Hegemonía occidental y financiamiento: Por décadas, la influencia de Estados Unidos en México y la región operó a través de canales diplomáticos y económicos tradicionales. Sin embargo, en la era digital, organizaciones como la Fundación Nacional para la Democracia (NED) —financiada principalmente por el Congreso estadounidense— han reconfigurado el tejido civil e informativo.
Bernardo Méndez Lugo*
Bajo la bandera del fortalecimiento democrático y la libertad de prensa, la NED canaliza millones de dólares anuales a organizaciones no gubernamentales (ONG), think tanks y centros de periodismo de investigación nativos. Para sus defensores, este respaldo financiero es un pilar indispensable para la fiscalización del poder político y la supervivencia del periodismo independiente.
No obstante, desde una perspectiva crítica, diversos analistas señalan que esta inyección de recursos no es neutra:
- Alineación ideológica: Al seleccionar qué proyectos reciben fondos, se fomenta indirectamente una agenda acorde con el modelo liberal de Occidente.
- Fiscalización selectiva: Priorizar investigaciones enfocadas en la corrupción estatal o en las deficiencias de administraciones soberanistas funciona como un contrapeso informativo de Washington, erosionando la legitimidad de narrativas incómodas para la Casa Blanca sin necesidad de una intervención gubernamental directa.
- Ventaja estructural: La preeminencia de las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses —como Meta o Google— otorga a Occidente una ventaja intrínseca en la moderación de contenidos globales.
La avanzada de Pekín: La infraestructura de Xinhua y la inserción de contenidos
La estrategia de la República Popular China en México prescinde del financiamiento a la sociedad civil y apuesta, en cambio, por la penetración estructural en los medios de comunicación masivos. La punta de lanza de este esfuerzo es la Agencia de Noticias Xinhua, cuya robusta sede en la Ciudad de México, coordina gran parte de su operación en Hispanoamérica.
A diferencia del periodismo de denuncia estimulado por las agencias estadounidenses, el enfoque de Xinhua se basa en la firma de acuerdos de cooperación e intercambio de contenidos con medios locales, públicos y privados.
A través de estos convenios, la agencia china provee de manera gratuita notas informativas, contenido multimedia y reportajes internacionales a redacciones locales que enfrentan severas crisis presupuestarias. El resultado es una sutil pero constante normalización de las posturas oficiales de Pekín en la prensa nacional.
Durante coyunturas críticas —como las disputas arancelarias o las tensiones en torno al comercio global— los despachos informativos reproducidos en México tienden a enmarcar a China bajo una narrativa de “cooperación de beneficio mutuo”, diluyendo sistemáticamente los cuestionamientos sobre sus prácticas comerciales o derechos humanos.

No se trata de desinformación burda, sino de una curaduría estratégica que desplaza la cobertura de agencias occidentales y construye una atmósfera favorable a los intereses geopolíticos chinos.
Desinformación y guerra asimétrica: La ofensiva de Moscú se basa en guerra de información, alertas de ciberseguridad e IA generativa
La Federación de Rusia despliega una estrategia marcadamente asimétrica y reactiva, orientada a capitalizar las fracturas sociales existentes, generar escepticismo hacia las instituciones democráticas y erosionar los lazos de la región con Estados Unidos.
Las alertas globales de ciberseguridad y recientes investigaciones periodísticas, han dejado al descubierto el salto tecnológico de Moscú, caracterizado por la automatización y el uso de IA generativa.
El caso de la campaña Doppelgänger
Investigaciones del Departamento de Justicia de EE. UU. e informes de agencias internacionales, revelaron que esta masiva operación de desinformación rusa utiliza IA para clonar la identidad visual de medios periodísticos legítimos.
Mediante modelos de lenguaje natural, la red automatiza la creación de artículos hiperrealistas falsos para insertar narrativas específicas. En México, un objetivo central ha sido exacerbar de forma encubierta el resentimiento nacionalista frente a Estados Unidos.
El blanqueo de propaganda y entrenamiento de creadores
Investigaciones del proyecto Forbidden Stories y de la Digital News Association (DNA) revelaron unidades de influencia rusas operando digitalmente en América Latina. Esta maquinaria ha financiado y capacitado a más de 1,000 periodistas e influencers en ocho países (incluidos México, Argentina y Colombia).
Con IA, se entrenó a creadores locales para amplificar narrativas como la campaña México no perdona, diseñada para explotar tensiones históricas bilaterales con Washington.

Amplificación Algorítmica
Centros como el DFRLab han documentado que canales estatales como RT en Español se apoyan en granjas de bots impulsadas por IA.
Ante crisis sociales o procesos electorales, estas redes automatizadas inyectan masivamente teorías conspirativas y hashtags hiperpartidistas para polarizar el debate.
La nueva frontera del riesgo: Deepfakes y manipulación audiovisual en procesos electorales
El arsenal de interferencia digital ha experimentado una mutación crítica con la popularización de los deepfakes (videos y audios manipulados mediante aprendizaje profundo). Informes de la Fundación Friedrich Naumann y el Instituto Aeon confirman que la desinformación sintética se ha convertido en un factor de desestabilización real con riesgos concretos:
Clonación de voz y videos de declinación apócrifos: Ataques de “último minuto” mediante la simulación hiperrealista de voces de candidatos punteros.
Audios falsos donde presuntamente aceptan sobornos o anuncian su retiro son distribuidos masivamente en WhatsApp pocas horas antes de la votación.
Violencia política de género automatizada: Generación de imágenes y videos difamatorios contra candidatas apoyándose en estereotipos misóginos para erosionar su credibilidad.
Internacionalización y simulación de avales: Uso de avatares creados con IA para generar videos falsos de mandatarios internacionales o líderes globales expresando su respaldo o condena hacia fuerzas políticas locales.

Regulación y soberanía digital: México ante el desafío tecnológico
Ante el crecimiento exponencial de la suplantación de identidad y el fraude digital a través de la IA (que registró incrementos de hasta un 700% en territorio nacional, según datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana), el Estado mexicano ha adoptado una postura de alerta institucional y urgencia regulatoria.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha fijado una postura enérgica contra el uso de estas tecnologías con fines de manipulación política. El Poder Ejecutivo sostiene que el bombardeo sistemático de noticias falsas amplificadas por IA “daña gravemente a la democracia”.
Desde la perspectiva gubernamental, el despliegue de grandes flujos financieros para propagar discursos de odio o calumnias sintéticas, no es un ejercicio genuino de libertad de expresión, sino un mecanismo orquestado por élites o intereses extranjeros para distorsionar las elecciones.
Bajo esta premisa, la administración federal ha impulsado iniciativas integradas en propuestas de reforma legal para:
- Etiquetado obligatorio: Establecer el marcaje transparente de cualquier propaganda generada artificialmente.
- Sanciones ejemplares: Fijar penas económicas robustas contra partidos o coaliciones que utilicen deepfakes para engañar al electorado.
- Ciberseguridad ciudadana: Emitir guías permanentes a través del CERT-MX de la Guardia Nacional para instruir a la población en la verificación de contenidos.
- Blindaje electoral: Modificar lineamientos del Instituto Nacional Electoral (INE) para prohibir, tajantemente, el uso de deepfakes en materiales que involucren a la niñez o adolescencia, impulsando plataformas de verificación junto a la sociedad civil.
Modelos de influencia geopolítica en el ecosistema digital

La soberanía informativa en América Latina enfrenta un desafío multidimensional
El espectador regional ya no se encuentra ante una propaganda vertical y evidente, sino ante un ecosistema invisible de gestión de percepciones impulsado por algoritmos.
Mientras Estados Unidos aprovecha su hegemonía institucional e histórica para auditar los procesos internos del continente; China teje redes estructurales para asegurarse un entorno benévolo a sus intereses comerciales, y Rusia explota la Inteligencia Artificial generativa para profundizar la polarización.
Ante este escenario, la determinación de países como México por regular las fronteras de la IA representa un paso indispensable; sin embargo, el verdadero reto para el ciudadano ya no consiste únicamente en discernir la veracidad de la noticia, sino en identificar qué potencia global o qué arquitectura de software está detrás de la pantalla que la distribuye.


