El reciente Informe sobre la Deuda Internacional del Banco Mundial pinta un cuadro alarmante. Entre 2022 y 2024, el servicio de la deuda externa de los países de renta baja y media (PRMB) excedió el volumen de financiamientos recibidos en impresionantes 741 mil millones de dólares. Esta es la mayor diferencia de los últimos 50 años. Lejos de ser un fardo para Occidente, el Sur Global se convirtió en unos los mayores soportes de las finanzas globales.
Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma
En 2024, la deuda externa total de estos países era de casi 9 billones de dólares, más que el doble del nivel de 2010. Los 78 más pobres, aquellos elegibles para una ayuda extraordinaria del Banco Mundial, tienen una deuda total de 1.2 billones de dólares.
En 22 de ellos, más de la mitad de la población vive en la pobreza absoluta, desamparada y sufriendo hambre. En estos 22 países, la deuda externa representa en promedio, más del 200% de sus ingresos por exportaciones de materias primas. El año pasado, gastaron 415 mil millones de dólares en pagos de intereses de la deuda, dos veces y media más que el valor pagado hace diez años, siendo deducido así de los gastos sociales.
Los países del África Subsahariana, ricos en materias primas
Están sofocados por una deuda que representa un cuarto de la deuda de Italia, por ejemplo. La región con una población de 1300 millones de personas, tiene una deuda externa de 900 mil millones de dólares, el equivalente al 164% del valor de sus exportaciones. Los intereses de la deuda corresponden al 17% del valor de sus exportaciones. De este total, 40% es detentado por entidades privadas y 19% por acuerdos bilaterales, préstamos concedidos por bancos privados con garantías de sus respectivos Estados.
China responde por el 10% del total y el restante de la deuda se tiene con organizaciones internacionales, léase Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Hay cambios significativos en la composición de la deuda que colocan a los países de renta baja-media en una situación todavía más precaria.
Los acreedores públicos, principalmente los países desarrollados, están reduciendo su disposición a conceder nuevos créditos. En realidad, en 2014, éstos recibieron de los PRBM, 8 800 millones de dólares más de lo que contribuyeron en nuevos financiamientos.
El libre mercado intervino masivamente, anticipando efectivamente la “diplomacia comercial” de Donald Trump. Hoy, acreedores privados –principalmente fondos y otros inversionistas en títulos- representan casi el 60% de la deuda pública de largo plazo, garantizada por el Estado, de las economías en desarrollo.
La deuda con los acreedores del Club de París, los supervisores históricos del sistema global de restructuración de la deuda, representa ahora solamente el 7% del total.
Esto significa que cualquier restructuración futura de la deuda también pasará de los gobiernos hacia los acreedores privados. La disposición parcial de los gobiernos en extender los vencimientos de la deuda, mitigar las tasas de interés e, incluso, cancelar parte de las deudas disminuirá cada vez más.
Las decisiones se transfieren cada vez más a las manos del libre mercado, acreedores anónimos y hasta fondos hedge. En resumen, hacia las manos de empresas sin alma.
En 2024, inversionistas privados en títulos inyectaron 80 MM€ en nuevos préstamos
Más de lo que recuperaron en forma de pagos de deuda. Aunque esto haya permitido que algunos países aliviaran sus restricciones financieras, el costo de los préstamos obtenidos fue muy alto –intereses del 10%, casi el doble de las tasas anteriores a 2020. Gran parte de los nuevos créditos obtenidos fue usada para financiar déficits presupuestarios y pagar títulos de vencimiento. En otras palabras, mucho del dinero que salió de un bolso, cambió hacia otro.
No obstante, no todos los países en desarrollo tienen facilidades para acceder a los mercados de títulos extranjeros. Muchos recurren a acreedores domésticos. De 86 países que tienen datos disponibles sobre la deuda pública, cerca de 50 vieron a la deuda pública doméstica crecer más rápido que la deuda externa.
Este tipo de préstamos públicos generalmente ocurre a costas del sector privado, pues los bancos comerciales locales prefieren comprar títulos gubernamentales en lugar de hacer préstamos a las empresas. Esa deuda pública también tiene plazos de vencimiento más cortos y, por ende, involucra riesgos mayores. Los préstamos vencidos, inevitablemente, necesitarán ser refinanciados a tasas de interés más altas.
Estos cambios también ponen en cuestión el papel del Banco Mundial
Esto es específicamente verdadero, si, después de los recortes prometidos por Trump a todas las organizaciones internacionales multilaterales, incluyendo al BM, otros países siguen el ejemplo. No debería ser sorpresa que los países del Sur Global estén buscando alternativas y nuevas colaboraciones internacionales, por ejemplo, con los BRICS.
Tampoco debería ser sorpresa que todos los países del Sur Global apoyen fuertemente el papel de Naciones Unidas, como el principal órgano de diálogo sobre reglas internacionales para abordar y superar retos históricos.
Éstos incluyen, obviamente la paz, el subdesarrollo, la deuda, el hambre mundial y el medio ambiente.
