrecidas fueron platillos típicos mexicanos.
Llegó a su casa muy puntual, y mi amigo me recibe con júbilo, después de muchos años sin vernos, y observo que trae una playera con un pavo dibujado en el frente. Y creo recordar que dice la playera: Don Pavo.
Hasta ahí todo va bien, y de pronto me dice:
Quiero mostrarte mi colección de pavos, guajolotes, chompipes, que son sinónimos regionales.
Y empieza el recorrido por su linda residencia, absolutamente decorada con guajolotes. En todos los materiales posibles: piedra, jade, obsidiana, ónix, papel, barro , cerámica, vidrio, madera, etcétera. Ignoro cuantos guajolotes posee mi querido amigo, pero son muchísimos.
Me ofrece mezcal o tequila, soy abstemio, y le acepto solo un caballito de rico mezcal. Brindo por él y por su familia.
Pasamos a la mesa y observo ricas viandas mexicanas: tamales de frijol negro, de flor de calabaza, chicharrón, aguacate, mole negro, mole (verde, tortillas, agua de limón, y para rematar un postre de plátano en dulce.
Conversamos largamente, más bien él tomó el micrófono y ya no lo soltó
Fue un ameno monólogo, salpicado con sus anécdotas todas muy interesante y desconocidas por mi, pese a que nos conocemos hace más de medio siglo.
Esta es una breve reseña de un encuentro entre amigos, compañeros de profesión, somos antropólogos, y era largamente esperada.
En la comida estuvimos presentes también Margarita Ochoa, la hija de ambos María Fernanda; Margarita, su esposa, fue mi compañera en la ENAH, hace mil años. Y participó, igualmente, la bella señora poblana.
La hija de ambos amigos y compañeros de la ENAH, María Fernanda es abogada especialista en derechos de autor. Una chica dinámica, inteligente y muy conversadora como sus padres.
Mi amigo, Mister Turkey, tiene 81 años y yo apenas 77
Rafael me protegió de mis adversarios que deseaban golpearme por mis travesuras escritas y dibujadas en el periódico mural que yo creé en la universidad.
Era yo un maestro de la ironía y del sarcasmo, asuntos difíciles de rebatir por lo que los agraviados deseaban partirme la madre. Y Rafael intercedía en mi favor, y él terminaba liándose a golpes con mis adversarios, y lo hacía en mi nombre.
¡Cómo no voy a estar agradecido con mi amigo amante de los guajolotes! ¡Cómo no lo voy a querer entrañablemente?
Admito que detesto reunirme con los compañeritos del kínder, la primaria, la secundaria, la preparatoria y la universidad. No soporto ese tipo de reuniones convocadas por la nostalgia de los tiempos pasados.
Evito todo encuentro con personajes de mi pasado, prefiero ver a mis conocidos del presente solamente.
Rafael Mendoza es mi honrosa excepción a mi regia general.
¡Hasta pronto desobedientes y nostálgicos!
*La Vaca Filósofa
