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Sin sorpresa, la muerte del abogado y activista político ruso Alexei Navalny, fue rápidamente cargada a la cuenta del presidente Vladimir Putin.
La muerte se atribuyó a una trombosis, pero una andanada de artillería pesada de acusaciones contra Putin fue desatada por los gobiernos de los EUA y de sus satélites europeos. Además, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, requirió una investigación internacional independientes para dilucidar el caso.
La viuda de Navalny, Yulia Navalnaya, fue categórica, responsabilizando directamente al presidente ruso por la muerte de su marido y afirmando que la causa habría sido envenenamiento con Novichok, un agente de guerra química supuestamente usado en un intento anterior contra Navalny en 2020, imputación que fue, posteriormente desenmascarad,a ya que no pasó de una escenificación involucrando a los servicios de inteligencia de los EUA, Reino Unido y Alemania.
Curiosamente, ella participaba en la selecta Conferencia de Seguridad de Munich
Cuando recibió el aviso del deceso. A pesar de que la invitación había sido anticipadamente, su presencia en el evento, el cual reúne anualmente representantes de potencias globales para discutir los temas candentes de la geopolítica mundial, es indicativa del hecho de que Navalny, a pesar de ser rutinariamente calificado como el principal “líder de la oposición rusa”, era, en realidad, un agente de influencia extranjero cono vínculos notorios hacia los EUA y el Reino Unido.
En términos políticos, era absolutamente irrelevante en el escenario electoral, donde el partido que fundó, el extinto Rusia por el Futuro, nunca consiguió atraer al electorado. Su punto más alto se registró en la elección para la Prefectura de Moscú en 2023, en la cual conquistó 27.2% de los votos, quedando en segundo lugar. En el ámbito nacional, el partido ni siquiera logró superar el mínimo requerido del 7% de la votación para quedar registrado.
Su actividad más notoria fue en la ONG Fundación Anticorrupción (FBK, siglas en ruso)
Creada por él en 2011, tras regresar de una estancia de cuatro meses en EUA; ahí, asistió al programa de Socios Mundiales (World Fellows Program) del Centro de Liderazgo Internacional de la Universidad de Yale, donde aprendió las técnicas de guerra jurídica (“lawfare”) disfrazada de combate a la corrupción y estableció una red de convenientes contactos internacionales.
En sus diez años de actividades, el FBK realizó denuncias en serie contra empresas públicas y privadas, empresarios, políticos y altos funcionarios del gobierno ruso. Entre los principales patrocinadores de la ONG, destacan los empresarios Yevgeny Chichvarkin y Mikhail Khodorkovsky, de conocidos nexos con potencias occidentales, hoy exiliados en Londres. Otra de sus simpatizantes, la periodista Evgenia Albats, se exilió en los EUA en 2022. En 2019, la FBK fue clasificada por el gobierno ruso como “agencia extranjera” y restringieron bastante sus actividades. En 2021, fue considerada una organización extremista y obligada a cerrar.
En 2013, Navalny fue condenado a cinco años de prisión por corrupción en un proceso involucrando a la empresa forestal estatal Kirovles, pero quedó en libertad condicional. Al año siguiente, junto con su hermano Oleg fueron condenados por motivos semejantes en un proceso promovido por la filial rusa de la empresa francesa de cosméticos Yves Rocher, pero, de nuevo, quedó en libertad condicional.
En 2020, después del supuesto intento de envenenamiento, por el cual pasó un mes de tratamiento en Alemania, Navalny fue acusado de violación de su condicional y preso en una colonia penal. En 2022, recibió una sentencia adicional de nueve años por fraude y, al año siguiente, otra de 19 años, por fomentar, financiar y promover actividades extremistas. Se encontraba en la prisión de Yamalo-Nenets, al norte de Siberia, desde el pasado diciembre.
