Mary Sandoval*
El pasado 3 de marzo tembló en Veracruz y las ondas sísmicas se dejaron sentir en la Ciudad de México. Lo que afectó el desarrollo de la tradicional conferencia mañanera presidencial. La magnitud del sismo osciló entre los 5.7 y 6.2 grados Richter, y el epicentro fue en Isla Veracruz.
Se supone que se deben seguir protocolos para desalojar todo lugar durante un evento sísmico, pero en el circo mañanero de ese día, el primero en abandonara paso apresurado el salón de Palacio Nacional fue Andrés Manuel López Obrador; enseguida, corriendo, hizo una frenética huida su flamante jefe de comunicación social, Jesús Ramírez Cuevas.
A todos los reporteros, camarógrafos y fotógrafos, les dieron la orden de que permanecieran sentados. En una entrevista que le hicieron a un funcionario de Protección Civil, éste comentó que es un protocolo de la Ayudantía (sic).
El movimiento telúrico sentido en la capital del país, fue y es, peccata minuta al terremoto que significan el cúmulo de los problemas que estamos viviendo en México:
La falta de empleos, la economía por los suelos; el sector Salud sin insumos ni medicamentos, los homicidios dolosos en desquiciante aumento y, como cereza de pastel, las relaciones de México con el mundo, no se vislumbran venturosas.
En mi artículo AMLO y su gobierno fracasado, donde el principal factor es la destrucción del país, comenté que en los hechos, la tiranía de López está al borde del colapso, los tiempos por venir serán los más peligrosos; los tiempos de la bestia acorralada.
Estamos ante un “presidente acorralado”
Por sus fracasos, errores, contradicciones, por la creciente crítica a su gestión y, sobre todo, porque pierde popularidad y legitimidad de manera estrepitosa.
México no puede seguir el mismo destino del Titanic; debe ser un barco que se mantenga a flote, con un estadista que sepa ser presidente y trabajar por los mexicanos.
Que tenga carácter para enfrentar las cosas; pero ya vimos que ante un ligero seísmo, López huye cobardemente, pues en tres años de Gobierno nos ha dejado claro que solo está obsesionado con perpetuarse en el poder. Que no gobernar.
Coincido con el periodista Ricardo Alemán, el sismo del 3 de marzo fue otra arma más para descubrir a López como verdaderamente es.
*Articulista invitada: Egresada de la licenciatura en pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Una de mis pasiones es el periodismo de opinión/La Centinela Política/
